Tres muestras de teatro comprometido
D3snudos
Víctor Peña. Eje Producciones Culturales, León, 2008. Prólogo de Emilio López Castellanos. 302 pp.
NICOLÁS MIÑAMBRES
El toque de caligrama a través del guarismo que ofrece el título puede ser un guiño al lector, un simbólico anticipo de las ricas connotaciones dramáticas de estas tres obras. Como es habitual en su teatro, Víctor Peña no es autor dado a las alharacas escenográficas. Un recio sentido del desnudo en el montaje de la obra le sirve como apoyo a textos y mensajes de llamativa densidad temática. Surge así un teatro alegórico, comprometido, de claro sentido expresionista, enriquecido en muchos casos por un trasfondo filosófico. No sería arriesgado pensar que late en estas obras un cierto reflejo del teatro del absurdo e, incluso, del teatro pánico. De ahí que el lector ante la obra escrita y el espectador en la representación deban adoptar una actitud de participación activa. No hacerlo sería correr el riesgo de verse desbordados ante un mensaje tan jugoso y polisémico.
Las mínimas impresiones expuestas se hacen patentes en la escenografía, en el dramatis personae y en el contenido de las tres obras que integran D3snudos . Vaya por delante la dificultad que supone ahormar en pocas líneas un comentario de tres obras diferentes, aun cuando pueda existir en ellas un parecido espíritu. Amor en las dos orillas , la primera, es una bella evocación de la esencia del amor, esencia que puede saltar fronteras y mares y, sobre todo, momentos históricos muy lejanos entre sí. El agua del mar, la poesía y la música obran el feliz milagro, estético y amoroso, del que son partícipes Beatriz, la trovadora de Provenza, el africano Ahmed Kélem y el Peregrino. Mayor dureza y complejidad argumental presenta Contra el espejo de la memoria , «OBRA ESCRITA -“se lee en la presentación, con mayúsculas- PARA DOS PERSONAS A OCHO VOCES, QUE SE DESARROLLA EN UNA HABITACIÓN LLENA DE HUMO». En la obra (donde el amor maternal obsesivo, la creación literaria y un vago e irracional sentimiento religioso reciben un tratamiento «animalizado» o lobuno) es determinante la función simbólica de los espejos. De alguna forma, el valor psicológico del que son portadores y su influencia en los personajes, hace pensar en una actualización de los espejos del Callejón del Gato.
La gradación temática que ofrecen las obras alcanza su plenitud en la complejidad de El olor de tus ojos (p. 61), la más extensa de las tres. Ahondando en la idea de la falsa imagen que la realidad puede ofrecer, el elemento de los espejos reaparece con mayor plasticidad que en la obra anterior: «Dos grandes espejos, uno a cada lado de la embocadura». De nuevo, ciertos sentimientos humanos (el dolor, el amor, la guerra, la enfermedad, la ideología, la venganza, la maternidad trágica-¦) surgen como temas esenciales, con un tratamiento de gran hondura cultural y literaria.