La poesía en árabe de José Luis Puerto
La revista cultural árabe Al Doha dedica un espacio al poeta español José Luis Puerto. Bajo el título Nueve huellas del mes de marzo, la publicación presenta una selección de poemas del escritor, traducidos por el arabista Ibrahim Al-Jatib

El poeta José Luis Puerto en las ruinas romanas de Volubilis, en Marruecos
El poeta salmantino encuentra en la memoria, los sentidos y el encuentro entre culturas la materia de una poesía que convierte los lugares cotidianos en espacios de reflexión. La publicación no se limita a reproducir sus versos. También ofrece un recorrido por su trayectoria literaria y explica algunas de las características que definen su escritura, además de situar la selección poética en el contexto de un viaje realizado por el autor a Marruecos.
Entre los libros del autor que destaca la revista figuran El tiempo que nos teje (1982), Paisaje de invierno (1993), Señales (1997) y Memoria del jardín, una antología poética publicada en 2006. La publicación árabe subraya especialmente el reconocimiento obtenido por Señales, distinguido con el premio del poeta catalán Gil de Biedma. También menciona
Jardín del olvido, que recibió el premio Adonáis, uno de los galardones de referencia de la poesía española. Su libro más reciente en el momento de publicarse el artículo era precisamente Nueve huellas del mes de marzo, obra que da título a la selección presentada a los lectores árabes. Uno de los aspectos más destacados por Ibrahim Al-Jatib es la sencillez expresiva de la poesía de Puerto. La revista señala que su escritura evita la ambigüedad y concede una importancia esencial a la memoria visual y a la percepción sensorial. En sus poemas, lo que se ve no constituye únicamente una descripción del entorno: las imágenes adquieren también una dimensión filosófica. Los objetos, los paisajes y los gestos cotidianos se convierten en puntos de partida para explorar el significado de la existencia y descubrir aspectos de la realidad que, a primera vista, podrían pasar inadvertidos. El artículo define así una poesía que oscila entre la contemplación directa del mundo y la introspección. A veces, el poeta se detiene ante lo que tiene delante; en otras ocasiones, profundiza en su interior para tratar de descifrar aquello que observa. Esta combinación entre percepción y pensamiento constituye una de las claves de su universo literario. La sencillez del lenguaje no implica superficialidad, sino una forma de aproximación a cuestiones profundas a través de imágenes concretas y experiencias reconocibles. La vida cotidiana, las personas y las cosas próximas ocupan un lugar central. Puerto convierte lo aparentemente ordinario en una oportunidad para reflexionar, sin necesidad de recurrir a una expresión oscura o excesivamente elaborada. Los poemas seleccionados permiten apreciar cómo Puerto transforma su recorrido por Marruecos en una experiencia de descubrimiento. La ciudad antigua de Fez, sus mercados, sus calles estrechas y sus oficios tradicionales aparecen como espacios en los que conviven distintas dimensiones de la vida humana. En el poema dedicado a la ciudad vieja de Fez, el poeta presenta un lugar lleno de movimiento, donde se entrecruzan comerciantes, artesanos, profesiones y costumbres. El mercado convive con la mezquita, la negociación con la oración y el bullicio con la serenidad. Esta diversidad compone una realidad compleja, en la que tradición y vida cotidiana se mantienen estrechamente unidas. La ciudad se convierte, además, en una especie de laberinto. Quien la recorre puede sentirse desorientado ante la multiplicidad de calles, actividades y estímulos. Sin embargo, esa dificultad para encontrar un camino único forma parte de su riqueza: Fez es un espacio que exige mirar, escuchar y detenerse. Otro de los motivos que atraviesan los poemas es la dignidad de las personas humildes. Puerto presta atención a los vendedores, los trabajadores y los artesanos tradicionales. En lugar de contemplarlos desde la distancia, busca comprender el valor humano de sus gestos y de su trabajo. Las descripciones de los curtidores y de otros oficios muestran también la dureza de las condiciones materiales en las que viven quienes los desempeñan. El poeta no idealiza por completo la tradición: observa tanto su belleza como el esfuerzo, el ruido y los residuos que acompañan al trabajo cotidiano. En este sentido, su mirada combina sensibilidad estética y conciencia humana. La belleza no reside exclusivamente en los monumentos ni en las obras artísticas, sino también en las personas que sostienen la vida de una comunidad. La fraternidad constituye otro de los temas significativos de la selección. En uno de los poemas aparecen dos ancianos que caminan juntos, agarrados de la mano, ajenos a lo que sucede a su alrededor. Su vínculo se expresa mediante un gesto sencillo que adquiere una dimensión simbólica. La imagen de las manos unidas representa una forma de cercanía que trasciende las palabras. Frente al paso del tiempo y la certeza de la muerte, el contacto humano aparece como una posibilidad de permanencia y resistencia. Esta preocupación conecta con otra imagen recurrente en los poemas: las ruinas. En
Volubilis, los restos arqueológicos, las columnas, los mosaicos y las piedras evocan civilizaciones desaparecidas. El paisaje permite al poeta reflexionar sobre la fugacidad de la existencia y sobre aquello que sobrevive cuando las personas ya no están. Las ruinas no son únicamente vestigios de un pasado remoto. También constituyen una presencia activa en el presente, capaz de suscitar preguntas sobre la memoria, la trascendencia y el destino humano. De este modo, el viaje por Marruecos se transforma en una meditación sobre el tiempo. Los edificios antiguos recuerdan la desaparición de quienes los construyeron, mientras que los gestos de fraternidad sugieren que los vínculos entre las personas pueden ofrecer una forma de resistencia frente a esa desaparición. La publicación de estos poemas en árabe tiene un significado que va más allá de la difusión de un autor español. La traducción permite que lectores de otra lengua y de otra tradición cultural se aproximen a una experiencia poética nacida del encuentro con Marruecos. El artículo recuerda un dato histórico relacionado con la familia Puerto: según el historiador Mohamed Daoud, autor de Familias de Tetuán, esta familia también estuvo presente en Tetuán y tendría un origen andalusí morisco, vinculado a la emigración tras la expulsión de los musulmanes de España a comienzos del siglo XVII. La revista presenta esta información como una posible conexión histórica entre el apellido del poeta y el pasado compartido de ambas orillas del Mediterráneo; no demuestra, por sí sola, una relación genealógica directa con el escritor. La selección ofrece así una doble aproximación a José Luis Puerto: por un lado, la presentación de su trayectoria y de los rasgos fundamentales de su poesía; por otro, la posibilidad de leer su obra a través de un espacio cultural distinto del propio. La experiencia marroquí revela la capacidad de su escritura para encontrar significados universales en lugares concretos. Fez, sus habitantes y sus oficios, junto con las ruinas de Volubilis, proporcionan imágenes desde las que pensar en la memoria, la fraternidad, la belleza y la fragilidad de la vida.