los movimientos del aire
un estudio pionero desvela la influencia que tienen para los aviones las ondas de montaña que producen turbulencias. R afael Posada ha investigado las ondas de gravedad de las montañas que suponen un alto riesgo para los aviones porque generan turbulencias. Los resultados los ha plasmado en un mapa de riesgos a tener en cuenta en el sector aeronáutico.

Rafael Posada durante una de las jornadas de estudio en alta montaña.
Las ondas de montaña son ondas de gravedad debidas a la orografía que juegan un papel fundamental en la circulación general de la troposfera, por su capacidad para transportar energía y cantidad de movimiento. Bajo ciertas circunstancias, la energía transportada puede ser liberada produciendo turbulencia. De hecho, las ondas de montaña se han citado como causantes de numerosos accidentes aéreos, por lo que para la aeronáutica es de gran interés detectar y pronosticar actividad ondulatoria en zonas montañosas. Esto adquiere especial relevancia cuando existen aeropuertos próximos a dichas zonas, como es el caso del Aeropuerto de Madrid-Barajas, a tan solo setenta kilómetros del Sistema Central.
Rafael Posada es el científico leonés que ha estudiado las consecuencias de estas ondas en la aviación y lo ha hecho a través de la investigación que lleva por título «Caracterización de las Ondas de Montaña en Situación de Precipitación Invernal».
Explica que «suponen un alto riesgo para la aviación porque son capaces de producir turbulencias», lo que le llevó a indagar en mayor profundidad sobre las características de las mismas y cómo estas podían ser pronosticadas en base a datos observacionales y de predicción.
Sus objetivos han sido, por un lado, validar los datos proporcionados por el radiómetro de microondas, un instrumento de teledetección pasiva que mide perfiles verticales de temperatura y humedad. También validar los datos proporcionados por el modelo mesoescalar de alta resolución MM5. Asegura que se trata de un campo poco explorado en España, puesto que apenas existen referencias sobre ondas de montaña generadas por los sistemas montañosos de la Península Ibérica. «El mayor hallazgo de este trabajo —resalta— es la creación de un sistema de identificación de situaciones con ondas de montaña en base a las condiciones de estabilidad estática y del flujo incidente sobre la barrera montañosa». Así, este trabajo ha permitido elaborar mapas de riesgo basado en los valores de Froude (un indicador que identifica la capacidad de la masa de aire para superar una montaña), que llevan a identificar las zonas más favorables para la aparición de ondas. «Estas son, por tanto, las zonas a evitar por parte de la aviación», señala.
«El mayor inconveniente en el estudio de ondas atmosféricas es que actualmente no existe ninguna instrumentación fiable capaz de observarlas de forma directa», argumenta este joven científico leonés- Únicamente, asegura, pueden detectarse sus efectos, por lo que es a través del análisis de estos efectos cuando pueden caracterizarse las ondas.
En el caso de las ondas de montaña, su estudio también puede realizarse analizando las tres condiciones necesarias para su formación: la existencia de una barrera montañosa que provoque el ascenso forzado del aire incidente, la existencia de energía cinética suficiente para que el flujo supere la barrera, y la presencia de un ambiente estáticamente estable a sotavento, de forma que el aire desplazado de su nivel de equilibrio oscile en torno a dicho nivel produciendo el movimiento ondulatorio.