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León

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S i la entrega primera se centró en buena parte en las evocaciones de las Médulas presentes en las obras de Gil y Carrasco, con el complemento de otros escritos sobre dicho paisaje, en concreto de José María Quadrado y Acacio Cáceres Prat, en este capítulo se traen a cuento las relaciones de otros excursionistas y escritores por las tierras bercianas que se acercaron a las Médulas físicamente, con la pluma o de ambos modos, casos de José Castaño Posse, César Morán, Ramón Carnicer, Raúl Guerra Garrido y María Gudín. Todos ellos trazan su particular visión de los riscos y picachos del histórico paraje». José Enrique Martínez, autor del reportaje sobre Las Médulas, un paisaje cultural y literario en las páginas centrales, lo inicia con estas palabras, palabras que resumen el interesante contenido de su exposición. El agustino César Morán recorre el Bierzo y dedica especial atención a las Médulas: comenta, soñando la historia, lo mismo que hizo Castaño Posse y cuantos se han ocupado del asunto: «Aquello es gigantesco, ciclópeo, colosal. Miles de esclavos trabajaron allí durante cuatro siglos. Alguien compara estas obras con las pirámides de Egipto. Se ven cuevas terribles que atraviesen las montañas». No está de más recordar la descripción del paisaje que hace Ramón Carnicer a cuenta de los canales que llevaron el agua hasta las minas desde los afluentes del río Cabrera. Es, sin embargo, la voz de Raúl Guerra Garrido, autor de las grandes novelas del Bierzo, la voz más personal también en este caso. Completa el panorama la asturiana María Gudín, que desde un punto de vista novelístico encierra interés en la visión que de las Médulas nos ofrece en La Reina sin nombre .

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