Memorias (y palabras) de un ‘rapaz’
l Ignacio Redondo renueva andanzas . Filandó n TRas cuatro obras en torno al paisaje y al paisanaje cepedano, el autor fija ahora la mirada en sus años de infancia

El autor leonés Ignacio Redondo Castillo publica ‘Andanzas y nombranzas de un rapaz en la Cepeda’
E l objetivo de este libro es, sobre todo, mostrar a la gente nueva cómo se vivía cuando yo era un rapaz. Después, rendir agradecimiento a las personas que fueron mi referente. Y, por último, mostrar que cualquier empeño necesita trabajo y esfuerzo constante». Con ese horizonte en la mirada, Ignacio Redondo Castillo ha publicado Andanzas y nombranzas de un rapaz en la Cepeda (ediciones del Lobo Sapiens), una obra que desvela al lector cómo era, hasta en sus más pequeños detalles, la vida en los pueblos cepedanos hace medio siglo. «Todo lo que escribo estaba metido en mi cabeza y me fue fácil pasar los recuerdos de la memoria al papel. Siempre he tenido muy buena memoria y lo que había contado oralmente muchas veces es exactamente lo que escribo», explicó el autor, natural de Sueros y un gran apasionado del paisaje, el paisanaje, el patrimonio natural y la lengua tradicional de su comarca.
Preguntado por si es él ese ‘rapaz’ que va recordando aquel mundo tan distinto de este, responde: «Naturalmente que soy yo, pero podría ser cualquier otro rapaz de esa zona. Como mi familia era muy humilde en lo material, tuve que agudizar el ingenio para lograr objetivos inmediatos y prepararme para otros que se iban sucediendo».
Especialmente interesante es el aporte y rescate de términos propios de este área tan rica en lo filológico, y que describe con enorme exactitud. Entre sus favoritos, escoge los siguientes: «La misma palabra nombranza , que en mi pueblo significa fechoría o trastada y forma parte del título. Otra sería amaturriarse , es decir, meter la cabeza en la sombra como las ovejas. También me gusta la palabra engarriar , que quiere decir trepar por un árbol. Delingar es mover un árbol enérgicamente para que caigan los frutos, aunque se emplea también para exagerar, por ejemplo, el hambre y así puede decirse: «Tengo un hambre que me delingo ».
«Este palabreiru , como diría un cepedano —expone—, es el resultado de otros trabajos anteriores en los que por curiosidad he procurado acordarme de las palabras que me sonaban raras, pero que las personas mayores las empleaban normalmente en Sueros». Y ante la cuestión de si estos términos están en grave riesgo de extinción, cree que sí. «Corren peligro de desaparecer y, de hecho, muchos ya se han perdido, sobre todo aquellos relacionados con la actividad agrícola».
En el prólogo, firmado por el filósofo y escritor Rogelio Blanco, ex director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, puede leerse que estamos «ante un libro poliédrico, cargado de riquezas a esgaya , antropológicas, psicosociales, etnográficas y lingüísticas, confesionales también». Y continúa: «Refleja una cultura, en parte perdida y en parte en uso, pero que debe ser recordada, importante valor memorial por el que el autor apuesta».