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EL VIERNES 22 SE CUMPLEN 80 AÑOS DE LA MUERTE EN EL EXILIO FRANCÉS DEL POETA ANTONIO MACHADO (1875-1939), UNO DE LOS PRIMEROS DE NUESTRA LENGUA, TANTO POR SU CAUDAL DE LECTORES COMO POR EL OLEAJE CRÍTICO QUE SU OBRA GENERA. divergente

Antonio Machado

Antonio Machado

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ERNESTO ESCAPA
León

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L a tradición familiar selló la raigambre liberal y el gusto por la cultura popular de su formación. A los ocho años del poeta, la familia se traslada a Madrid siguiendo el destino del abuelo, nombrado catedrático de la Universidad Central. Con su hermano Manuel, estudia en la Institución Libre de Enseñanza, cuya docencia europeísta, laica y liberal marcará su personalidad. Hasta que los infortunios los entreguen a la bohemia, de donde marchan a París a trabajar como traductores para Garnier. Allí conoce a Rubén, que bendice su poesía. De nuevo en Madrid, trabaja como meritorio en la compañía de María Guerrero y publica Soledades (1903), un primer libro que se inscribe en la corriente modernista.

Él mismo remansará en Soledades. Galerías. Otros poemas (1907) los temas esenciales de este período en versos de un lirismo melancólico que reflexiona sobre lo efímero y lo perenne, la memoria y el anhelo, la estancia lírica y el monótono discurrir. Lectores privilegiados, como Juan Ramón o Cernuda, consideran que es su mejor libro. En 1907 llega a Soria como catedrático de Francés del Instituto. El impacto del paisaje soriano y su vivencia de la España menoscabada son el origen de Campos de Castilla (1912), cuyo éxito palió el derrumbe emocional y la abatida soledad en que lo instaló la muerte de Leonor. Esta estancia soriana nos legó sus versos más hermosos, los poemas al Duero, la denuncia del cainismo, el canto a la ciudad fría y pura. En contacto con la España esencial, se imponen al poeta los grandes temas que articulan su obra: el paisaje, la preocupación por el ser y destino de España y el amor. La irrupción de Leonor ilumina su primera imagen de un paisaje adusto poblado por seres primitivos decididamente temibles.

En este escenario que funde pasado y presente el poeta deposita el iris de la esperanza y a él volverá en los pasos sucesivos con la nostalgia de una grave pérdida. Con Leonor cumple su deseo de volver a París, donde asiste a las clases de Filosofía de Bergson. Leonor se entretiene paseando con Francisca Sánchez y con su hermana María, cuyas vivencias tan parejas disparan la complicidad. Son de Navalsauz, un pueblecito de Ávila, y Paquita acompaña al poeta Rubén Darío. Pero aquel paraíso empieza a resquebrajarse en medio del jolgorio de la fiesta nacional francesa. Un vómito de sangre delata que Leonor padece tuberculosis. Ya en la ciudad del Duero, se vuelca en su cuidado, paseándola en una silla de ruedas. A los pocos días de publicarse Campos de Castilla, muere en sus brazos. El poeta huye de Soria, sacudido por el desgarro.

Su destino es Baeza, la Salamanca andaluza, donde pasará seis años amortiguando penas. Retoma las excursiones y ahonda en sus lecturas filosóficas. Empieza Filosofía y Letras, de cuyos cursos se examina por libre con colegas y amigos. Su tiempo libre se reparte en paseos y lecturas. Extrañado en aquel «poblacho moruno, donde acaba uno por devorarse a sí mismo», pide auxilio a Unamuno para el traslado a Salamanca. En 1917 publica la primera versión de Poesías completas , en la colección de la Residencia de Estudiantes dirigida por Juan Ramón. En Baeza inicia sus apuntes y reflexiones, que recoge en el cuaderno que tituló Los complementarios, de edición póstuma (1971). Aparecen en esbozo los primeros apócrifos, una serie de poetas y filósofos de su invención a los que atribuye bibliografía y algunos poemas. Esta vertiente machadiana, desdeñada durante años como simple juego, es la que ha ido adquiriendo mayor realce en las últimas décadas.

En 1919 consigue el traslado a Segovia, que ve como puerta de Madrid. En la ciudad del acueducto, lo cobija la complicidad de los amigos y vive el reencuentro con una nueva dimensión de Castilla, que cristaliza en su compromiso con los anhelos del país, primero a través de la Universidad Popular y después con la Agrupación al Servicio de la República. También reverdece su corazón al amor, con la irrupción inesperada de Guiomar. En Segovia se le apareció la poetisa Pilar de Valderrama, cuñada del escultor Victorio Macho, a la que Machado protegió con el velo de Guiomar, nombre tomado de la mujer de Jorge Manrique. Publica Nuevas Canciones (1924), donde reaparecen las evocadas tierras sorianas y brota la poesía sentenciosa de sus proverbios y cantares. El mismo año inicia su Cancionero apócrifo, que incorpora a las sucesivas ediciones de Poesías Completas. También las Canciones a Guiomar, que antes ven la luz en Revista de Occidente.

Su obra intensifica el tono aforístico y frecuenta las prosas, que culminarán en Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo (1936). Su último libro, ilustrado por su hermano José, lleva el título de La guerra (1937), una baraja de prosas testimoniales entreverada con versos de circunstancias. Al producirse el golpe militar de 1936, se adhiere a la causa republicana, cuyo destino seguirá hasta el final, muriendo en el exilio. Le acompañan su madre, que fallecerá tres días después, y su hermano José, luego exiliado en Chile con su otro hermano Joaquín. A Manuel lo sorprende la guerra en Burgos y esa circunstancia condiciona sus últimos años de vida y la recepción de su obra. Francisco, el hermano menor que viviera años decisivos en León, regresa de Francia a fines de 1939 para pasar por las horcas caudinas de la depuración antes de reintegrarse a su empleo como funcionario de prisiones. Hasta la muerte de Manuel, en 1947, vivirá adosado a su hermano. Francisco muere en Madrid tres años más tarde, después de haber tentado sin fortuna a las musas.

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