POESÍA
Puede que se cayese en mitad de la acera
ACCIDENTE Camino Román Accésit del premio Adonáis 2016, Rialp, Madrid, 2017. 64 páginas

L a próxima vez que pase por tu calle me va a pillar un coche»: a este verso se reduce el poema Accidente que da título al libro de Camino Román, leonesa de Veguellina de Órbigo, que consiguió con él un accésit en el último premio Adonáis. En este oficio de reseñador semanal de un libro de poemas, nada es más satisfactorio que la expectativa ante una voz nueva, de la que nada hemos sabido antes y que nos sorprende positivamente desde el comienzo. En Accidente todo es novedoso. Los asuntos corrientes acceden a la poesía. Dicho así, no parece gran cosa, y sin embargo lo es. No conozco en la poesía del presente una voz tan fresca y desenfadada como la de Camino Román, irónica, jovial, imaginativa, burlona, desinhibida y ocurrente. Es la sensación que me producen estos poemas que parecen dibujarse, a primera vista, sin orden ni concierto, como meras ocurrencias graciosas. La misma poeta sabe que así puede percibirse su escritura: «Descripciones banales salen en mis poemas / ordenadas frases o desordenadas solo eso / puedes escribirlo tú, si quieres». Pero cuando uno acaba de leer un poema adivina que hay algo más que ocurrencias y desorden y que, en todo caso, son versos que incitan a la lectura, sobre todo a aquellos que huyen de la poesía elevada y trascendente. En la de Camino Román cabe la frase coloquial, el enunciado trivial, el eslogan publicitario y las palabras de la calle. Cabe la vida, en suma, como cabe el regocijo y no solo la mirada brumosa de mucha poesía; cabe la vida insustancial que delinea el poema «Jueves, por ejemplo», pues daría lo mismo que fuera lunes u otro día cualquiera, reiterativo y fútil; caben la wikipedia y el google, los pubs y la coca-cola, la pizza y las muñecas Barbie.
Acaso el lector haya advertido que el recurso principal de la escritura de Camino Román es la ironía, algo no frecuente en la poesía. «Está bien tener dobles bonitos / por si te mueres», dice un poema. Otro, muy interesante al respecto, comienza: «Sale llorando en la foto del curriculum vitae y no recuerda la razón, puede que se cayera en mitad de la acera»; pero su aspecto llorón le gusta a los clientes de la empresa para la que la contratan como si fuera un mono al que le dicen: «¿Quieres cacahuetes?». Se trata de sacar punta a las cosas con gracia burlona. Tal vez percibamos, sonriendo, que la poeta nos habla, como aclara la solapa, de la incomunicación, el desamor y otras tachas de la vida actual.