El baño, más que una habitación
l Manuel Hidalgo publica el ensayo ‘El lugar de uno mismo’ . El baño como «lugar de uno mismo», que va mucho más allá de una habitación y que puede contener «la totalidad de una vida» es la base en la que el escritor y periodista Manuel Hidalgo ha basado un ensayo en el que explora las connotaciones sociológicas, culturales y personales de este espacio

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E l lugar de uno mismo , editado por Alianza, es el título de este libro, cuya semilla fue, recuerda el escritor en una entrevista con Efe, la película El anacoreta , protagonizada por Fernando Fernán Gómez, que vio por segunda vez hace algún tiempo.
En esa película, dirigida por Juan Estelrich en 1976, el personaje que interpreta Fernán Gómez lleva once años viviendo en el cuarto de baño de su casa, que ha convertido en un pequeño apartamento y donde permanece ajeno a presencias y relaciones indeseadas.
«Caí en la cuenta de lo que de niños a viejos hacemos o nos puede llegar a suceder en el cuarto de baño, más allá de las dos cosas que vienen a la mente de inmediato, como son hacer nuestras necesidades y asearnos», ha dicho Hidalgo (Pamplona, 1953), que es además guionista y crítico de cine.
Porque el cuarto de baño es, indica, «una habitación vetada para los demás cuando estamos dentro, en la que, debido a la educación y a las relaciones sociales admitidas, no podemos entrar si está ocupada y donde una puerta, a veces con cerrojo, la consagra como un lugar íntimo» y en la que el ocupante tiene la potestad de admitir a otra persona o no.
Una habitación sometida a una «tensión permanente», ya que permite el uso de un espacio y un tiempo que implica un poder transitorio para su ocupante, señala el escritor. El ensayo aborda el tratamiento del cuarto de baño en manifestaciones artísticas, pero sobre todo en el cine por su relativa modernidad. En el cine, el cuarto de baño es escenario «de todo» y donde incluso, en su exponente más «atrevido y liberal» y al entrar «a saco en la intimidad de este espacio», el espectador «ha aprendido cosas que no había visto ni vivido», dice Hidalgo, que habla también de su vertiente sexual.
Con este libro, el escritor ha querido hacer caer al lector en la cuenta de las otras muchas cosas que pueden suceder en el cuarto de baño, más allá de su carácter de habitación al servicio de las necesidades higiénicas, fisiológicas y de aseo. Así, este espacio puede ser «una pequeña enfermería donde nos enfrentamos a veces a la enfermedad, donde descubrimos sus síntomas en nuestro cuerpo, donde a veces los sufrimos y los controlamos».
Pero también tiene una vertiente de «pérdida radical» de vida, ya que según las estadísticas es la habitación donde más accidentes mortales se registran, por encima incluso de la cocina, y en la que suelen ocurrir los suicidios, además de cometerse asesinatos, algo que no solo pasa en las películas, advierte.
En un cuarto de baño nos descubrimos «vulnerables», porque, además de acoger la desnudez del cuerpo, suele ocurrir también la del alma, ya que es una habitación que escogemos como refugio para llorar en soledad, destaca el escritor y periodista.
También es un lugar de fuga, aunque sea de forma provisional, y elegido más usualmente como habitación para «desaparecer».
Dan los baños, además, mucha información de cómo son sus dueños, desde el gusto y nivel económico a las manías y aficiones, tal es la cantidad de cosas que pueden contener. En este sentido, el cuarto de baño es una «síntesis de la variedad de ofertas y posibilidades del hipermercado que es el mundo», pero del que todavía carece un tercio de la Humanidad, dice Hidalgo.