Un entramado de soledades y fracasos
Parque de atracciones
José Luis Rodríguez. Ed. Akal, Madrid, 2009. 406 pp.
Como tantas veces, la solapa de la obra es sólo un vago reflejo de su contenido y de su técnica literaria. En este caso se trata de obra extensa e intensa, reflejo de la densidad narrativa habitual en José Luis Rodríguez, algo que desbordará a algunos lectores. Parque de atracciones es, de alguna manera, una novela bitemática , dada la diferencia de perspectiva en las dos partes que integran la obra. Si en la primera el desarrollo literario tiene como sustrato temático el montaje teatral de El rey Lear , y la actitud de los diversos actores, en la segunda, el detective Guillermo Ventura será el director de escena en el mundo de lo policiaco.
La pretensión artística de Rafael Caneda de dirigir una nueva versión de la obra, verdadera obsesión estética desde sus años infantiles, supone la contratación de una serie de actores entre los que aparecen antiguallas humanas y artísticas junto a jóvenes actores. A unos y otros les une un extraño sentimiento de soledad y fracaso, diferente en su manifestación: Ramiro, Fuencisla y Leonardo cifran el sentido de su vida en los recuerdos de un pasado de éxitos, frente a Luisa y Anabel, por ejemplo, símbolo de un futuro de ilusiones. Ambos grupos, sin embargo, adolecen de parecida condición negativa: la soledad, el desamparo, el miedo al futuro... Las obsesiones respecto al pasado en la persona de Rafael Caneda tienen su correspondencia en los temores de Anabel, secretamente convencida de que la representación de la obra culminará en una tragedia. Tendrá que pasar casi un año para que sus temores se hagan realidad. La representación que, con todo boato, se lleva a cabo el trece de junio confirma los tristes augurios.
El incendio del teatro y la muerte de algún actor será el objetivo de trabajo que debe cumplir Guillermo Ventura, protagonista esencial de la segunda parte. De alguna manera, estamos ante una novela distinta. La situación personal del detective (separado de su mujer, viviendo con su hija ciega, excesivamente aficionado al coñac y engañado por el comisario Marino Pardeza) le lleva a tener una mirada limpia, idónea para descubrir la verdadera causa. Respetando los tópicos del género negro, el desenlace sorprende al lector, abrumado a lo largo de muchas páginas por el cambio de identificación del posible culpable. Son pasos que el género exige, y que en esta obra reciben un laborioso tratamiento literario. La incorporación de los diálogos al texto base y la rigurosa creación de párrafos extensos y sinuosos, hacen de Parque de atracciones una muestra narrativa distinta, de complejidad superior a lo habitual. A ello colabora un especial manejo del recurso metaliterario, abrumador tal vez en ocasiones, pero de gran efectividad literaria en el capítulo 10 de la segunda parte, último de la obra.