poesía
Más dolor del que cabe en la poesía
el lector de dostoyevski Ana Isabel Conejo Eolas, León, 2018. 96 pp

N o hace mucho publicábamos la reseña del poemario Te robo los recuerdos , de Julia Conejo. Su salida pública coincidió voluntariamente con la de El lector de Dostoyevski , de su hermana Ana Isabel, al que se refiere esta reseña y que en septiembre había editado otro excelente poemario, Concierto para violín y cuerpo roto, al que también prestamos atención en Filandón. El nuevo es, en palabras de la poeta, un tributo al novelista ruso, partiendo de su biografía y concluyendo con un diálogo imaginario entre sus personajes. Yo creo que un poemario así solo puede escribirse desde la pasión, desde el entusiasmo con que la poeta leyó a Dostoievski. Pero ¿quién puede leerlo de otra manera?
No fue una vida feliz la del novelista, ni en la infancia, con una madre enferma y un padre alcohólico, ni en la juventud en la que sufrió prisión y deportación en Siberia; después, vivió acosado por las deudas, la enfermedad, la pobreza y el vagabundeo por Europa. No es preciso conocer los datos biográfico de Dostoievski para leer los poemas de Ana Isabel, autónomos como cualquier obra de arte; pero tampoco estorban. La poeta crea la atmósfera apropiada, muy plástica, con paisajes de hielo y nieve, pero de gran belleza; en ellos se respira, además, humanidad: «Un hombre puede llevar dentro / una república de voces, / una ciudad de sueños y esperanzas / y un universo de desdichas». Hay poemas extraordinarios, como El exiliado : desilusiones, miseria, humillación, sueños inalcanzables, el horizonte de una vida que puede ser la de cualquiera, porque todos podemos advertir el frío de fuera y de dentro, la pobreza y los sueños, el orgullo frente a la ignominia, «el invisible reino de la imaginación» para superar las desdichas. En la segunda parte del poemario, titulada La conciencia del héroe , la voz la tiene Dostoievski: sus aprensiones y perplejidades, los abismos de la culpa, etc. «Encontrar al hombre en el hombre» es la finalidad; una indagación en la conciencia para conocerse, aunque concluye que «el héroe se conoce. Esa es su hazaña / esa es su valentía y su tragedia»; como Edipo. En la tercera sección, Diálogos del frío , intervienen para reconvenirse los personajes dostoievskianos de El idiota (el príncipe Myshkin, Nastasya Filippovna, etc.). Sin espacio para más, conviene destacar el fondo lector de la poeta, su potente imaginación y su vigor poético y verbal para escribir uno de los poemarios más valiosos del año en curso.