UN LEONÉS EN LA ÉLITE.rubén álvarez sánchez. QUÍMICO EN HOFFMANN-LA ROCHE (BASILEA, SUIZA)
«la i+d no está considerada ahí como un resorte de riqueza»
Rubén Álvarez es químico y desarrolla su carrera científica en Hoffmann-La Roche, en Suiza. Reconoce que el campo de la I+D+i es cosmopolita y obliga, casi siempre, a vivir en el extranjero. De momento, no tiene previsto regresar.

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Contribuir al descubrimiento y la optimización de compuestos que, a término, podrían convertirse en medicinas. En esto consiste el trabajo científico que, desde Basilea (Suiza), realiza Rubén Álvarez Sánchez. Este joven leonés trabaja para Hoffmann-La Roche, una empresa que se dedica a la industria farmacéutica y que tiene su sede principal en esta importante ciudad suiza. Es un leonés más que ha tenido que emigrar fuera de su país para dedicarse a la investigación de primer nivel.
—¿Es imprescindible alejarse de España para hacer carrera investigadora?
—Al menos en disciplinas científicas resulta prácticamente ineluctable si realmente se quiere aspirar a ello y altamente aconsejable desde el punto de vista personal. El riesgo que se corre es que, una vez fuera, no se pueda volver muy fácilmente.
—Teniendo en cuenta su paso por varios países, ¿cómo define esta experiencia?
—El campo de la investigación tiende a ser bastante cosmopolita. El hecho de haber vivido en diferentes países resulta, sin duda, positivo a la hora de interaccionar en un entorno donde distintas culturas se reúnen. Hay gente que piensa que una mezcla apropiada de distintos orígenes en un equipo de investigación puede contribuir de una manera muy positiva en los resultados minimizando los efectos de distorsión que pueden producirse cuando la gente tiende a pensar de una forma más uniforme.
—¿En qué líneas de investigación se ha especializado?
—Sin querer ser muy específico ni demasiado científico, trabajé durante mi tesis en temas relacionados con la alergia de contacto; en particular en los mecanismos (químicos) por los que determinadas sustancias que se encuentran en cosméticos y detergentes producen en ciertos casos alergias en la piel. En mi postdoctorado trabajé en un tema parecido de aplicación en la industria farmacéutica, desarrollando ensayos in vitro para la detección y caracterización de metabolitos reactivos, que son productos generados por el cuerpo a partir del medicamento que conllevan una serie de riesgos a nivel de efectos adversos. En los últimos cinco años he trabajado en investigación en la industria farmacéutica como experto en farmacocinética y metabolismo, campos que cubren la forma en la que los compuestos son procesados por el cuerpo y eliminados y trata de definir dosis apropiadas para optimizar su eficacia y minimizar su riesgo.
—¿Porque decidió ser químico?
—Me gustaba la biología pero me disuadió el nivel de desempleo en esa rama. Me decidí por la química y, poco a poco, me fui orientando hacia su especialidad más cercana a la biología.
—¿Que le diría a todos los jóvenes que piensan en dedicar su vida a la ciencia?
—Que vale la pena esforzarse por poder trabajar en lo que a uno le gusta cuando se tiene que pasar media vida trabajando. No obstante, hay que ser consciente que hay ciertas cosas a las que puede que se deba renunciar, entre ellas el dejar su país natal o su entorno o encontrar un trabajo estable pasados los 30.
—La investigación, ¿está bien considerada en España?
—A mi juicio, la cultura empresarial en España, en contraste con otros países, no considera la investigación como un resorte esencial en la creación de riqueza y aumento de la competitividad. En cierta forma, resulta más fácil seguir o copiar a otros o directamente importar antes que arriesgar en una inversión de tiempo y capital con pronóstico inseguro. Como resultado, la demanda de investigadores resulta mínima a pesar de la gran oferta de estudiantes altamente instruidos que salen de las universidades y que terminan trabajando en otros países.
—¿Volverías a España?
—No lo excluyo, pero no lo considero en el corto plazo.
—¿Qué es lo que más echas de menos desde la distancia?
—Sin duda, la parte personal: no estar ahí en algunas ocasiones y poder disfrutar de la familia más a menudo. En cualquier caso no estoy tan lejos. En seis u ocho horas me planto en León.
—De todos los lugares en los que ha estado, ¿con cuál se quedaría?
—Me gustó mucho Estrasburgo, siendo estudiante es una ciudad fantástica para vivir y divertirse. Aunque solo sea por un Erasmus, se lo aconsejo a cualquiera.