Por momentos, el hombre se aprieta el corazón y estalla
Historias de la fatal ocasiónCarmen Busmayor. Ed. Calambur, Madrid, 2008. 78 pp.
En 1989 publicó José Luis Gallero una Antología de poetas suicidas ; y en 1993, la revista Hora de poesía dedicaba un número triple a «Poetas suicidas». Es indudable que la muerte voluntaria nos lleva morbosamente a lanzar una mirada hacia lo que fueron sus vidas, reflejadas acaso en sus escritos. Yo mismo, llevado por ese «interés malsano por personas o cosas, o atracción hacia acontecimientos desagradables» que, según el diccionario académico, es el morbo, publiqué hace años en Filandón una página doble dedicada a los poetas suicidas y, poco después, otra referida al poeta suicida de Villafranca, Gilberto Ursinos. Ahora, Carmen Busmayor -“reciente ganadora del González de Lama de poesía- nos presenta una visión poética y una lectura particular de aquellas vidas y aquellas muertes. Antonio Colinas ha introducido el poemario con gran acierto, señalando sus aspectos principales: unidad temática y de visión, la muerte como tema central del libro, estilo fluido, creación de una atmósfera envolvente, interpretación lírica de esas vidas voluntariamente aniquiladas, significado trascendente («el sentido último del vivir») y actitud de la poeta («lucidez y templanza»).
«Mis labios son su memoria», escribe la poeta. En toda muerte queda figurada nuestra vida. La poeta interioriza las muertes de los poetas suicidas, no de los suicidas en general, sino de estos ilustres por los textos que nos legaron más que por su biografía, en muchos casos nada relevante si no fuera por esa decisión última sobre su vida. La poeta Carmen Busmayor reabre ese punto cerrado del instante fatal en que una decisión íntima y última se cumple. Cuando la identificación entre la poeta y el personaje suicida es mayor, la palabra poética fluye con calidez y configura poemas como «Vendrá la muerte», uno de los mejores del poemario.
«Al borde de la cicatriz»: la inminencia de la muerte está presente en estos poemas de Busmayor, el momento en que la decisión fatal ya ha sido tomada, ese instante fronterizo entre el vivir y el morir. Es el instante de más íntima y desolada soledad. Porque junto a la muerte, el otro tema de esta poesía es la soledad del suicida. Cuando leemos poema tras poema es como si reuniéramos nombre y muertos en una gran comunidad de poetas que, sin embargo, no se conocieron entre sí y que vivieron en soledad total la decisión sobre sus propias vidas individuales.
El poemario de Carmen Busmayor es un signo de homenaje poético a unos seres de cuya herencia disfrutamos. En cierto modo, la palabra de la poeta viene a suplantar las palabras no dichas, las que mutiló el silencio de la muerte voluntaria. Lo decisivo, al fin, es que tras la interpretación lírica de la poeta de hoy acudamos a los textos de los poetas cuyo gesto final aún nos sigue perturbando.