Diario de León
Publicado por
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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«Yo te acompañaré Anne Sexton / en la enumeración de los psiquiátricos. / Custodiaré contigo, más tarde, / el garaje de la casa del olvido»: son versos de Carmen Busmayor en Historias de la fatal ocasión (2008), libro en el que los escritores suicidas aparecen en una comunión poética entre ellos que no pudo darse en vida. Uno de ellos fue Anne Sexton (1928-1974), que un día se encerró en el garaje de su casa, encendió el coche y murió con la inhalación del anhídrido carbónico que el motor despedía. Fue amiga de Silvia Plath, que diez años antes, en 1963, había precipitado también su muerte abriendo la llave del gas en el horno de su casa. Poetas y suicidas. El morbo ha alimentado estudios y antologías. Pero así como Marina Tsvetaeva o Silvia Plath han gozado de distintas traducciones al castellano, el nombre de Anne Sexton no ha disfrutado de la misma atención lectora ni traductora; de ahí la importancia que cobra la aparición de estos Poemas de amor , en edición bilingüe, prologados y traducidos por el joven poeta Ben Clark, en esa exquisita colección dirigida por Antonio Colinas en la editorial Linteo.

Los Poemas de amor ( Love Poems ) aparecieron en 1969; con el tiempo se venderían más de cien mil ejemplares. Le precedían varios libros más y le siguieron otros tres. Ocupan el centro de la escritura de Anne Sexton y acaso de su vida, movida por el fracaso matrimonial, por problemas de salud mental, que la obligaron al encuentro con psiquiatras, y por una gravísima ruptura de cadera que iba a condicionar su vida y su producción lírica, como vemos en el extraordinario poema «La fractura»: «Fue también mi corazón violento el que se rompió, / cayendo por las escaleras del hall»; «Exploté en el pasillo como un revólver»; «Yo era como una caja de huesos para perro». Herida en el cuerpo y herida en el alma: así se hallaba Anne Sexton.

Leer los Poemas de amor es verse sacudido por un temblor que, más allá de la piel, mueve venas, fibras y todo lo que el fuego de la belleza poética puede hacer vibrar. De la caricia al beso y al amor representado por «El pecho», su modo más novedoso de decir ¡qué extrañeza nos provoca! La mano que quiere tocar para que le devuelvan la caricia, la boca que «florece como una herida», los nervios encendidos que suenan «como instrumentos musicales»... Poeta y mujer, respira por los poros de la piel, por los líquidos del cuerpo. Se le pueden buscar trascendencias, pero lo inmediato es el cuerpo. Del cuerpo, del útero, de la sangre brota su verdad, la pasión en imágenes desasosegantes y abarcadoras, en palabras que son «celebración de la mujer que soy», palabras en rebeldía también y vigorosas, capaces de elevar la sangre hasta hacerla torre, capaces también de hablar por las demás mujeres que sientan la compulsión del deseo, la vehemencia de la sangre. Sólo así puede cantar la soledad de la masturbación, los juegos del amor que acaban «en la diana de mi deseo» o la ausencia en los dieciocho poemas de los «Dieciocho días sin ti», del 1 al 18 de diciembre, a poema por día, con las variaciones sucesivas del sentimiento, siempre sacudido de pasión: «Boomerang veloz, ¡vuelve hacia mí!».

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