Diario de León

poesía

Te imagino cruzando la puerta de casa

actos impuros Ángelo Néstore Premio Hiperión de Poesía, Hiperión, Madrid, 2017. 62 pp.

Publicado por
josé enrique martínez
León

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E mpecé leyendo el primer verso y acabé leyendo el libro de un tirón. Hablo de Actos impuros, obra de un poeta joven nacido en Italia y malagueño de adopción. El libro me interesó de inmediato porque es una poesía diferente. Conviene afirmarlo. Quizá nunca se ha escrito en España tanta poesía como ahora. Quizá nunca tanta poesía intercambiable. Por eso, cuando se encuentra uno ante una voz nueva se anhela hacer partícipes a los lectores del placer de la revelación.

La primera pista de lectura la ofrece la cita que preside el libro, invertida sobre la página en consonancia con su contenido: «Quisiera morir cabeza abajo porque yo soy un invertido», proponiendo algo de mayor alcance, invertir la vida toda. No es Ángelo Néstore el primero que poetiza el tema homosexual, pero sí el que le da una orientación poco usual. El primer poema plantea el contraste entre lo que la madre desea y lo que desea el hijo?. Aquella le dice que se asemeja a su padre; este esconde el sexo entre las piernas para parecer una mujer. Como en buena parte de la poesía, la realidad contiende con el deseo. Este sigue soñando con los cuerpos atractivos; la realidad ya no se esconde, aunque aún haya que ofrecer resistencia: «Me dispongo a quemar los puentes / que suspenden todo lo que supe en masculino». La realidad es también la soledad que imagina en el poema titulado «De cuando me equivoqué de bar»: «Con cincuenta, con sesenta, / quién me llevará a casa, / quién guardará mis huesos bajo las sábanas».

El sujeto de la segunda parte del poemario se identifica con la mujer-madre y sueña con una hija: «Si mi madre supiera que su hijo quiere ser madre / cogería el primer vuelo para España», pero piensa que acabaría generosamente comprendiendo. De ahí, el poemario generaliza a la mujer-madre que vive soportando su vida y la de los otros, y que al igual que los pelícanos mueren ciegos por alimentar a sus hijos, la mujer es «una señora con un pescado entre los dientes». «Hija imaginada» es el título de la tercera parte; los poemas brotan como fruto del deseo, con la imagen del geranio en la ventana pasando sed, la sed que representa el anhelo de «todas las madres muertas de vida / como yo». Son poemas guiados gramaticalmente por los condicionales, sea la conjunción «si» («si pudiera») o el tiempo verbal («me arrancaría la piel para abrigarte»). Los Cantos a una cuna vacía de la parte última son expresión del deseo frustrado anterior.

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