POESÍA
Di mi palabra con mi alma al viento
POESÍAS COMPLETAS Ramón María del Valle-Inclán Visor, Madrid, 2017. 254 páginas

L a grandeza literaria de Valle-Inclán es incuestionable; pero de toda su obra, teatral, narrativa y poética, es esta última la menos atendida. Las historias de la literatura le dedican escasa atención, por más que aparezca en todas las antologías del modernismo. Se compone la obra lírica de Valle-Inclán de solo tres libros que agrupó bajo el título de Claves líricas y que generalmente ha sido leída en la edición de Austral desde 1946. Los tres libros son Aromas de leyenda (1907), El pasajero (1920) y La pipa de Kif (1919), que pueden leerse ahora en estas Poesías completas , que agregan a la trilogía treinta y seis poemas no publicados en libro.
La caracterización de cada poemario manifiesta la evolución valleinclanesca del modernismo al esperpento. Aromas de leyenda aúna la visión modernista con los mitos de la Galicia natal que exploró también en obras en prosa de halito lírico como Flor de sanidad . Ya en el primer poema aparecen las «lejanas memorias de la tierra lejana», las viejas consejas, los cuentos seculares y «la música de algún viejo cantar». Es la Galicia campesina la que poetiza Valle, la paz aldeana, la mañana limpia, el son de la campana, el balido del rebaño, plegarias, aromas de santidad...; en resumen, la pervivencia de las costumbres aldeanas ancestrales. No menos importante que la temática y la ambientación es la experimentación rítmica y el aprovechamiento de la sonoridad de la palabra, en lo que Valle-Inclán es un maestro, sea en composiciones de versos largos o sea en los versos menores como este prodigio: «Tañía una campana / en el azul cristal / de la paz aldeana. / Oración campesina / que temblaba en la azul / santidad matutina».
El pasajero se impregna de elementos mágicos, ocultistas y astrológicos, en consonancia con las ideas teosóficas y esotéricas que expresó en La lámpara maravillosa , el peculiar tratado estético de don Ramón, que se entrega ahora a los secretos siderales, las rosas astrales y los versos pitagóricos, al enigma y el arcano, lo cabalístico y el karma, sin que falte, en los momentos más personales, el sentimiento temporal y de la muerte.
En La pipa de Kif , por fin, predominan los elementos grotescos que dieron cauce al esperpento. Esta literatura de carnaval se llena de cabriolas verbales y de tipos chulescos, de curdas, de jaques y peponas, de gañanes y mozas de mesón, ofreciendo una visión circense, irrisoria y rebajada del mundo sin abdicar del derroche rítmico.