El código del vino
Desde la informatización de los procesos de gestión a la implantación tecnológica en la recogida, tratamiento y trazabilidad del vino. De la mejora genética al código bidi para que los chinos identifiquen cada botella. Es el camino de las bodegas hacia los nuevos tiempos y mercados.
Juan Bautista González, con parte del equipo que trabaja en los distintos proyectos de Agronet.
Agronet se ha convertido en un referente en gestión y compraventa de maquinaria agrícola, pero desde su renovada sede en el Polígono X de la capital leonesa ha emprendido también una diversificación de actividades, siempre relacionadas con el mundo agroganadero, con las que está abriendo fronteras a empresas del sector a las que hasta ahora era en cierto modo ajena. Por ejemplo, a las empresas dedicadas al mundo del vino. Una industria nacional enorme, potente y con gran potencialidad, pero que también atraviesa un momento delicado.
El consumo está cambiando y los lugares a los que acudir para vender el producto también. Pero mucho tienen que transformarse los procesos, las empresas y las mentalidades. Y el único camino es la tecnología y la innovación. Desde la mejora genética de los cultivos al control exhaustivo de la producción, de la reducción de costes a los procesos al marketing y el contacto con los mercados de nuevos consumidores.
Para afrontar esta tarea la empresa leonesa dirige desde octubre un proyecto incluido en el Plan Avanza, Demominación de Origen (DO), en el que cuenta con la colaboración del Instituto de la Viña y el Vino.
Sin embargo, el gran esfuerzo debe hacerse en materia tecnológica. Incluso en las denominaciones con más solera y tradición hay muchas bodegas que viven aún muy lejos de los modernizados procesos de gestión y producción.
Juan Bautista González, director general de Agronet, destaca la necesidad de aplicar sistemas de «trazabilidad a todo el proceso, aplicar las nuevas tecnologías para mejorar los costes, sobre todo de gestión, pero también en el control de vendimiadores, de condiciones de bodega y barricas, de stocks y calidad,... Incluso de colocar códigos de identificación electrónica que permitan acceder con ventajas competitivas a mercados donde estas exigencias son ya un hecho».
Sobre todo el mercado chino, el futuro de toda industria vinícola, con un enorme potenial de crecimiento pero que requiere también una adaptación cuidadosa del producto, desde su identificación a su imagen.
Y, por supuesto, el contacto con sus distribuidores y consumidores. Desde hace tiempo las misiones comerciales oficiales miran a este gran mercado de futuro, pero las formas comerciales también deben modernizarse. El proyecto DO pretende «llevar de la mano» a las bodegas hasta los distribuidores, promocionar sus productos con un márketing adecuado y perfilar con claridad las estrategias.
Un ambicioso proyecto, en fin, que con una financiación inicial de 520.000 euros y una inversión de un millón de euros; y año y medio de vigencia pretende sentar las bases de una nueva forma de hacer las cosas en el universo vinícola español.
El proyecto se está presentando ahora a las denominaciones de origen de Castilla y León, que luego lo trasladarán a sus bodegas adscritas, aunque el objetivo de aplicación de estas tecnologías abarca todo el territorio nacional. «Es un mercado gigante, las DO y las bodegas han crecido mucho en los últimos años, pero tienen mucho trabajo por hacer. En un primer momento queremos centrarnos en las de Castilla y León y también en aquellas denominaciones más recientes, que son las que tienen mayor potencial de crecimiento».
A la hora de resumir el proyecto, Juan Bautista González destaca que se trata de «aunar los elementos necesarios para que una marca potente, una denominación de origen, sea capaz de expandirse e internacionalizarase utilizando las nuevas tecnologías y el apoyo de las últimas novedades en marketing on-line. Con esto se pretende tamabién contribuir al ambio de modelo económico que debe llevar a cabo el país a través de las tecnologías de la comunicación que son las que pueden generar un incremento de la competitividad y la productividad, ayudan a recortar costes y constituyen el mejor instrumento para poner en marcha y materializar nuevas ideas empresariales».
La principal preocupación de los empresarios del vino en este momento es recortar costes y mejorar sus ventas. La primera de estas premisas pasa claramente por una mejora de la utilización de las nuevas tecnologías en la gestión, que permita abaratar los procesos que se llevan a cabo, además de mejorarlos.
Respecto al segundo punto, las actuaciones a llevar a cabo abarcan campos mucho más amplios. «Pasaría por integrar un sistema de inventariado inalámbrico RFID, además de implantar una plataforma oficial con tienda on line y el asesoramiento e internacionalización hacia el mercado de China, potenciando la trazabilidad tanto en producción como en comercialización».
Agronet tiene una larga tradición en este tipo de procesos, aunque hasta ahora nunca los había aplicado al mundo del vino. «El sector vitivinícola está experimentando un crecimiento de la demanda en mercados extranjeros gracias a las ventas en los países emergentes. Sin embargo, una de las carencias del sector es la falta de información y el desconocimiento de las nuevas tecnologías, con grandes diferencias en este último punto entre unas bodegas y otras. Por eso Agronet hará un estudio previo de cada una de las empresas».
En cuanto a los mercados, aunque China es el gran consumidor a contemplar, no hay que descuidar otros países con potencial, como Estados Unidos, incluso algunos países europeos.
En cualquier caso, «para iniciar el proceso de internacionalización el producto tiene que estar bien definido en materia de envase, diseño y seguimiento en el mercado de destino, desde las ventas al prestigio de la DO y la marca, el tipo de cosecha,.. Hay que adaptar todo al país en el que se va a vender».
Lo que está claro es la necesidad de cambiar el modelo económico tradicional del sector vitivinícola a través de las nuevas tecnologías, «para favorecer un incremento de la competitividad y la productividad. Un cambio que se producirá en el nivel comercial, pero que tiene que afectar también a la producción y la gestión no sólo de la empresa, sino del producto, en la viña, en la bodega y más allá de su comercialización».