Diario de León

Toño Benavides: 'Cancionero y Romancero de Ausencias', de Miguel Hernández

Toño Benavides, esta semana en Elektra, con un ejemplar de ‘Cancionero y Romancero de Ausencias’ (Los versos de Cordelia. Reino de Cordelia).

Toño Benavides, esta semana en Elektra, con un ejemplar de ‘Cancionero y Romancero de Ausencias’ (Los versos de Cordelia. Reino de Cordelia). VIRGINIA MORÁN

Pacho Rodríguez
León

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En el Reino de Cordelia caben tantos monarcas que los hay hasta republicanos. Y reinan, pero sí gobiernan. Y es uno de esos lugares a los que la civilización no tuvo que llegar porque ya estaba, como decía el microrrelato escondido. Los versos del ayer que escribió Miguel Hernández en 1942 son ilustraciones (también se puede decir dibujos) de hoy creadas por Toño Benavides. ¿Cómo pueder ser que alguien establezca una conexión así? Cosas que pasan en Reino de Cordelia también cuando se pasa a Los Versos de Cordelia y aparece un libro que nada más ponerlo en las estantería uno se da cuenta de que es una joya que no necesita caja fuerte. Es Cancionero y Romancero de Ausencias, de Miguel Hernández, con ilustraciones de Toño Benavides y edición de Luis Alberto de Cuenca. Si esta publicación es una suma total en el conjunto de las ediciones del poemario, en este caso De Cuenca ha fijado esta obra fundamental de la poesía española junto a las ilustraciones del dibujante leonés cotejando la primera edición con las últimas. A veces la cultura es un regalo que acierta.

Toño Benavides, ilustrador, dibujante, poeta, es, esto sin catalogar en su biografía, un traductor de sentimientos. Sobrevolando este libro no es que guíe al lector o espectador hacia lo que quería decir el poeta. En este caso un tal Hernández, Miguel, a todo esto. Tan visitado y revisitado que cuando se le pregunta que, si pasa el tiempo y se sigue leyendo a Shakespeare, Cervantes, a Machado, a Dylan Thomas, oyendo a Bach, y mirando a Goya, y también a Miguel Hernández, no será que la eternidad era esto, aquí sí que le da un giro realista: «Miguel Hernández sigue vigente porque el fascismo, tanto fascismo, está aquí ahora. Otra vez». No es el tema del libro ni la intención de la edición, ni del autor, y diría que ni la del autor muerto, el salir al paso del instante, pero sirve para definir que Toño Benavides, leonés de 1961, es un tipo actual, con la suerte que tienen muchos colegas de haberse atrincherado en lo atemporal, él juega a las dos bandas por puro compromiso. Toño Benavides, en veinte minutos, que casi no se le han ido las burbujas del agua con gas que se está tomando una mañana en León, es esto o parecido a esto, y a otro, pero siempre él mismo. Yo diría: aquí, con Toño Benavides. El hombre que lo hace todo bien. Dibuja, escribe, seduce. Cuando consigue lo de que una imagen vale más que mil palabras, publica un poemario y se lleva un premio. Lo hizo. Quiere esto decir que le interesa lo que pasa, se habla o se escribe. Con Benavides no hay que quedarse en la obra de arte, que le sobran, sino también con el arte de obrar.

Hace un tiempo que Toño Benavides dejó Madrid y vive en León, su lugar de origen. No estar en la capital, donde ha desarrollado casi toda su carrera, no le ha privado de temáticas sino que aumentan en esta ida y vuelta. De hecho aún resuena su trabajo sobre Mitología Leonesa, que convertida en exposición fue uno de los éxitos de la temporada del Instituto Leonés de Cultura. Y érase entonces aquí una vez un dibujante que hablaba: «Ahí tuve la oportunidad de tratar un tema que apenas existía, cuentos e historias que no se habían representado», señala. Y sirve de prueba de su capacidad para detectar temas y darle forma. Porque de un gran salto de esa mitología se puede llegar a este Cancionero y Romancero de Ausencias, de Miguel Hernández. «No he sido especialmente un consumidor de poesía. Tengo mis preferencias pero soy bastante exigente. Si un libro no me convence a las primeras, a la piscina, como decía Umbral», avanza. Y añade: Pero me pasa con todo. Yo vengo aquí a Elektra y me pongo a mirar cómics y me tienen que convencer. No me siento obligado a leerlos", remata. ¿Qué le pasaría en este caso, salvo lo evidente, con Miguel Hernández? «Este es un poemario que desde el punto de vista técnico y de expresión literaria es menos ambicioso que sus libros anteriores. En El rayo que no cesa, por ejemplo, él aspiraba a hacer una poesía compleja, ambiciosa. Aquí demuestra que es mejor poeta porque no está pendiente de demostrar todo lo que sabe. Hay más verdad que otra cosa. Y la poesía es eso. Tiene la suficiente capacidad de equilibar y expresarse para no caer en vulgaridades sino en expresar lo que siente. Y lo que siente es terrible».

Al otro lado del libro, que no en contra: las ilustraciones de Toño Benavides, convertidas en creaciones en donde el simbolismo, enigma y belleza, junto al respeto por la obra de Hernández, se conjugan en una edición de época en donde el estilo se mantiene al servicio de la obra total. Benavides, entre tanto, mantiene su estilo. «El estilo dibujando es complicado. Porque cuando se llega a tener un estilo muy limpio, depurado, te enfrentas a la necesidad de romperlo, o de hacer otras cosas, ensayar un salto en el vacío o seguir», matiza.

En esa bendita encrucijada, para el autor leonés, «se trataría de plantearse dejar de experimentar en la expresión gráfica si es en favor de la narratividad», dice. Y parece que solventa ese necesario conflicto creativo tanto desde el plano teórico como práctico: «Yo estoy en ese momento. Me satisface que se me reconozca mi estilo porque todos aspiramos a tener uno propio. Pero una vez que lo tienes aspiras a romperlo. Porque quiero ir más allá. Quiero experimentar, sin caer en hacer algo absurdo o que no tenga sentido», añade.

El dilema de Toño Benavides, autor también en Reino de Cordelia de obras fundamentales como las ilustradas sobre Fortunata y Jacinta o El corazón de las tinieblas, está servido a base de talento y energías como para mantener el listón alto en estos tiempos en donde prima el resultadismo y la mediocridad. Si se le pregunta qué echa de menos de cuando había menos, ni tanta tecnología ni siquiera la dichosa IA, lo tiene claro: «Echo de menos que la gente que está en los puestos de decisión estén mejor preparados. Y que tengan criterio para saber que la autoría no es comparable ni a la IA ni a un banco de imágenes», asevera desde el lado honesto de la creatividad.

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