Diario de León

La inmensa huella leonesa de autor del genio de Tui

Del color de Víctor

David López Fernández, Iván Pérez, Yago Ferreiro, Juan Carlos Pajares, Gabriel Quindós y Alberto Casal rinden tributo a Víctor Coyote, autor, ilustrador, diseñador, además de músico, fallecido el pasado 13 de agosto. Con este último participó en lo que será su trabajo póstumo en el libro ‘American Friends I’

Víctor Coyote, durante una actuación.

Víctor Coyote, durante una actuación.abel alonso

Pacho Rodríguez
León

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Cuenta David López Fernández, leonés promotor de conciertos y demás artefactos culturales, que «Víctor (Coyote) era de los que se sumaba a una conversación y decia eso de: ¿En qué hay que estar en contra? Y luego resultaba que no, que opinaba y escuchaba y siempre aportaba una idea que te dejaba pensando. Igual parece exagerado pero todavía me pasa que ante alguna historia tengo casi de manera automática la intención de preguntarle qué opinaría». Resulta que Víctor, Víctor Coyote, Víctor Aparicio Abundancia, natural de Tui, madrileiro (palabro de Nancho Novo) convencido, murió este verano. Fue la mañana siguiente al eclipse mientras practicaba deporte, otra de sus pasiones. Muerte súbita mientras rodaba en bicicleta en solitario. Y resulta también que David López, un activo cultural de los que merece la pena, silencioso, modesto, eficaz, era su enlace con León para las muchas veces que pisó esta tierra en sus facetas de autor, literario, musical y artístico. O sea, que ese en contra de Coyote era una forma de sumarse a una carrera en la que solía ganar sacando varios cuerpos de ventaja en forma de ingenio, puntería y, algo que descartaba, genialidad. Es decir, que era un tipo a favor. De todo. De un concierto en el añorado Belmondo del gran Yago Ferreiro, de un arroz espectacular en Ferecor de los que se saca de los fuegos Tato, actuar en El Albéitar y presentar en Elektra, o de una cena en el nuevo Ezequiel, e incansable, de un concierto allá en Paradilla llegando en ese mágico carril único, o muchas más en La Pola de Gordón, o en su último concierto: el de Roma en el Espejo de su tocayo Víctor M. Díez. España ganaba a Bélgica aquella noche lluviosa que termino a capela: esta noche me voy a bailar... Y le echó un ojo al final de ese partido en el Victoria. Sin olvidar ese rocanrol imponente que se bailó en el Espinafest de Iván Monster, otro representante indiscutible de la cultura real, de calle, de pluralidad como mandamiento base en Vega de Espinareda, donde el Espinafest podría llamarse el Festival Imposible.

Las vistas al futuro de Víctor Coyote daban incluso a su colaboración en el libro que se presenta en noviembre titulado American Friends vol, I, de la naciente editorial gallega Bandini, y que coordinado, impulsado e ideado por Alberto Casal, aborda filias americanas entre las que Coyote elige (sorprende por supuesto) a Marc Anthony. Regala una ilustración e iba a encargarse de la portada del volumen II, que en este I ha hecho Miguelanxo Prado. Será tal vez en el aspecto editorial su colaboración póstuma, donde, por cierto, hay participación leonesa en nombres como Jorge Arsel Randez o Juancho López. Por eso, el valor literario de Víctor traspasa lo habitual del formato libro y escritura. De Galicia a Madrid pasando por León. Y puede que en el mundo del filandón hubiera tenido su espacio como alguien participativo al cien por cien.

Cruce de perras (2006, Visual Books / Reeditado por Autsaider Cómics) es un libro fundamental para visitar los tiempos de la Movida desde un punto de vista personalísimo y subliminal, irónico, ajeno a todo juicio de si fue o no fue, desde una ficción con la que Víctor Aparicio hila relato a relato un tiempo. Días de alarma (Salamandra Graphic, 2020) es una novela gráfica en la que retrata el confinamiento. Entresijos (Autsaider Cómics, 2023) aparece como un recorrido ilustrado y literario por Madrid atípico. «Sí, vivir en Madrid puede estar bien o no. ¿Muchas cosas son un coñazo? Pues sí. Otras no. Vivir en Madrid requiere un sobreesfuezo. A mi Madrid me gusta», decía. Y me gusta Tui, añadía cuando ya parecía acabada la respuesta. El cóndor y la caníbal (Astiberri / Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, 2024) es cómic y demuestra su versatilidad. Su firma también está en Tío Budo y el elefante blando (Fulgencio Pimentel, 2014), incursión como autor e ilustrador en el mundo de los cuentos infantiles. O en La cigüeña pedigüeña (Destino, 2007), también infantil escrito por Lucía Etxebarría con Víctor Coyote en su espectacular versión como ilustrador.

Aquí en Diario de León hizo tal vez su última entrevista. Dato simplemente cronológico. Fuera de preguntas, hablando de la IA decía que lejos de debates habría que gastarla como era. Contestaba que sí podría ser útil a la pregunta de si como refundidora de información no estaba mal. Pero quedó pendiente entrar mas al trapo de su invasiva tendencia en el apartado creativo. Quedó para después sin saber que quedaba para siempre o nunca. ¿En breve habrá que echarle la culpa a la IA? «Eso seguro. Tú no obstante pregúntale». (Lo hice, a mi pesar) ¿Qué trabajos tenía pendientes Víctor Coyote?

"Tras el repentino fallecimiento del polifacético artista Víctor Coyote (Víctor Aparicio Abundancia) el 13 de agosto de 2026, se conocieron varios de los proyectos y trabajos profesionales en los que se encontraba inmerso o que ya había apalabrado: Su nuevo trabajo discográfico («Cantares dun Fuxido»): Se encontraba preparando el lanzamiento de su próximo disco. Pocos meses antes de fallecer, el 31 de mayo ofreció un concierto especial en su localidad natal (Tui) junto a los músicos Pancho Álvarez y Pablo Novoa, donde presentó en directo los temas que iban a integrar este nuevo álbum. Exposición gráfica en la Embajada de los Tebeos: Tenía previsto realizar una exposición de su obra gráfica para el año 2028 en este espacio cultural. El proyecto se había conversado en junio de 2026 y las fechas definitivas se iban a cerrar formalmente tras las vacaciones de verano. Promoción de lanzamientos recientes: Aunque no eran trabajos estrictamente «pendientes» de finalizar, el artista seguía activamente involucrado en la difusión de sus proyectos más frescos lanzados a comienzos de 2026».

Hay voces de aquí que ilustran mucho mejor todo lo anterior. En corto y en largo. En corto, es genial el pase filtrado a gol total de Gabriel Quindós: «Siempre digo que nadie ha escuchado más veces que yo ‘Del color de rosa’ de Los Coyotes». Y eso es invencible. Del citado Alberto Casal se puede leer de Víctor: «Trabajador, autónomo, multiartista (canción, ilustración, ficción). Uno capaz de ser muchos. Uno que es Legión y cree «en el diablo y en el santo Job, en la gota que colma el vaso, en el mar de los Sargazos y en la sangre del señor»). Es lo que tiene ser De pueblo y de río. Y transitar Las comarcales. Creación, actuación, discusión (sembrad? polemista), evasión y... victoria». Relata Juan Carlos Pajares: «Don Víctor Coyote, galego ilustre, que en tiempos de la movida, cuando la mayoría mirábamos hacia el norte anglosajón y buscábamos en la noche los ritmos y los sonidos de la nueva ola, el ska, el punk... Don Víctor Abundancia, galego transmundano, nos sugería caribes y milongas, sones mestizos de la América en Español. Otros ilustres más tarde siguieron su estela. Tuve la fortuna de verlo actuando en Cabornera y, casi en reunión de cocina, en Paradilla de Gordón y, por última vez, en el Ferecor donde tuve la ocasión y el honor de tenerlo entre el público en una de las descargas de tangos que hemos perpetrado allí Ildefonso Rodríguez y yo mismo. Siento mucho la desaparición de este artista total y me quedo con la ilusión infantil de que quizás en alguna singularidad desconocida del espacio tiempo esos encuentros fugaces que tuvimos, de alguna forma que no comprendemos, se repitan una y otra vez hasta el fin de los tiempos». Sostiene por su parte Iván Pérez Monster, el gran agitador de Vega de Espinareda con sede en Malasaña que «Víctor es, me niego a hablar en pasado, un artista integral. Sus facetas más conocidas son la de músico e ilustrador, pero también es un grandísimo y elegante escritor. Elegante en todos los aspectos, poca gente he visto vestir mejor y, por qué no decirlo, también bailar como Coyote. Genio hasta el final, despareció pedaleando, y probablemente haya aparecido haciéndolo, siempre con su eterna sonrisa, en lejanas galaxias. Pero que tristes y serios nos quedamos los que sabemos apreciar el arte inmenso que nos regalaste Coyote. Ahora el Mundo es un lugar más feo». Alguien para echar de menos es Yago Ferreiro, capitán de aquel inolvidable Belmondo, que aporta: «Estoy seguro de que redundaré en lo que dirá todo el mundo que le trató. Victor era una persona muy generosa, un genio, con una gran presencia y un carisma que seguro vamos a echar de menos y necesitar en estos tiempos tan oscuros y feos. Sí hay que dar las gracias y hay que dárselas sobre todo a David y a los chicos de Geras. Nosotros tuvimos el privilegio de acogerlo en el Belmondo un año, que ya sabes lo pequeño que era, y la verdad es que el hombre tocó como si fuera un gran estadio y ahí estaba un poco el resumen de este texto y la grandeza de Victor, que no había local pequeño o humilde para él, no le cabía en el pecho esa inteligencia suya, que era rotunda y que era de las inteligencias más bonitas que he visto nunca porque estaba mezclada con una bondad también apabullante y eso, como también sabes, es muy difícil de encontrar».

Y así hasta el infinito sin ser capaces de entender lo inevitable.

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