FRANCISCO SOSA WAGNER caTEDRÁTICO DE DERECHO PÚBLICO Y ESCRITOR
«La autonomía universitaria es un despropósito»
«La democracia está muy bien para elegir a los diputados, pero no para los profesores de departamento» «Hay profesores universitarios que tienen menos movilidad que el doncel de Sigüenza» «Los máster han reintroducido las diferencias de clase de manera cruel en la universidad» «No puede ser que un señor pueda nombrar a tanta gente como pago a los votos que ha recibido»

marciano pérez
A Francisco Sosa Wagner se le nota que no tiene que pagar peaje alguno. «Soy un privilegiado y creo que mi obligación es devolver algo de lo que he recibido a la sociedad». Catedrático de Derecho Público de la Universidad de León, acaba de publicar Novela ácida universitaria, que subtitula Aventuras, donaires y pendencias en los claustros , para no dejar duda alguna de lo que nos espera. El escritor dibuja un escenario dominado por las pequeñas corruptelas, la envidia, y el imperio de los mediocres en una obra, novela picaresca moderna la califica su autor, que destripa los muñecos que componen un universo lleno de bulderos, pretendidos ciegos, y lázaros con colmillos retorcidos.
—Todos los personajes de este libro son prescindibles ¿Es algo intencionado?
—Esta es una novela picaresca de la edad moderna en la que quiero mostrar las pautas de comportamiento de la universidad actual. de las que nadie habla. He querido mostrar cosas como la palabrería de la excelencia que es propia de la política y que se ha incorporado a la vida universitaria. El problema es que en la universidad tiene menos sentido. Es una crítica a cosas que pasan en la universidad y que nadie cuenta.
—Hace unos años escribió un ensayo sobre este mismo tema.
—Si. se llamaba El mito de la autonomía universitaria . Yo llevo en la universidad toda mi vida quitando los diez años que estuve en política. Durante treinta años he sido catedrático y puedo decir que en la universidad hay una serie de disfunciones que se han convertido en grotescas que es lo que pongo de manifiesto en la novela.
—¿Tienen paralelismo los personajes con la realidad?
—No, pero responden a caracteres de personas que conozco y que he conocido en mi vida universitaria, aquí en León y en otros sitios, Ponen de manifiesto estas cosas de como funciona, por ejemplo, la elección de rector, un enjuague que se hace cada cuatro años y que alguien tiene que decir. Nadie lo dice y todos hablamos que es parte de la democracia universitaria. La realidad es que eso ni es democracia ni es nada.
—¿Hay que buscar otro sistema?
—Por supuesto que hay que buscar otro sistema. No es mi función decir cuál pero hay que buscar otro modo de gobierno universitario. El hecho de que un señor pueda nombrar a tantísima gente como pago a los votos que ha recibido y que quiere volver a recibir, porque todos quieren ser reelegidos, por lo que sea, por dedicación o devoción por el servicio, genera una estructura absurda y ridícula que ha de combatirse.
—La novela también pone en evidencia la elección de los becarios, profesores y catedráticos.
—Exactamente igual. Se ha producido una degradación muy grande en ese terreno. Cuando yo digo que los candidatos a las cátedras están seleccionando a las personas que van a juzgarles no se puede creer pero es exactamente así y lo es por una degradación del sistema. El sistema está mal concebido pero además hay una degeneración de los mecanismos internos que al final lleva a esto.
—Se refiere en la novela a la democracia morbosa de la que hablaba Ortega y Gasset y que se ha adueñado de todo, no solo de la universidad.
—Sí, Es la democratitis que no sirve para nada.
—Y que ocurre en todos los ámbitos. En los hospitales, en las escuelas, en los partidos políticos...
—Sí. pero ¿qué dice un paciente? ¿Que venga el celador a ver qué le ocurre o que su problema se lo resuelva el médico?
—Es el signo de los tiempos.
—Hay disfunciones con el timo de la autonomía universitaria. Las universidades nacieron en una época en la que dependían de la Iglesia y por eso se crea la autonomía universitaria, para defenderse del arzobispo. Eso hoy no tiene sentido porque lo que tienes que garantizar en la universidad es la libertad de expresión, de cátedra, que están garantizadas, pero no una autonomía que conduce a meter, en una maleta de doble fondo, mucho material averiado. La autonomía es lo que ha llevado a despropósitos como el que hablábamos antes.
—También se ríe de la burocracia. En el libro hay un capítulo en el que el pobre Adalberto se enfrenta a la jefa de la subunidad de becarios...
—Eso son cosas que yo no he vivido personalmente, pero mi mujer, que es catedrática de Derecho, pues sí. La universidad tiene un sistema burocrático completamente agobiante. Y luego están todas las demás cosas que son excrecencias de la vida universitaria, como la deslealtad de los discípulos con los maestros, por ejemplo o el clima de relaciones muy poco grato. En la universidad nadie puede dar un paso si no tiene un tutor, sin protección.
—¿Hay muchos Adalbertos en la universidad?
—Claro. Son profesores sin atributos, desleales hacia sus mayores.
—¿Ha recibido alguna llamada desde la publicación de la novela?
—He intentado, a través de un rector amigo, enviársela al resto de rectores y me lo han desaconsejado.
—¿De verdad? Sin sentido del humor no se debería poder ser rector.
—Ni rector, ni regido.
—Se sirve de un curso para chinos para destapar el tema de la corrupción universitaria. ¿Recuerda al tema de los máster de los políticos o me lo parece a mi?
—Lo que habría que decir antes de nada es que eso de decir másteres es una paletada. Hay que decir maestrías, que es la manera correcta de referirse a estos cursos. El problema con ellos es que han reintroducido las diferencias de clase que la universidad pública española había contribuido a difuminar de una manera cruel. Hay señores que se tienen que conformar con pagar dos mil euros y otros que se puede permitir 30.000 y saber que de ahí tiene un puesto asegurado en la vida profesional.
—Y a eso hay que unir los de Yale por Aravaca.
—Sí, si. Una vez me encontré con una amiga que me dijo que era profesora de la universidad de Yale, que estaba en la calle Miguel Ángel de Madrid ¿pero qué me estás diciendo?
—Pero el problema es que nadie parece disentir.
—No, porque el profesorado lo ha aceptado de manera acrítica. Eso es lo que a mi me revuelve, que unas personas que tienen el privilegio de la cabeza y la libertad, que casi ningún profesional tiene, no critiquen nada. Hay corruptelas grandes, no corrupción, por las que hay que responder y que, sin embargo, se han asumida de manera acrítica. Eso no puede ser.
—Dibuja una universidad muy provinciana, que puede ser cualquiera y que debería ser todo lo contrario.
—La universidad es el reflejo de la sociedad, pero reproduce un microclima. Se vive en una burbuja. Cuando yo fui decano de la facultad quise sacarla del ensimismamiento e intenté que los profesores escribieran en los periódicos para colaborar con la sociedad. No hubo manera.
—Algo bueno habrá en la universidad
—Por supuesto. Muchísimas cosas.Hay centenares de profesores que son víctimas de todo esto, profesores que se dedican a la docencia y a la investigación, que saben, que estudian y que tienen conocimientos que no tiene normalmente la ciudadanía. Esa gente es víctima del sistema, del gobierno universitario.
—¿Con un distrito universitario único cambiarían las cosas? ¿Sería un revulsivo?
—Sería mucho mejor. Hay profesores universitarios que tienen menos movilidad que el doncel de Sigüenza. Erasmo decía que algunos frailes tienen la movilidad de la esponja. ¿Es posible que un profesor universitario no tenga movilidad? Al mismo tiempo que esto ocurre tienes que aguantar a los rectores, a los ministros y a los consejeros hablar de la excelencia universitaria y la competitividad. ¡Hombre, por Dios!, ¿Qué me está usted contando? Hoy en día, el tío que ha hecho la tesis doctoral aquí sólo puede prosperar en la universidad de León. No hay manera de que vaya a Santiago, y el de Santiago no puede ir a Málaga. Esa es la realidad. La autonomía se ha degradado y con ella, la universidad.
—¿Qué autonomía real tiene la universidad cuando sus fondos dependen no ya del Gobierno sino de la comunidad autónoma?
—Autonomía presupuestaria, ninguna. La matrícula no cubre nada. Todos los alumnos están becadas. Autonomía a efectos de la promoción del profesorado es completa, pero para mal. No hay manera humana de conseguir un profesor que venga de Sevilla.
—¿Esta situación se cambia con leyes o debe modificarse desde dentro?
—Con leyes, desde luego, no. Las leyes universitarias no sirven para nada porque lo primero que te dicen es que deben hacerlas con mucho consenso. Olvídese. Si usted tiene que poner de acuerdo a los catedráticos, a los funcionarios y a un sindicato estudiantil, olvídese porque eso no sirve para nada. La pregunta es ¿no hay nada que hacer? Si. Yo tengo confianza en el espacio europeo superior y en el intercambio mundial de investigadores y estudiosos. Eso es lo que puede acabar rompiendo las barreras que se han creado en algunos países.
—La globalización universitaria.
—Sí, El día en el que el estudiante no tenga la obligación de estar en una universidad determinada sino que pueda estudiar en Bolonia o en París o donde le de la gana a través de su ordenador pues se ha acabado el asunto.
—Esa brecha digital de la que tanto se habla también cambiará la universidad
—Yo confío en que la existencia de ese espacio de enseñanza superior, que es Bolonia, acabará rompiendo con este sistema de estructuras feudales.
—¿Y qué ocurrirá ese día con universidades como la de León?
—Pues que tendrá que espabilar. Yo desde que llegué aquí le he dicho a todos los rectores que esto de estar dando alpiste a todo el mundo es un disparate. Aquí tenéis que seleccionar dos o tres cosas capitales y echar todo el dinero para que el señor que está en Ohio diga: Yo me quiero ir a estudiar el gótico en España. Pues si usted quiere estudiar el gótico, no tenga la menor duda, vaya usted a la universidad de León. O si usted quiere estudiar bien las enfermedades de las vacas después del parto, vaya usted a la facultad de veterinaria de León.
—Pero así no ganas las elecciones
—No, pero es un error tremendo. Siempre se lo he dicho a todos. Hay que hacerse fuerte porque hay una inflación termenda de facultades y títulos muy absurdos. Lo que no entiendo es como el cuerpo docente no se rebela contra esto.
—¿Vale la democracia para la universidad?
—La democracia está muy bien para elegir a los diputados, pero no para elegir al director de un departamento porque ese señor va a dirigir la investigación, por lo que hay que buscar a la persona con más autoridad intelectual.
—¿Se ha manipulado el sentido de la palabra elite retorciendo y banalizando con ello la realidad y el papel que cada uno debe cumplir?
—La sociedad debe tener sus elites de estudiosos, de investigadores, deben ser las personas que abran nuevos horizontes, una responsabilidad que no todos tienen. Algunos, bastante hacen con lo que hacen. Es suficiente y debe ser apreciado por la sociedad, pero luego hay personas que deben abrir nuevas ventanas para la sociedad.
—Si, pero en España estamos un poco huérfanos en ese sentido
—Los profesores universitarios tenemos una responsabilidad porque hemos recibido mucho y tenemos que devolver algo. Esa devolución debe hacerse a través de un espíritu crítico. Esa función es muy importante.