Diario de León

poesía

Vuelves a habitar vida y poema

mala estrella Elena Pallarés Olifante, Zaragoza, 2019. 188 pp.

Publicado por
josé enrique martínez
León

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E l malentendido (2002), Ajuste de cuentas (2005), Ella guarda secretos (2006) son los poemarios anteriores de Elena Pallarés, que ahora ofrece, tras años de maceración, Mala estrella, título que remite a una letra de canción, pero también al leguaje común, que habla de tener buena o mala estrella. En la nota preliminar dice la poeta que su libro no es conjunto de poemas, sino «un único poema que relata la historia de amor y muerte vivida -todavía palpita- por una mujer mítica: Helena Santolaya». El lector puede consultar en internet su relevancia artística. «El yo poético del libro es la voz de ella, su grito», como suyo es el dolor y la historia de amor y muerte hasta «el encuentro final de los amantes merced al lenguaje». Como fragmentos de un poema único hay, pues, que entender el libro: piezas cortas y piezas relativamente extensas soldadas por una misma intensidad y consistencia.

Comienza el poemario con un amanecer de oscuros presentimientos; la muerte aparecerá después como «huésped para siempre de mi casa», y huésped también de la casa construida por la poesía para cantar una historia de amor y muerte que nos asalta en cada fragmento. A lo largo del tiempo la leyenda, la historia y la mitología han forjado historias memorables. Creo un gran acierto poetizar, como referencia, en extensos poemas, la historia de la Dolorosa en el Calvario, la de Venus y Adonis, y la de Orfeo y Eurídice en un luminoso poema. Con esas celebradas y llorosas ficciones de amor y muerte (que no se cuentan, pero son espejo de la reciente historia) se funde la que motivó el poemario. La nueva historia de amor y muerte se introduce así en un espacio mítico. No puedo sino recordar la Églog a tercera de Garcilaso, en la que su propia historia de amor o la de Nemoroso y Elisa, «antes de tiempo y casi en flor cortada», se colocan al nivel de las mitológicas, tan memorable como ellas. Elena Pallarés nos sitúa además en otros dos espacios de la tradición y la leyenda: el del toreo, en el que el planto de la viuda cobra enorme plasticidad dramática, y el del naufragio, con los trenos de la mujer que «mira el mar y espera».

Al final del poemario, con muchas otras inquietudes (el tiempo, el lenguaje, etc.). Domingo de Resurrección resulta un poema de amor y esperanza. La memoria y la palabra darán vida a aquel que ha motivado esta elegía que si se abrió con un amanecer, avanzó por el otoño simbólico del acabamiento: «Tú vuelves a habitar vida y poema».

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