ALFONSO GARCÍA escritor

«La leyenda es más actual que ancestral»

Filandó n «Las leyendas son relatos vivos, y quien las transmite tiene facultad para poner en ellas algo de su parte» En una de ellas, un hombre extraño pone precio a la devolución de las sombras ajenas que había comprado

Recreación en Santiago de Peñalba, la famosa sirena de San Martín de Valdetuéjar, Alfonso García, y Pedro Mato

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e. gancedo
León

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P ronunciar el nombre de Alfonso García es decir cultura leonesa en voz muy alta: una persona que se mueve con la misma desenvoltura entre mineros y viejos pastores que entre premios Cervantes, alguien igualmente atento a las más recientes novedades editoriales y a los nombres de los autores descollantes del panorama nacional pero también a los mensajes profundos, telúricos, del Viejo Reino. Viajero impenitente, difusor incansable de la riqueza lingüística hispánica, voz libre e independiente, creador de este suplemento Filandón y colaborador del Diario, acaba de publicar León, tierra de leyendas con el sello Eolas. Aquí, el profesor, escritor y periodista reúne 27 extraordinarias historias escuchadas por todas las comarcas, desde el monje que cruzaba el Esla en su capa a la monja visionaria de Bembibre, del milagro de Onzonilla a la fundación mítica de La Bañeza. Y como sostiene que las leyendas son «otra forma de conocer la realidad», he aquí otra forma, sugestiva y sorprendente, de conocer León.

—Ya publicaste un libro, ‘Leyendas de León’, hace unos años. ¿Estamos ante una obra nueva, una revisión de aquella, incorporas algunos de esos textos?

—Sí. El tema de las leyendas siempre me ha interesado. Y aquella que podríamos llamar primera edición queda ahora corregida y aumentada, puesto que se añaden catorce nuevos relatos de notable arraigo popular en la mayoría de los casos, desconocidos en algunos otros, siempre con cierta tendencia a la recreación literaria. Creo, con José María Merino, que las leyendas son relatos vivos y que quien las transmite con propósito narrativo, sea de forma oral o sea por escrito, tiene facultad para poner en ellas algo de su parte, siempre que no las desfigure ni traicione. En caso de haberla, ha de ser una literaturización respetuosa, porque no otra cosa pretende más que el acercamiento a nuestros días del conocimiento y lectura de la tradición oral para que se conozca y no se pierda. Cambia también el título, más de acuerdo ahora con la motivación inicial de la idea: León, tierra de leyendas quiere incidir en el territorio, en el escenario y su carácter legendario, en su riqueza. León es tierra de leyendas y mitología. Esta fue la razón de esta nueva edición. Y Héctor Escobar, de Eolas Ediciones, fue el impulso que despertó el proyecto tal como se presenta ahora.

—Resúmenos algunas de las leyendas más sorprendentes de cuantas incluyes en el libro, algunas de tus favoritas...

—La verdad es que si hubiese de buscar favoritas, me quedaría con aquellas en las que late el amor como fondo, aunque con diversas intenciones subyacentes, como el sentido de culpa, la recompensa y el castigo o la solidaridad, tan contrapuestos, aunque en no pocos casos su final feliz triunfa como defensa de algunos ideales. Incluyo dos que, en esta línea, me resultan especialmente queridas: la búsqueda del amor durante la guerra de Cuba de un personaje, La damita de Cerulleda , que acabó malviviendo lejos de su tierra con lo que había aprendido en ella, y que se hizo conocida en La Habana entre otros callejeros famosos como el Caballero de París, Bigote de Gato, La Marquesa… En esta línea cercana a la que hoy conocemos como leyenda urbana, aunque de profundas raíces en el tiempo, la muy desconocida e inquietante El vendedor de sombras , en que un hombre extraño puso precio a la devolución de sombras ajenas que había comprado.

—¿Qué nos dicen las leyendas, qué tipo de mensajes nos transmiten? ¿Por qué surgen en la mente del pueblo, a tu juicio?

—La leyenda suele tener origen en un hecho histórico, enriquecido por numerosos hechos fantásticos. De ahí que tenga, en buena parte al menos, un tiempo histórico teóricamente determinado, un escenario concreto y nombres propios que pudieron existir. Ahí está la diferencia con el mito, que se planteó como algo cierto ocurrido en el pasado, refiriéndose a una fuerza creadora, y que, con una estructura circular, transcurre en un tiempo a-histórico, extra-temporal. Son explicaciones no acabadas del todo. Las leyendas son una gran parte de ese todo, otra forma, sui generis , de conocer la realidad. A pesar de su aparente irracionalidad, late un cierto poso de realidad objetiva. Ambos, en cualquier caso, pretenden una explicación legítima que en muchos casos satisfacía, y aún satisface, qué curioso, las inquietudes y curiosidades del pueblo. Creo que hay que subrayar su carácter pedagógico, asentado en la pedagogía dominante en el momento. Teniendo en cuenta que durante siglos el pueblo fue esencialmente iletrado, la leyenda llevaba implícita con frecuencia una enseñanza, una explicación, una intención moral o doctrinal. Lo mismo que las vidrieras de una catedral, donde se explica, pongamos por caso, la historia de la Salvación, que mediante imágenes era conocida por el pueblo. La oralidad y la imagen, entendida esta conforme a ese criterio, fueron parte esencial de la cultura del pueblo durante siglos.

—¿Qué caracteriza, principalmente, a las leyendas leonesas más antiguas, de qué obsesiones nos hablan?

—Las leyendas tienen un fundamento medieval muy importante. El contexto es esencialmente religioso y, como consecuencia, nuestras leyendas tienen lo religioso como eje central, aunque no exclusivo, puesto que hay corrientes subterráneas de pensamiento heterodoxo. Esencialmente hay una valoración profunda de la religiosidad y del respeto a la tradición. La sacralidad, en definitiva, a través de la milagrería, el agua con cierta perspectiva bíblica, el santoral, la ejemplaridad de vida conforme a esas coordenadas… Con el paso del tiempo, y frecuentemente de forma circunstancial (la presencia del Camino de Santiago es uno de los ejes vertebradores de la legendaria del territorio), las guerras de la Independencia y de Cuba, la brujería (curiosa Las brujas bebedoras de Quintanilla ) y la presencia «profana», más tarde, de personajes y circunstancias que poco o nada tienen que ver con aquellos planteamientos iniciales.

—¿Crees que debería León prestar más atención a su mitología? Tanto investigándola como difundiéndola, creando rutas, etcétera. En otros lugares lo hacen admirablemente.

—En León hay una oralidad de tal calibre que no solo la convierte en gran fuente de tradición, sino, y si se aprovecha, de presente, aunque es cierto que en los últimos tiempos ha habido un repunte de recuperación y valoración. Somos una de las zonas más ricas, en este sentido, del mundo hispánico, y perderlo sería perder una perspectiva del conjunto de nuestra cultura, una pérdida de patrimonio. Es justo reconocer la labor de la Diputación, ejemplar: romances, cuentos populares, cancioneros, y últimamente las Leyendas de tradición oral en la provincia de León , con que José Luis Puerto asienta con firmeza otro de los pilares de la riqueza de nuestra tradición oral, constituyen un corpus de notables proporciones. No olvidemos que quizá entre nosotros, entre otras razones por la despoblación rural y la desaparición de las prácticamente últimas generaciones vinculadas a su cultura, ya ha pasado el tiempo de recoger leyendas por vía oral. Faltan aspectos llamémoslos menores, caso de los duendes, por poner un ejemplo. Ahora es necesario, además de conocerla, aprovecharla. Me llama la atención lo que cada día se hace con más interés en otros países, con intensidad en los europeos. He llegado a la conclusión, después de muchos viajes por el mundo, de que la leyenda forma parte importante de la actualidad. Parece que esos monumentos maravillosos aparecidos por cualquier geografía si no tienen su leyenda, o en plural, están algo mermados. De ahí que, cada día más, cualquier explicación suele estar adornada con su propia leyenda, siempre enriquecedora. Parece que la gente lo necesita, y, sobre todo, lo disfruta. Y es que, curiosamente, la leyenda es más actual que ancestral, porque se renueva constantemente. Si es verdad que viajar es una forma de enriquecimiento, la creación de rutas sobre escritores, leyendas, etc., aportarían curiosidad y gozo: Castillos y leyendas , Monasterios y leyendas , Las leyendas leonesas del Camino , Las guerras con leyenda , La ruta de los duendes … Se conocería así nuestro territorio, con un amplio abanico de posibilidades (paisaje, arte, gastronomía…), y el hilo conductor de las leyendas como vertebrador de esos viajes.

—No olvidamos aquel proyecto tuyo de convertir el palacete neomudéjar de la calle Alcázar de Toledo en ‘Casa de los Escritores’. De nuestra pujanza creativa no cabe duda, pero ¿ha laminado la crisis muchos proyectos relacionados con aquella potencia editorial? ¿Qué podemos hacer para recuperarla?

—Es difícil. La crisis y la gestión han mermado aquella potencia, que podría haber sido, era, otro de nuestros fundamentos económicos (nunca ha habido una líneas clara e innovadora en este sentido), aunque hay una cierta luz de esperanza. Hay que esperar un tiempo. En el campo de la literatura infantil y juvenil —pena de aquella iniciativa de Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil, que nos hubiera puesto en el mapa en este sector— se avistan datos halagüeños. Incluso en la lectura en papel, según los expertos. Pero es necesario abrir nuevos mercados, hablar otro idioma, más universal en cuanto a negocio, como se advierte con mayor intensidad en la Feria del Libro de Guadalajara (México), la referencia más importante en nuestra lengua. No se puede olvidar que además formamos parte de una potente comunidad lingüística. Las autoridades han de entender también que el libro, como otros «productos», necesita apoyos. El porcentaje del PIB generado por el libro en España no es nada despreciable. Enlazando con la pregunta respecto al palacete (antes se había propuesto la Casa del Peregrino), no hubo respuesta. La clase dirigente parece no poner buena cara a los proyectos culturales. Y no saben lo que se pierden, incluso desde el punto de vista económico. Ejemplos de este tipo hay por todo el mundo para no acabar. En España puede ser Bilbao. Se me antoja difícil, aunque no imposible, retomar el proyecto, o uno de parecidas características, en aquel momento ambicioso y esperanzador. Eso sí, se han caído ya, como es lógico, ciertos compromisos importantes adquiridos como sustento inicial del mismo. Pero nunca es tarde. Siempre es gratificante, de cualquier forma, comprobar que, no sé por qué razones, sigue pujante la tradición literaria de esta tierra, uniendo con fortaleza los eslabones jóvenes –muchos e interesantes— de esa cadena.

—¿En qué otra aventura está embarcado ahora?

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—Siempre tengo carpetas abiertas que se van completando despacio y tranquilamente. Están activas. Sin prisas, sin pausas, sin inquietudes ni ambiciones. En abril o mayo aparece un nuevo libro, en este caso en la hermosa factoría de Gregorio Fernández Castañón, titulado Los límites de la memoria , una especie de buceo sentimental de algunos episodios de la infancia. Ahora me ocupo con atención especial de la recuperación de la apasionante historia de una mujer leonesa, cuyo novio fue fusilado en los primeros compases de la guerra civil. Emigrada a Cuba reclamada por un tío que tenía allí negocios, se casó con un encargado de una de sus tiendas. Casi recién casados, el triunfo de la Revolución supuso igualmente la muerte del marido, por no ser afecto, según ellos al menos, a los postulados revolucionarios. Dos amores, dos muertos de dictaduras de distinto signo. Cuántas historias quedan por contar… Lo que ocurre es que el tiempo es tan breve que todos acabamos siendo leyenda sobre la fugacidad de la vida.