Diario de León

El próximo año se cumple el centenario del nacimiento de la escritora leonesa Rodríguez Aldecoa

Cuando Josefina conoció a Greta Garbo

La escritora leonesa Josefina Rodríguez Aldecoa

La escritora leonesa Josefina Rodríguez Aldecoajesús f. salvadores

Verónica Viñas

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Conoció a Greta Garbo. Fue en Nueva York. Josefina había viajado a Manhattan con su marido, el escritor Ignacio Aldecoa, ambos becados. La escritora leonesa visitaba con frecuencia la perfumería de las hijas de Caballero Audaz, seudónimo del escritor de novelas populares José María Carretero, un gigantón de casi dos metros que, en su faceta de periodista, entrevistó a Hitler, Trotski, Pablo Iglesias, Valle-Inclán o Blasco Ibáñez, entre otros. La maestra leonesa tenía olfato para la gente interesante. No solo conoció a la estrella más rutilante de Hollywood, sino a los escritores más interesantes de su generación. Sus viajes al extranjero, a través del Instituto Británico de Madrid, le permitieron conocer otras realidades menos grises que la de su país. Visitó Londres y conoció a la escritora norteamericana Edith Russell, pareja de Bertrand Russell.

La Robla, ese rincón minero de León donde nació Josefina Rodríguez Álvarez en 1926, parece un punto de partida humilde para una escritora que se codeó con los grandes nombres de la literatura española de posguerra. Josefina, que adoptaría el apellido Aldecoa como un estandarte tras la muerte de su esposo, fue también una pedagoga visionaria, fundadora del Colegio Estilo en Madrid, y una mujer que cultivó relaciones profundas con intelectuales que marcaron el siglo XX. En sus libros En la distancia (2003) o Los niños de la guerra (1983) asoman esas conexiones que la convirtieron en un puente entre la periferia leonesa y el epicentro cultural madrileño.

Todo comienza en casa. Josefina creció bajo la influencia de su madre y su abuela, ambas maestras impregnadas del espíritu de la Institución Libre de Enseñanza. Esas mujeres, anónimas pero fundamentales, moldearon su vocación educativa, que más tarde cristalizaría en el Colegio Estilo, inaugurado en 1959 como un oasis progresista en plena dictadura franquista. «Mi infancia en León fue un aprendizaje constante», solía evocar en entrevistas, recordando cómo esas raíces rurales la prepararon para el salto a la capital.

El tío «rojo» de Rajoy

Allí, en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid a partir de 1944, conoció al que sería el gran amor de su vida: Ignacio Aldecoa (1925-1969), escritor clave de la Generación del 50. Se casaron en 1952 y compartieron no solo un hogar, sino colaboraciones en traducciones y publicaciones en revistas como Revista Española, una publicación minoritaria e independiente, auspiciada por Antonio Rodríguez Moñino, el «tío rojo» de Mariano Rajoy. La casa de los Aldecoa será la sede informal de los colaboradores de esta publicación.

Ignacio, con su prosa realista y social, inspiró a Josefina a adoptar su apellido tras su prematuro fallecimiento por un infarto. De esa unión nació Susana Aldecoa, su hija, inmortalizada en Cuento para Susana (1988), un testimonio tierno de maternidad y herencia literaria. «Ignacio era mi compañero en todo», escribió Josefina, subrayando cómo esa relación personal se convirtió en el eje de su obra memorialística.

Madrid en los años 40 y 50 era un hervidero de jóvenes intelectuales que desafiaban el gris franquismo con palabras. Josefina se integró en esa «pandilla» literaria, un grupo que definía la narrativa posbélica. Carmen Martín Gaite (1925-2000), amiga íntima desde la universidad, fue una de las más cercanas. Ambas compartían inquietudes feministas y educativas; de hecho, Martín Gaite influyó en la creación del Colegio Estilo, un espacio alternativo donde la literatura y la pedagogía se fundían. En el libro En la distancia Josefina la retrata como una confidente esencial, con quien debatía sobre el rol de la mujer en una sociedad opresiva.

Otros compañeros de facultad completan el cuadro: Rafael Sánchez Ferlosio (1927-2023), coeditor en Revista Española y amigo de tertulias interminables; Alfonso Sastre (1926-2012), dramaturgo con quien colaboraron en traducciones pioneras, como el primer cuento de Truman Capote en España; y el leonés Jesús Fernández Santos (1926-2012), otro pilar de la Generación del 50, con quien compartió visiones sobre la novela social. Estas amistades no eran casuales: eran un acto de resistencia cultural, donde León, a través de Josefina, se colaba en los debates madrileños.

El universo de Josefina se expandía hacia otras artes. Antonio Buero Vallejo (1912-2000), el gran dramaturgo, fue un amigo que le abrió puertas al teatro comprometido. Compartieron reflexiones sobre el arte en tiempos de censura, influyendo en el compromiso social que impregna obras como Historia de una maestra (1990). Luis García Berlanga (1921-2010), el cineasta irreverente, formaba parte de esa «pandilla» de los 50; sus conversaciones sobre educación y sociedad resonaban en el proyecto pedagógico de Josefina.

No faltan nombres como Luis Martín-Santos (1924-1964), psiquiatra y novelista, o el escritor e ingeniero Juan Benet (1927-1993), constructor de la presa de Vegamián que inundó el pueblo de Julio Llamazares, cuya prosa experimental influye en su narrativa rural. Y en la etapa tardía, Jorge Herralde, editor de Anagrama, quien, tras iniciales reticencias, publicó Historia de una maestra, catapultando su obra al gran público. Estas conexiones profesionales subrayan cómo Josefina, desde su discreción leonesa, se convirtió en una figura central.

Lucha por las mujeres

En 1962 fue detenida por manifestar ante la temida Dirección General de Seguridad —en cuyo edificio tiene hoy su sede la Comunidad de Madrid— en apoyo a las mujeres de los mineros detenidos y torturados.

En un tiempo en el que las mujeres escritoras eran minoría, sus amistades la empoderaron para dejar un legado educativo y literario.

Eustasio Rodríguez, un brillante economista que llegó a trabajar en el Banco Mundial en Washington, no tuvo éxito en su León natal. El proyecto para convertir su casa familiar de La Robla en un centro cultural dedicado a la memoria de su hermana, Josefina Rodríguez Aldecoa, cayó en el olvido, igual que su propuesta para crear en la Universidad de León una cátedra de literatura leonesa. Cuando propuso estas ideas, Eustasio era por entonces miembro de la junta de gobierno de la Brown University de Rhode Island, uno de los campus más prestigiosos de Estados Unidos. Su plan pretendía «explotar» que «León tiene la pléyade de escritores contemporáneos más grande de España».

La casa de La Robla, la de los felices veranos, marcaría para siempre a Josefina. Después del fallecimiento de las tías Florentina y María, la casa la heredan, pro indiviso, cinco familias, todas descendientes del abuelo Eustasio. En 2010, el inmueble sale a subasta y el hermano de Aldecoa lo compra, fundamentalmente, por razones sentimentales.

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