Memoria minera y verdad de novela
Entre el polvo del carbón y la memoria de una tierra forjada bajo tierra, Francisco Cerezal rescata en ‘Hombres de una raza especial’ la historia de un minero que encarna la dureza, el sacrificio y la dignidad de toda una generación. La novela, que mezcla realidad y ficción con la emoción del testimonio vivido, marca además el regreso público del autor leonés bajo su propio nombre, tras años oculto tras el seudónimo de Piorno Kirchenfeld

La mina, el polvo del carbón, los hombres que descienden cada día al subsuelo y el eco de una España que aún cicatriza heridas del pasado se entrelazan en Hombres de una raza especial, la novela más reciente de Francisco Cerezal.
La obra supone también el regreso público del autor bajo su propio nombre, tras años escribiendo bajo el seudónimo de Piorno Kirchenfeld, una identidad que —como él mismo admite— nació del deseo de mantener el anonimato y acabó siendo una curiosa traducción germánica de su propio apellido: «Kirchenfeld significa campo de cerezos, igual que Cerezal», explica el escritor.
Tras publicar desde hace años sus relatos en la revista El Mixto y en varios foros internautas, así como en su propio blog (El blog de Piorno-Kirschefeld), en el año 2008 vio la luz su primer libro Héroes de la Oscuridad y el Silencio, con prólogo del conocido locutor berciano Luis del Olmo. En ese libro narra con maestría la intrahistoria de la minería en el Valle de Laciana.
A ese libro le siguieron otros, entre los que cabe destacar La Senda de Aquella Mina o Días de Nieve. En estos libros el autor ha querido contar la tétrica historia muchas veces vivida, y pocas contada, en las cuencas mineras.
La historia de este libro tiene un doble trasfondo: por un lado, el viaje literario de un autor que «sale del armario literario», como bromea él mismo; por otro, un homenaje a una generación de hombres que vivieron y murieron en torno a la mina. Cerezal, nacido en Villager de Laciana y descendiente de familia minera, construye una narración que oscila entre la realidad y la ficción, pero que hunde sus raíces en la memoria colectiva de su tierra. «El 99% de los hechos son reales —reconoce—, aunque no están contados como lo haría un historiador, sino novelados».
El protagonista de Hombres de una raza especial nace en 1921 en el mismo pueblo que el autor y vive una vida de supervivencia y cambio, desde los pozos de carbón de León hasta los puertos del País Vasco, pasando por la España de la posguerra y los años oscuros del terrorismo de ETA. Cerezal confiesa que conoció al hombre real que inspiró la historia «paseando por los montes de Madrid», y que fue su relato lo que encendió la chispa de la novela: «Me fascinó su historia. Pensé que merecía ser contada no solo como un testimonio de época, sino también como un homenaje a la resiliencia de los hombres y mujeres de aquella generación».
El libro, que arranca con un relato puramente real basado en testimonios directos, aborda temas históricos con la autenticidad de quien ha escuchado estas vivencias de primera mano. «La parte que trata sobre las minas y los problemas de la época de la Guerra Civil es completamente real», explica. Sin embargo, la narrativa también incluye elementos ficticios para enriquecer los hechos reales. «Los acontecimientos ocurrieron, pero los relato desde una perspectiva literaria, no con el rigor de un historiador», ha señalado.
Nadie mejor que el autor para describir al protagonista de su obra, José Mendiluce: «Un hombre que había consagrado su vida a la familia y al trabajo; un hombre que se había distinguido por ayudar a quien lo necesitaba; un hombre que, en su juventud, sufrió las consecuencias de una guerra tan injusta como fratricida y que, en épocas posteriores sufrió en propia carne el zarpazo de un terrorismo salvaje y sin entrañas; un hombre que, habiendo nacido en el seno de una familia minera, muy humilde, y que a base de esfuerzo y sacrificio había llegado a crear una importante industria, había muerto en la más triste de las soledades. Un hombre que, al exhalar su último suspiro, no había tenido a su lado alguien querido quien, con cariño, hubiera estrechado su mano. Un gran hombre que se había ido de este mundo sin más recordatorio que dos frías líneas en las páginas necrológicas de un periódico. Con la muerte de José Mendiluce se había extinguido el último vestigio de una raza de hombres especiales».
Sin embargo, el libro no es solo una crónica minera o un retrato de época. Es también un exorcismo personal. «Quizá he aprovechado esta novela para expresar algo que nunca he querido contar», admite el autor. La línea entre su biografía y la del protagonista es difusa: ambos comparten raíces mineras, experiencias en el transporte marítimo y una vida marcada por el movimiento y la memoria.
Cerezal recuerda su infancia entre el polvo del carbón y los trenes cargados de mineral: «Abría poco las ventanas porque el polvo del cargue entraba en casa. Mis héroes no eran futbolistas ni personajes de tebeo; eran los mineros, y muy especialmente mi padre, que murió de silicosis». Esa pérdida, tan común en la cuenca leonesa, late en cada página de la novela, que convierte el sacrificio de una generación en materia literaria.
Durante la presentación en León, el autor estuvo arropado por familiares y amigos, entre ellos Manuel Quijano y el profesor Armando Castro, de la Universidad de León, mientras que en Laciana contó con la participación de Víctor del Reguero, uno de los historiadores que más y con mayor profundidad conoce el mundo de la minería.
Hombres de una raza especial es, en definitiva, una obra que combina memoria, historia y emoción. Una novela donde el carbón no solo mancha las manos, sino que impregna la vida entera de quienes lo extrajeron. Como el propio Cerezal dice «En España ha habido muchos Mendiluces, hombres que han pasado desapercibidos como una maleta cerrada, sin que nadie se molestara en contar su historia». Este libro, con voz minera y corazón humano, lo hace por ellos».