Un ansia inmortal y temblorosa de no sé qué
La fuente pensativa
Juan Ramón Jiménez. Edición, introducción y notas de José Antonio Expósito Hernández. Ed. Linteo, Orense, 2009. 322 pp.
Mi generación (y las anteriores) leyó a Juan Ramón Jiménez por la segunda Antolojía poética (respetemos la ortografía del poeta) publicada en 1922, con reediciones en 1944 y en 1958. Repasando el índice de la misma pueden observarse libros que no llegaron a publicarse y de los cuales ofrece brevísima muestra. Es lo que sucede con Ellos , Libros de amor y La fuente pensativa , éste con sólo dieciséis poemas. Con labor ardua y fervorosa los ha ido recomponiendo J. A. Expósito, sin que me olvide aquí de cuatro poemas inéditos de La fuente pensativa publicados por J. L. Puerto en uno de los cuadernos zamoranos de «La Borrachería» en 2001. Escrito el libro en su retiro de Moguer, durante los años 1911-1912 en su mayor parte, representa, según Expósito, el comienzo del cambio hacia la poesía desnuda, adelantándose cuatro o cinco años a las fechas ordinariamente propuestas por la crítica, en camino, por lo tanto, hacia el cauce novedoso, libre y abierto de Diario de un poeta reciéncasado . En este cambio habría obrado decisivamente la lectura de la poesía inglesa, en la que desnudez y pensamiento venían a sustituir sus anteriores lecturas de poesía francesa, «todo ornato, plasticismo, alegoría», como escribió Juan Ramón. La veta meditativa, que aportaba también la lírica de Unamuno, fue el cauce para La frente pensativa .
El crítico editor de este poemario ofrece muchos datos en relación con su factura, pero aquí vamos a quedarnos con los aspectos que fertilizan su lectura: en primer lugar, la orientación hacia el lenguaje sencillo, natural, huyendo de los fulgores ornamentales del alejandrino, a favor de la fluidez de la silva, «una forma expresiva que no exige atención sobre sí misma y que intenta trasladar al lector hacia la profundidad del pensamiento bello»; en segundo lugar, adelanta temas nuevos, como la búsqueda de «la realidad invisible», más allá de lo aparente; en tercer lugar, la aparición de un lirismo pensativo, introspectivo. Son tres claves posibles de lectura. Pero hasta el Diario de un poeta reciéncasado , la poesía de Juan Ramón Jiménez construye, a mi parecer, una poética sentimental. Atento a su intimidad, a las pulsiones del alma, a los latidos del deseo, vivió la poesía con entrega apasionada, como su único destino, para el que había nacido y por el que había de morir. Su proyecto de vida fue un proyecto de poesía. «¡Emoción, emoción, emoción!», dice un poema, verdadera confluencia en una palabra de un sentir, reflejando desde su alma emocionada el mundo de sol, de aromas, de ilusiones pequeñas, de ideales grandes, de tristezas vagas, de «dolientes fantasías», del «corazón doliente». Poética sentimental también desde el punto de vista formal: no se desprende aún del consonante métrico y está lejos todavía, según mi perspectiva de lector, del conocido lema de Eternidades : «¡Inteligencia, dame / el nombre exacto de las cosas!».