CARTELERA DE CINES
La película que Sarkozy no quiere ver

El director de la película, Xavier Durringer.
Crónica alicia g. arribas
El presidente francés no quiso ver la película que ficciona su ascenso al poder al tiempo que se separaba de su esposa, De Nicolás a Sarkozy, un drama que «acaba siendo casi una farsa», ha explicado su creador, el director francés Xavier Durringer, que ha quedado fascinado por el personaje. «Prefiero ir al psiquiatra antes que ver la película», asegura Durringer que dijo Sarkozy cuando el film se estrenó en Francia, hace ahora un año, con el título de La Conquete (La conquista). De Nicolás a Sarkozy muestra los entresijos del Elíseo, primero con un «Sarko» aspirante a presidente, de prácticas dudosas, y después a un hombre autoritario y despechado por la ausencia de su esposa, que le abandona por otro hombre, dejándole en evidencia el día más importante de su carrera política.
Al más puro estilo americano, Durringer cuenta una historia de ascenso al poder con varias elecciones de por medio que desnuda lo peor de las relaciones al más alto nivel; solo que no es americano y su forma de mostrar las cloacas del Estado son más cercanas y, sobre todo, más creíbles.
«El público español va a coger enseguida el tono, y se va a reír, a veces a carcajadas, porque hay frases asesinas, aquí se matan con la dialéctica. Me parece una catarsis importante poder reírte de los que te dirigen», concluye. A Durringer le encanta la política y su discurso es un continuo (y denso) análisis de la economía, del poder y de lo que él llama «el circo» de la política y los políticos. Por eso le apasiona el personaje.
Elegir a Sarkozy «era casi simbólico», explica Durringer: «poner a este hombre bajito, de 1,65, frente a Chirac y Villepin, que miden 1,93; los dos vienen de la Francia eterna, de la tradición y él, para nada; a priori parece que no tiene ninguna posibilidad, pero paso a paso va eliminando todo lo que le molesta y consigue hacerse con el poder». En el reparto, Denis Podalydés, clavado en su papel de Sarkozy; Florence Pernel, como Cecilia; Bernard Le Coq, como Jacques Chirac; Saïda Jaward, como Rachida Dati, y Samuel Labarthe bordando a Dominique de Villepin, y ninguno, curiosamente, parecido a ellos físicamente. «Preferimos prescindir de maquillajes y artificios y tirar del potencial de los actores», de modo que «al minuto de ver a Podalydès, ya te olvidas de la cara de Sarkozy».
El ritmo de la película, que no cae en ningún momento, se apoya en unos diálogos ácidos y punzantes y una ironía refinada que ayudan al espectador a seguir los detalles de una historia que ya conoce por los periódicos.