El regreso de Reyes Calderón

Después de siete títulos compartiendo casos y aventuras, las relaciones entre la juez MacHor y el policía Juan Iturri experimentan un giro trascendental. Los crímenes del caviar, de Reyes Calderón, es una novela de extraordinaria complejidad por la cantidad de asuntos que trata (un complicado asunto criminal, una historia de amor, la descripción de un cogollo cerrado y privilegiado, las conspiraciones en el seno de la Iglesia, los sueños de aprovechar los avances de la ciencia por parte de una sociedad acomodada…) tiene un comienzo clásico: una llamada telefónica y el encargo de un caso endemoniado a un investigador. El investigador es el comandante de la Organización Internacional de Policía Criminal, comúnmente conocida como Interpol, Juan Iturri, coprotagonista de la serie de novelas protagonizadas por la juez Dolores MacHor. Como saben los seguidores de la serie, Iturri se ha instalado en Lyon fundamentalmente por alejarse de la juez MacHor, de la que está enamorado («la única mujer a la que he querido; a la que sigo queriendo», se confiesa en algún momento), con pocas esperanzas al estar ella casada. En un restaurante de lujo lionés, Iturri se entrevista con dos misteriosos personajes: un alto eclesiástico, monseñor Igor Zánel, y un potentado saudí, emparentado con la familia real de su país. El primero, de gélidos ojos, se muestra agresivo y demasiado mundano para ser cura; Iturri le cataloga como «un político, un tipo acostumbrado a negociar y no precisamente con Dios». Está en contra de la política del papa Francisco, al que define como un inepto y un blasfemo que ha pisado muchos callos y ha dividido a los purpurados. A Zánel, al que se irá conociendo a lo largo de la novela, se le puede encontrar en todos los saraos.