Feliz recuperación bibliográfica
Automoribundia (1888-1948)
Ramón Gómez de la Serna. Edición de Celia Fernández-Prieto. Ed. Marenostrum, Madrid, 2008, 328 pp.
Apesar de la popularidad de Ramón Gómez de la Serna y de lo novedoso de su literatura, no existía una edición moderna y rigurosa de su Automoribundia. De ahí el acierto de este trabajo editorial de Celia Fernández-Prieto en la colección «Clásicos», dirigida por Santos Sanz Villanueva. Cabeza visible de la llegada a España de los movimientos de vanguardia, todo Ramón está presente en esta autobiografía, que con tanta lucidez y hondura analiza Celia Fernández-Prieto en una presentación de casi cincuenta páginas.
Los seis apartados en los que se divide la introducción incluyen facetas diversas del escritor, muchas de ellas poco o mal conocidas, pero luminosas para recuperar su personalidad. No hay que olvidar que en Ramón, «Vida y Arte -escribe Celia Fernández Prieto- se fecundan recíprocamente en el Presente, único (no) tiempo para el artista que se quiere moderno y original». A su afán por lo Nuevo se une en el escritor su «ansia de notoriedad», la obsesión de ser Ramón.
Automoribundia se publica en Buenos Aires en 1948, años después de su llegada, con Luisa Sofovich, su segunda mujer, en 1936. La obra es la autobiografía de un emigrado, «que carece de la aureola heroica del exilio». No tiene éxito y su eco va desdibujándose progresivamente. Desarraigado de sus espacios madrileños y padeciendo estrecheces de todo tipo, unidas a su deseo de volver a España, Ramón adopta posturas extremadamente conservadoras. La obra es una reivindicación, tanto en el plano estético (considerándose como una persona singular) como en el ético, defendiendo su entrega total. No es extraño que adopte posturas próximas a las de Cristo y que se presente anclado en el pasado. No se renueva, pretende seguir siendo Ramón. Ello explica que Automoribundia sea una obra de acarreo de su propia literatura, con un Ramón que se muestra incapaz de distanciarse de sí mismo. Eso explica, observa la autora, «la abundante intertextualidad de su autobiografía» y la obsesión por sus documentos fotográficos. «Y es que Ramón -“afirma- yuxtapone, no jerarquiza». A ello contribuye la idea de la muerte que le lleva a considerar la vida desde la mirada del desengaño. El mismo sentido del pesimismo lo manifiesta en su desprecio del siglo XX y su admiración por el XIX. Por ello, aunque viaja, su actitud no pasa de asomarse, para captar exclusivamente lo momentáneo .
Esta serie de valoraciones sobre la personalidad ética y estética de Ramón Gómez de la Serna se completan con tres cuerpos críticos más: un Vocabulario , un Índice de personajes y un Apéndice de opiniones sobre el escritor sirven de apoyo a las opiniones de Celia Fernández-Prieto, autora de una valoración atinada, valiente y perspicaz del autor de las greguerías.