Diario de León

El trance de la cuna a la tumba en Laciana

l Víctor del Reguero y Jesús Courel ponen al día la investigación antropológica del representante de la ILE. Filandó n Xeitu publica el libro ‘Nacimiento, matrimonio y muerte en Laciana’, un repaso a las antiguas costumbres del valle, una obra de investigación antropológica única y necesaria En octubre de 1888, los ojos de Juan Alvarado vieron por primera vez un valle y un pueblo, Villablino

Imágenes de algunas de las fotografías de la época que ilustran la nueva obra con la que Xeitu pone al día la hazaña de Juan Alvarado.

Imágenes de algunas de las fotografías de la época que ilustran la nueva obra con la que Xeitu pone al día la hazaña de Juan Alvarado.

Cristina Fanjul
León

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El Club Xeitu vuelve a recuperar la figura y la obra de Juan Alvarado, el recordado profesor de la Escuela de Sierra Pambley de Villablino. En esta ocasión, sacando a la luz sus notas a la encuesta que entre 1901 y 1902 emprendió el Ateneo de Madrid. Lo hace en el libro titulado Nacimiento, matrimonio y muerte en Laciana , que recientemente ha editado con la colaboración del Instituto Leonés de Cultura. La publicación se inicia con sendos textos de Víctor del Reguero y Jesús Álvarez Courel, quienes se han ocupado de la edición. En el primero se explican brevemente los pasos y el legado del profesor en el valle de Laciana, enmarcándolo en la acción social que emprendió desde su labor docente entre 1888 y 1914. Un texto que recupera al Alvarado más profundo, con su afán de mejora de la ganadería, su tarea para el desarrollo de las industrias lácteas o su impulso a toda suerte de iniciativas culturales y educativas, también el cultivo y divulgación de la cultura tradicional, dentro del ideario de la Institución Libre de Enseñanza. Del Reguero, autor de varios libros publicados en la última década sobre la figura de Alvarado, concluye su texto recordándole como «un hombre que encontró su lugar en el mundo en este paisaje de prados y brañas, consciente de la importancia de su papel en la mejora de una sociedad muy distinta a la actual».

En el segundo texto, Jesús Álvarez Courel, que entre otras publicaciones es autor del libro Nacimiento, matrimonio y muerte en León y su provincia (2009), explica cómo se desarrolló la elaboración de la encuesta del Ateneo de Madrid, pionera en el estudio de la antropología en España, gracias a la participación de colaboradores regionales y locales como, en el caso de Laciana, fue Juan Alvarado. Las respuestas de este «constituyen, por su claridad expositiva y por los valiosos datos aportados, un vigoroso mosaico de las costumbres de esta zona, pocos años antes de su gran transformación social, económica y cultural provocada por la minería».

En cuanto al propio trabajo original de Juan Alvarado, iluminado en esta edición por numerosas fotografías de época y documentos inéditos, se ofrecen todo tipo de curiosidades sobre las antiguas costumbres del valle como que el antojo más común de las embarazadas era comer nisos , como se denomina en la zona a las ciruelas, o que las partaliceras rociaban a los recién nacidos con vino blanco pulverizado con la boca. Otras curiosidades, como los nombres más típicos —Genuario, Griseldo, Elpidio, Ovidio o Garcilaso para ellos; Agripina, Olina, Elia, Enedina, Luscinda o Benilde para ellas—, comparten espacio con la Pascua de las Flores, que se celebraba el lunes de Pentecostés con una concurrida fiesta con baile en el que participaban los jóvenes en Villablino. Hay también curiosas y evocadoras explicaciones a cómo se iniciaban las relaciones amorosas en bailes y filandones, las bodas con las cantadoras con sus panderos o el reparto de la recha de manteca, las costumbres de la sociedad familiar sobre el cuidado del ganado o las tareas agrícolas, las cofradías de ánimas y los cultos y ritos de la muerte, fin de la vida…

En octubre de 1888, los ojos de Juan Alvarado vieron por primera vez un valle y un pueblo, Villablino, al que, aunque entonces no lo sabía, quedaría indisolublemente ligado unas pocas casas de teitu , las menos de pizarra, concentradas en los alrededores de la plaza que cruzaba la carretera, y una inmensa vega, imperfecto ajedrezado de prados y huertos, tierras de trigo y centeno, que surcaban presas y caminos de servidumbre y una línea interminable de muros de piedra. el joven, de veintitrés años, llegaba como solución temporal y con idea de permanecer un curso o dos como profesor de Comercio de la escuela Mercantil y agrícola fundada dos años atrás por Francisco Fernández-Blanco sierra y Pambley, un rico propietario, soltero, progresista y desencantado de la política, que había decidido dedicar su hacienda a sembrar escuelas en las regiones donde se extendían sus propiedades. Estimulado por Gumersindo de Azcárate, Cossío y Giner de los Ríos, el profesor comenzó a recopilar la riqueza cultural del territorio que pisaba, ayudado por varios amigos. Fruto de ello son no solo sus respuestas a la encuesta del Ateneo de Madrid que conforman el grueso de este libro, sino una obra sobre las costumbres y vida comunal del valle que, lamentablemente, parece haberse perdido. a buen seguro le influenció la lectura del Derecho consuetudinario y economía popular de la provincia de León , de Elías López Morán, obra publicada en 1900 y premiada por la real academia de Ciencias Morales y Políticas.

En una carta escrita cuando su marido estaba ya muerto, Luisa de la Vega (1863-1944), con la que se había casado en 1907 y profesora de la sección de niñas de la escuela de Sierra Pambley, explica algo sobre este proyecto de Alvarado, «un trabajo casi acabado» sobre el derecho consuetudinario: «los documentos que son la base de este trabajo fueron recogidos —hará unos 20 años— de las barreduras echadas a la calle cuando limpiaron la habitación que es hoy Correo y que era entonces escribanía. Estos papeles fueron tirados por inútiles y recogidos por Juan. también en este trabajo hay copias de escrituras que interesan pueblos de este valle…»

Solo uno de los trabajos que Juan Alvarado preparó vio la luz: la serie de cantares de boda que en 1901 y 1902 había enviado ya en varias entregas a Gumersindo de Azcárate, quien las hizo llegar a Rafael Salillas, presidente de la sección de Ciencias Morales y Políticas del Ateneo de Madrid. Sin embargo, no sería dado a la imprenta hasta 1919 cuando se publicó bajo el título de Colección de cantares de boda .

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