Dueño de su historia
oda la fuerza que se esconde en sus ojos pequeños custodiando la luz de Lisboa, el desmantelamiento de la infancia, el movimiento en el ciclo vital, el desgaste del tiempo, los viajes, el eterno retorno, el camino inacabado, evidencian los rotos de un hombre que se sabe dueño de su historia y que sigue disfrutando de la vida, reconociendo que su existencia es como
«un edificio en proyecto, un barco a la deriva, un destape de esencias, un puerto moderno, el proceso de vivir en la red contra viento y marea o las páginas en movimiento de la edad congelada, porque-¦ aireando la memoria, con el corazón al sol, nos descubre que todo lo que pueda imaginar-¦ existe».
Estas son las palabras finales del texto de Ana Cristina Pastrana sobre el pintor
Sendo
, en la que empieza a ser clásica, y celebrada sección
El arte de mirar
. En el fondo está, claro, la obra del pintor, pero con la mirada que huye de tópicos y lugares comunes: reflexión, concepción vital y cultural, hilos conductores que definen la personalidad. «Con singular dominio de la técnica -“escribe A. C. Pastrana- y sirviéndose de trazos enérgicos con movimiento controlado y un cromatismo luminoso, consigue conferir a la obra el valor de lo auténtico y nos lo hace llegar con esa sensibilidad exquisita de los que saben descubrir el alma de las cosas pequeñas y despertar los recuerdos. Los objetos humildes cobran vida y dejan de ser simples deshechos para convertirse en testimonio sugestivos. El color actúa como revulsivo en nuestra retina y transforma nuestra mirada opaca en otra llena de sensaciones y emociones. Sus composiciones, siempre estudiadas, ponen de manifiesto un espíritu perfeccionista, guiado por un deseo inacabado. Persiste en sus temas, queriendo extraer la esencia, deshojando todas las posibilidades que evidencien su estado de ánimo y los condicionantes que marcan su existencia».