EL libro del demonio

Rogelio Herques convirtió la crítica de la religión en un fenómeno editorial en la España del siglo XIX y vendió medio millón de ejemplares. Su vida sigue siendo una de las historias más singulares de León

Rogelio Herques en una imagen de juventud DL

LEÓN

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Se tituló La religión al alcance de todos y se convirtió en el exponente leonés del soma de la religión que Karl Marx introdujo en la historia del pensamiento en su obra Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel. El libro de Rogelio Herques se convirtió en uno de los grandes fenómenos del anticlericalismo español del siglo XIX. Difundido por miles de ejemplares, llevó la crítica de la religión a un público popular y convirtió a su autor en uno de los leoneses más singulares de la época.

Publicado en 1883, el volumen quiso hacer algo que en aquella España todavía tenía un importante componente de provocación: discutir la religión fuera de los espacios reservados a teólogos, filósofos e intelectuales y hacerlo con un lenguaje destinado a llegar a un público mucho más amplio. La obra, de 123 páginas, se divide en 23 capítulos que engloban temas como La Biblia y la Iglesia, Los planetas, Milagros, el Infierno o El árbol del bien y del mal. «Por eso nosotros, cuando entramos en una iglesia, sabemos que los que allí están arrodillados no, adoran al Dios humano, al Dios Jehová de la Biblia sino a nuestro Dios. Por eso nosotros entramos con respeto en las iglesias, no porque las consideremos edificios sagrados; antes al contrario; la casa de cualquier hombre honrado, es mil veces más respetable porque en ella no se engaña a nuestros semejantes como se les engaña en los templos, ni hay infamias como las del confesionario; entramos con respeto porque vemos allí a los hombres elevando su alma, no al Dios de la Iglesia romana, sino al nuestro, al verdadero; porque muchas veces, entre cientos de seres humanos allí reunidos, no hay más que un incrédulo, no hay más que un impío, no hay más que un hipócrita: El sacerdote».

La «hazaña» de Herques fue someter la religión a la crítica racional y poner sus argumentos al alcance de cualquiera. En una España alejada de las corrientes ideológicas que ya se habían asentado en Europa —el socialismo comenzaba a expandirse de forma discreta y legal tras su fundación clandestina en 1879 por Pablo Iglesias, mientras que el comunismo como partido político aún no existía de manera independiente— el libro pretendía que las clases populares pudieran participar en una discusión que durante siglos había estado dominada por las autoridades religiosas. Jesús Medina Junco calculó que por España habían circulado más de 500.000 ejemplares y relató incluso que en una gran fábrica llegaron a repartirse unos 3.000 entre los obreros. Son números que deben tomarse con cautela, pero revelan la dimensión que alcanzó la leyenda editorial del libro.

La primera edición fue realizada por cuenta y riesgo del propio autor y distribuida entre sus amigos, especialmente en Sahagún. Después llegarían las ediciones en cadena de El Motín, el periódico anticlerical dirigido por José Nakens, amigo personal de Herques y uno de los principales defensores de su obra.

Por lo tanto, la de Rogelio Herques es una historia que trasciende a su biografía y que alcanza cotas que rayan en la conformación sociológica de una época. De hecho, podría decirse que se convirtió en un bestseller e hizo de un texto de crítica religiosa un objeto de circulación popular.

La importancia de La religión al alcance de todos estuvo precisamente en esa voluntad de divulgación. El libro no aspiraba únicamente a convencer a quienes ya compartían las ideas de su autor. Su propio planteamiento apuntaba hacia un lector mucho más amplio y en una España donde la religión ocupaba un lugar central en la vida pública y privada, cuestionar sus fundamentos suponía entrar en uno de los grandes debates ideológicos de la época. Herqués lo hizo además desde una perspectiva que pretendía ser accesible, y esa combinación explica buena parte de la notoriedad posterior del libro.

¡Ojo! El de Herques no es un tratado contra Dios sino contra la Iglesia: «Los catecismos que tanto en España como en otros países católicos se usan, y a cuyos preceptos y aserciones se concreta el conocimiento que de su religión tienen la casi totalidad de los católicos, no es un compendio de la doctrina cristiana, según las Sagradas Escrituras, sino que, en su mayor parte, no contiene otras cosas que decisiones de los doctores de la Iglesia romana, decisiones a menudo contrarias a las Escrituras mismas», dice en uno de los capítulos.

La historia editorial de la obra está estrechamente vinculada a El Motín, que se convirtió en uno de los principales vehículos de difusión del anticlericalismo por lo que Herques encontró allí un aliado decisivo. Además, Nakens no era un simple editor sino que fue amigo personal del escritor y uno de los mayores apologetas de su obra. La relación entre ambos permite entender cómo La religión al alcance de todos pudo superar el ámbito estrictamente local de Sahagún y convertirse en un título conocido en otros puntos de España. El libro pasó así de ser una iniciativa prácticamente personal a integrarse en una corriente cultural y política mucho más amplia.

La obra no pasó inadvertida para quienes defendían las posiciones religiosas que Herques cuestionaba. Hubo refutaciones de autores como Pedro Sala, Justo Hernández y Medina Junco, además de la del pastor evangélico Samuel Vila.

Sin embargo, la respuesta de la Iglesia no parece haber sido tan uniforme ni tan contundente como posteriormente ha sugerido la leyenda. De hecho, algunos prelados e intelectuales católicos pudieron considerar el libro poco más que una ingenuidad o una crítica de escasa profundidad. El propio texto introductorio de una edición de 1987 lo describe como una obra cuya crítica «a veces roza lo pueril», aunque reconoce su importancia como pieza de la cultura obrera del siglo XIX.

Existe, no obstante, un episodio que demuestra que el libro sí llegó a provocar respuestas formales de cierta importancia. En 1936, el obispo de Mallorca José Miralles y Sbert convocó un concurso para encontrar una refutación de la obra. El estallido de la Guerra Civil impidió que aquella iniciativa llegara a culminarse.

La imagen posterior del escritor es la de un autor perseguido por la Iglesia por haber escrito un libro contra Dios. Sin embargo, la documentación citada en la investigación no confirma algunos de los episodios más contundentes asociados a esa leyenda. De hecho, no constan excomuniones de Rogelio Herques Ibarreta en el boletín oficial del Obispado de Toledo. Tampoco aparece su obra en los índices de libros prohibidos de León XIII de 1900 y 1901 ni en el de Pío XII de 1948.

La precisión importa porque permite separar la polémica anticlerical que rodeó al libro y la posterior construcción de una imagen de Herques como escritor oficialmente condenado por la Iglesia.

El libro tuvo una larga vida editorial y continuó reeditándose durante el siglo XX y llegó, entre otras, a una edición de Júcar en Gijón en 1978 y a otra de Daniels en Barcelona en 1987.

Además, la biografía del personaje también influyó en el libro. El 4 de junio de 1888, cinco años después de la publicación, Rogelio Herques acudió a Montecarlo, donde vivían su hermano Robustiano y su cuñada. La relación entre los hermanos estaba deteriorada por una disputa económica relacionada con los negocios que ambos habían mantenido en Nueva York.

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Los periódicos de la época reconstruyeron una historia de reclamaciones, promesas incumplidas y amenazas. Rogelio llevaba armas y había anunciado a un conocido que mataría a su hermano si no recibía una cantidad de dinero. Aquella noche, durante la cena, disparó contra Robustiano y su esposa. Después se suicidó. La criada salió a la calle pidiendo ayuda. Cuando llegaron los agentes, los tres habían muerto.