Excelente creación literaria en su brevedad
Como corresponde a la condición del Premio del que la novela fue finalista, Premio Hontanar de Narrativa Breve, la obra respeta lo reducido de la extensión, pero sin duda muchos lectores lo lamentarán. El trébol de Andrés esconde en sus páginas demasiados problemas humanos y excesivo marco cronológico como para que todo ello reciba un tratamiento literario de esta brevedad. La guerra, el amor, la venganza, la soledad de algunas criaturas y un paisaje bellamente evocado, exigían otra visión. La familia de los Dolado, representada por cuatro generaciones, es partícipe de experiencias dramáticas, pero sólo Lola y Andrés, su sobrino, alcanzarán papel relevante en esta historia. Andrés, enfermo en el Hospital Comarcal, será para la narradora el informante de todos los avatares humanos.
Sobrevolando esta historia de una familia que sufre los dolores de la guerra y la dureza de la posguerra, flota un clima irreal, vinculado con el misterioso mundo de los ángeles, como se anticipa en el prólogo. De ahí el simbolismo que alcanza «el trébol de Andrés», título de la obra y, además, alusión a los extraños poderes de los que la familia disfruta. Pero no serán todos afortunados con semejante condición. De ahí la esperanza reconfortante que siente la narradora al final de la novela, de que su hijo Jorge herede el misterioso espíritu del «trébol de cuatro hojas»: «Jorge va a su lado. No sé. Tengo el presentimiento de que este niño va a resultar elegido. Me refiero a los ángeles». Un final misterioso, como el hálito de esta novela breve.