Diario de León

Juan Luis Puente: «Hay demonios geniales en la Catedral de León»

En su libro ‘Mensajes escondidos en la Catedral de León' demuestra la importancia de los detalles. Hay decenas de elementos que el ojo no percibe y él ha captado con su cámara

Verónica Viñas

Creado:

Actualizado:

Miles de ojos observan en la Catedral de León. Son los de las sibilas, demonios, sátiros y personajes agazapados en cornisas, capiteles, sepulcros, en el claustro o en el museo. Una «fauna» prácticamente imperceptible. Algunos de estos personajillos miden apenas diez centímetros. Juan Luis Puente ha tenido la paciencia de capturarlos con su cámara. El libro Mensajes escondidos en la Catedral de León. Claustro y Museo (Edilesa) enseña a mirar de otro modo y reúne en solo 96 páginas 230 fotografías.

—¿La esencia de la catedral está en los detalles?

—Lo que ocurre es que hay muchos detalles que pasan desapercibidos. Hay caras que miden unos centímetros y están en la portada principal. Si no te fijas, no te enteras. También he procurado sacar cosas que no eran conocidas, detalles que tienen mucha belleza en la Catedral. En los detalles está también la belleza. Mensajes escondidos es una guía más visual que literaria.

—¿Cuántas horas de contemplación son necesarias para ver detalles imperceptibles?

—Pues bastantes. He tenido que ir buscando los detalles. La mayoría de las fotos están hechas en la oscuridad para lograr sacar el contraste de detalles muy pequeños. Este es un libro muy fotográfico.

—¿Cuántas fotos ha hecho de la Catedral?

—No sé ahora mismo, pero en mi vida, a lo mejor, han sido 5.000 o 6.000. No lo sé. En el libro he metido 230 fotos en 96 páginas, que no está mal.

—¿Cuáles han sido las más difíciles?

—Las de las enjutas. Las pasas negras; es muy complicado hacer esas fotos. Hay que iluminarlas para que se vean bien. Poco a poco las hice.

—Ha buscado seres imaginarios, ¿cuál es el más curioso?

—Hay muchos seres imaginarios que están ahí desde la magna restauración del siglo XIX, cuando se seguían los criterios de Viollet-le-Duc y se hacían añadidos. Hay seres monstruosos y otros que son impresionantes.

—¿Algún personaje singular?

—Me quedo, sobre todo, con los rostros. He sacado en detalle los diablos del juicio final de la fachada. Pasan desapercibidos. Uno ve allí unas calderas, pero los detalles de los rostros son absolutamente increíbles, parecen sacados de películas de ciencia ficción o de cómics. También son impresionantes los rostros de los plañideros y plañideras del sepulcro de Martín el Zamorano.

—¿Cuántos mensajes hay escondidos en la Catedral?

—Muchos. Hay mil historias; el problema es que la mayoría de las claves para interpretar esos mensajes nosotros las hemos perdido.

—¿No sabemos interpretar los símbolos?

—No sabemos por qué hay determinada figura en tal sitio; o un hombre de tres caras... Es para hacer un nuevo libro y muchos libros.¿Por qué hay un ser grotesco en la sacristía? ¿Por qué lo pusieron ahí? ¿Qué significa? No tenemos ni idea. Todo son interpretaciones.

—¿Por qué hay tantas sibilas en la Catedral?

 —Me gusta mucho el asunto de las sibilas. Hay unas cuantas en el trascoro que ahora están restaurando y creo que van a quedar preciosas. Hay sibilas no identificadas, que algunos dicen que es la reina de Saba y otros que posiblemente sean sibilas.

—Hay personajes con miradas muy reveladoras, ¿no?

—Sí. Nicolás Frances era un genio y pintó personajes con miradas sibilinas o escrutadoras que también pasan desapercibidas. Por cierto, para hacer esas fotos, apagué la luz completamente y solamente iluminé los ojos. El Museo de la Catedral es una auténtica joya y mucha gente no lo visita y es una lástima.

—La muerte también planea mucho sobre el edificio...

—Mucho. He localizado muchas calaveras, muchos símbolos de la muerte. Uno de los más impresionantes, del que solo pongo la cabeza, es una momia esculpida en madera policromada, conocida como La muerte. También son increíbles los personajes labrados en el sepulcro de Juan Martínez de Grajal. Estuve fotografiándolo a media de la tarde, en noviembre. Iluminé los rostros y pasó un turista británico y dijo: ‘¡Qué maravilla!’.

—También hay una extensa galería de diablos, ¿tiene alguno favorito?

—Los diablos son geniales. Los del juicio final son fascinantes. Hay un cuadro de San Cipriano discutiendo con los diablos sobre las escrituras y hay un demonio con la cara verde que parece un alien.

—En contraposición, también abundan en la Catedral los símbolos que protegen contra el mal...

—Sí. Ahora se considera que muchas imágenes eróticas que hay en iglesias, sobre todo románicas, son de carácter apotropaico, es decir, que protegen contra el mal; como la medallita que llevábamos de pequeños. En el arte también hay muchos elementos artísticos que posiblemente sean apotropaicos.

—También se ha fijado en la colección de relojes...

—Hay una esfera de reloj mecánico del siglo XV que es excepcional. En el museo hay un reloj de sol que procede Sahagún y es la joya de España.

—¿Es difícil encontrar temas poco trillados sobre la Catedral o todavía hay material inédito?

—Como dije, si uno sabe mirar, puede encontrar lo que no esperaba. Por ejemplo, esas imágenes pequeñas, de diez centímetros. Si se miran los detalles, hay material para uno o dos libros.

—Ha seguido la pista a los maestros que dejaron su firma...

—Hay pocas firmas en la Catedral y muchas de ellas me temo que son de la restauración, aunque no estoy muy seguro; es difícil saberlo. Algunas marcas de canteros parece que están hechas ayer. Hay una que parece un jeroglífico egipcio que no he visto en ningún sitio; de ahí mis dudas. También están las firmas modernas en las vidrieras, como el caso de Bolinaga, o de antiguos vidrieros.

—¿Cuáles son las piezas más raras de la Catedral?

—Hay un amuleto salomónico, que está en depósito, y es algo realmente excepcional; por un lado, tiene unos símbolos raros, y por el otro, unas cuadrículas con unos signos también raros. No se sabe su origen. También hay un medallón con un león y una reina del que tampoco se sabe su procedencia y es muy extraño.

—¿Qué se ha encontrado y no esperaba cuando empezó el libro?

—En 2002 publiqué un libro que se titulaba casi igual, pero no incluía ni el claustro ni el museo, que es lo que he hecho ahora. El libro, en definitiva, se fija en detalles que pasan completamente desapercibidos para la mayoría de las personas; y el primer sorprendido he sido yo. Hay muchas cosas que no sabía que existían. Pero es normal, porque hay detalles en sitios que no hay manera de verlos, aunque también otros se pueden ver directamente y pasan desapercibidos. El ejemplo es la portada principal, donde hay maravillas.

tracking