Diario de León

el territorio del nómada |

Amarga congoja

HASTA SU RESCATE RECIENTE, PEDRO GARFIAS (1901-1967) FUE UNO DE LOS POETAS DEL VEINTISIETE EXTRAVIADOS EN EL EXILIO. NI SIQUIERA EL ÉXITO MASIVO DE SU POEMA ‘ASTURIAS’, CANTADO POR VÍCTOR MANUEL EN LOS SETENTA, CONSIGUIÓ SACARLO DEL POZO DEL OLVIDO. divergente

Busto del escritor Pedro Garfias Zurita en Ciudad de México

Busto del escritor Pedro Garfias Zurita en Ciudad de México

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

Creado:

Actualizado:

U na vida desordenada y finalmente tumultuosa, a causa del alcohol, tampoco ayudó a mantener viva la llama de sus versos. Ya le había ocurrido antes otras veces en una existencia trasteada de quebrantos. El poema que dedicó a Durruti, en el libro Poesías de la guerra civil española , distinguido con el Premio Nacional de 1938 por un jurado integrado por Antonio Machado, Tomás Navarro Tomás y Enrique Díez Canedo, cuajó como himno bélico: «Pero tú has sabido hacerte / querer, respetar, oír,/ y seguir/ con tu vida y con tu muerte». Porque contiene la alabanza a su comportamiento en el trabajo, en la trinchera y en la política. Elogio mucho más valioso por venir de un poeta comunista, radicalmente enfrentado al anarquista leonés. Aunque ya entonces con la costura de una grave decepción, después de ser destituido como comisario del batallón Villafranca destinado en el frente Sur. Parece que entonces arranca su refugio y busca de alojamiento en la bebida, que acabará con su vida en el hospital universitario de Monterrey, después de malbaratar ayudas y auxilios sucesivos de amigos como Rejano o Giner de los Ríos.

Nacido en Salamanca, donde su padre gestionaba el cobro de los impuestos municipales, después de un par de años la familia se traslada a Andalucía, donde el padre consigue el mismo empleo en Osuna. Allí pierde a la madre con nueve años y su padre se casa con Juana Hueso, cuya presencia en casa provoca el rechazo del niño. Su hermano recuerda los enfrentamientos diarios que llevan al ingreso en los jesuitas de Cabra para estudiar el bachillerato. Allí coincide con Juan Rejano, el poeta que tanto le ayudará en los años del exilio mejicano. Después de cursar el preuniversitario en Sevilla, en 1918 marcha a estudiar Derecho en Madrid, donde se sumerge en el torbellino de las vanguardias junto a su compañero de pensión Eugenio Montes y dedica el tiempo a vagabundear por cafés y tertulias. Participa en la fiesta del Ultraísmo celebrada en el Ateneo de Sevilla y en la redacción del poema automático enviado por Borges al dadaísta Tzara. Gerardo Diego le dedica un poema de Imagen y Ramón incluye su semblanza en La sagrada cripta de Pombo . Pero la ruptura de Garfias con Cansinos Asséns, «escritor viejo y amanerado», lo desvía en 1921 hacia la Residencia de Estudiantes, donde conoce a Buñuel, a Lorca y a Moreno Villa. En 1922 funda la revista Horizonte , «un arco iris tras el aguacero ultraísta», según Alberti, que acoge versos de tres generaciones, desde el modernismo al 27, pero un año más tarde abandona Madrid y retorna a Osuna para incorporarse a la gestión de tributos que lleva su padre, aliñada con el cortejo a las muchachas del pueblo. En 1926 ve la luz en Sevilla su libro poético El ala del Sur , costeado por el padre, y en 1929 se casa con Margarita Fernández Repiso, hija de un terrateniente. Después de un año como administrador de tributos municipales en La Carolina, su informalidad en el desempeño conlleva la pérdida del cargo, volviendo a colaborar con su padre en Écija. Allí sigue hasta marzo de 1934, en que su padre le sufraga el establecimiento en Madrid, donde inicia su colaboración con el Heraldo .

El mejor libro del exilio

El impacto de la guerra civil lo devuelve a la poesía, después de un paréntesis de diez años en silencio, con versos muy alejados ya de las veleidades ultraístas, que recoge en Héroes del Sur , escrito en Pozoblanco, y Poesías de la guerra , ambos de 1938. Desde el verano de 1937, Garfias ya estaba en Valencia, una vez destituido del batallón Villafranca. Su apagón poético durante una década explica la ausencia en las antologías de Diego y Onís. El camino del exilio lo lleva a un pueblecito inglés que da título al mejor de sus libros: Primavera en Eaton Hastings (1941), que ve la luz al llegar a Méjico, de tono doliente y elegíaco. Dámaso Alonso lo calificaría como «el mejor libro escrito en el destierro español». Un canto conmovedor que expresa la más depurada melancolía. De su estancia en Inglaterra cuenta Neruda en sus memorias cómo Garfias se refugiaba en una taberna, donde entabló amistad con un bebedor inglés, y cada cual en su idioma intercambiaban sus cuitas hasta altas horas de la madrugada.

Los dos primeros años en el exilio mejicano Pedro y Margarita sobrevivieron con el dinero recibido de la herencia de ella en España. En 1942 se trasladan a Monterrey y Garfias trabaja como profesor y secretario de Acción Social en la universidad. El empleo le dura cuatro años, hasta que lo malogra con sus deserciones mensuales para dar conferencias por el país: primero con permiso y luego con retornos cada vez más extraviados.

A partir de entonces, Garfias lleva una vida errabunda por distintos lugares de Méjico, estragada por el alcohol. Bebiendo sin control, jugando al dominó (que le daba algún dinero), y recitando sus versos. En Méjico publicó Elegía a la presa de Dniesprostroi (1943; de aliento a la resistencia soviética a los nazis), De soledad y otros poemas (1948) y Río de aguas amargas (1953). Entre 1953 y 1967, sobrevive enfermo y arrumbado, sin dar recitales (porque ya no articula correctamente) ni escribir.

Su mantenimiento lo organizó Rejano a través de la sociedad Amigos de Pedro Garfias, que pasaba recibos a domicilio para asistir al poeta en los sanatorios. Mientras, su mujer sobrevivía como «aviadora del gobierno», empleada en la radio y televisión: en nómina sólo para cobrar.

tracking