i+d+i. color contra la ‘muerte dulce’
Desarrollan un sensor que cambia de color al detectar monóxido de carbono.

Un grupo de investigadores del Instituto de Reconocimiento Molecular y Desarrollo Tecnológico (IDM) ha desarrollado un dispositivo electrónico que cambia de color cuando detecta la presencia de monóxido de carbono, lo que puede mejorar la seguridad en industrias y hogares donde se empleen braseros.
El monóxido de carbono se produce por la combustión incompleta de combustibles como gasolina, carbón o madera en aparatos como calderas, calentadores de agua u hornillos de cocina y puede provocar la muerte si se respira sin que el afectado se de cuenta, por lo que un dispositivo de este tipo puede tener múltiples aplicaciones para mejorar seguridad. Es lo que se conoce como la ‘muerte dulce’.
Gracias a la incorporación de un sensor colorímetro integrado en un equipo electrónico, este nuevo dispositivo permite conocer al instante la concentración exacta de monóxido de carbono, al pasar de un color violeta a uno amarillo-anaranjado ante la presencia de este gas.
El dispositivo, que ha sido desarrollado por investigadores del IDM, un centro mixto de la Universidad Politécnica de Valencia y la Universitat de València, se encuentra en fase de prototipo y sus primeros resultados han sido publicados en la edición digital de la revista Sensons and Actuators B: Chemical .
El director del IDM, Ramón Martínez-Máñez, explica que este dispositivo supone «un paso más» en el diseño de equipos de detección de éste y otros tipos de gases y ha resaltado que su principal novedad es la «la integración de los sensores de color al equipo optoelectrónico».
«Además de saber con más precisión la cantidad de monóxido de carbono presente, podría acoplarse a una alarma que emitiera una alerta en el momento de la detección del gas», apunta Martínez, quien explica que se han puesto en contacto con varias empresas de fabricación de dispositivos para promover su comercialización.
Según el investigador, el proyecto necesitaría que se hiciera algún estudio «más detallado y más concreto en relación a la fiabilidad y el tiempo de respuesta en lugares reales», algo que considera que les llevaría un tiempo «relativamente corto».
El sistema de sensores colorimétricos usa compuestos que contienen átomos de rodio y la interacción de estos metales con la molécula de monóxido de carbono origina un cambio de color, del violeta original a un tono amarillo-anaranjado, que es observable a simple vista incluso a concentraciones relativamente bajas.
Un equipo electrónico mide el cambio de color y lo transforma en una señal eléctrica y por tanto, en un número que está relacionado con la concentración.