Treinta y seis años de afinidades femeninas
Dos hermanas,José fina Aldecoa. Ed. Alfaguara, Madrid, 2008. 226 pp.
Hay en la obra de Josefina Aldecoa una clara preponderancia de los personajes femeninos, algunos de ellos inolvidables, como los de Historia de una maestra. Siguiendo la estela femenina, aparece Hermanas, una obra que no alcanza la altura literaria de las anteriores. En la novela se presenta la trayectoria vital de dos generaciones familiares. La primera es la de Isabel y Ana Tyler de Arzaga, fruto del matrimonio de William Tyler, un caballero inglés, y de Clara de Arzaga, una mujer de la alta burguesía de una ciudad del Norte. Las condiciones sociales, la superficialidad humana de los esposos, sus aspiraciones vitales (reducidas a mantener el boato de las fiestas y el buen emparejamiento de sus hijas) y la muerte prematura de William Tyler explican, sólo de alguna manera, la situación de Clara de Arzaga y la trayectoria de sus hijas. De personalidad muy distinta, Ana mantendrá la triste condición de aristócrata burguesa de su madre: se casará sin amor con su primo Ignacio y engendrará un nuevo relevo de esa aristocracia provinciana, burda y casquivana: las gemelas Teresa y María. Frente al provincianismo de Ana (a la que ni su estancia en Damasco con Ignacio en su trabajo de diplomático modernizará mínimamente), Isabel se comprometerá con causas más dignas. Finalizada su carrera de Medicina en Madrid, se dedicará con entusiasmo a su honrosa labor profesional en diversos países.
Una concepción vital de semejante vulgaridad y egoísmo provoca los frutos esperables, agudizados en Dos hermanas con ciertos tintes melodramáticos, de los que no está ausente un curioso empleo de la anagnórisis. Sólo así se explica el desenlace, acorde con unos planteamientos demasiado artificiosos. Aunque no debe olvidarse que-¦ la realidad, casi siempre, supera a la ficción.