Diario de León
Publicado por
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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La plegaria poética del monje: tal es el rápido resumen de los dos libros de Bernardo García Pintado, Canto silente y Máteme tu hermosura . El monje benedictino de Silos proclama, en tiempos de laicidad, su verdad y su fe. Y lo hace en dos buenos libros de poemas, Canto silente , editado en 1994 y reeditado ahora -œcorregido, aumentado, remozado-, y Máteme tu hermosura , nueva muestra de los versos del monje leonés de Quiñones del Río. Y ambos llegan arropados por sendos prólogos del abad de Silos y de Basilio Rodríguez Cañada; el primero se cierra, además, con una exégesis de Ángel García Galiano.

Si se inicia con una evocación familiar, Canto silente avanza después hacia su verdadero centro, que no es otro que el Monasterio y, dentro de él, el Claustro, que une silencio y piedra, historia de oración y canto, de canteros y copistas que dejan eco en la poesía del monje de nuestros días, continuador de aquellos en el canto gregoriano de hoy, en el que Bernardo García participa también como organista. El poemario se convierte, de este modo, en una celebración de un tipo de vida y de arte seculares: piedras, vitrales, viejos manuscritos: todo un -œbanquete de estética y belleza-, un legado fructificado en el silencio, la meditación y la oración. El poemario debe verse también, y ante todo, como la expresión de la intimidad con un Dios al que se reza y desde el que se contempla todo, el arte y naturaleza, la piedra y la vida; el poemario es, por lo tanto, una plegaria, como lo es Máteme tu hermosura , título que toma de San Juan de la Cruz, quizá el místico de mayor presencia en la poesía de este místico de nuestros días que es Bernardo García Pintado; pero no faltan ecos de otras lecturas, bíblicas, por ejemplo, o de Berceo, cuya vida de Santo Domingo de Silos aporta buen número de citas en Canto silente ; y no podía faltar la alusión al famoso soneto de Gerardo Diego al ciprés del monasterio. Uno y otro libro de García Pintado se mueven bajo un mismo sentido de la poesía como plegaria, como mirada desde la fe, como interpretación de la naturaleza y la vida desde la unción religiosa, desde el recogimiento y la -œmúsica callada-. Poesía movida por el amor en un solo sentido, el divino; en palabras del abad de Silos referidas a Máteme tu hermosura , -œplegarias, efluvios del alma, semillas y esencias de contemplación, soliloquios de enamorados, desahogos amorosos ante la luz que inunda el alma al descorrer la cortina de esa Presencia latente-; poesía, al fin y al cabo, sin que le pidamos novedades en ese sentido; su novedad está en apostar por lo religioso en un tiempo de descreimiento bastante generalizado.

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