«Queremos que sea capaz de aprender como un humano»
— ¿Cuáles son los mayores avances logrados en iCub?
— Le hemos dado la capacidad de reconocer las acciones de las personas, por ejemplo apuntando, realizando gestos en general o movimientos de todo el cuerpo. Esto es útil para que iCub logre una interacción natural con la gente y para que reaccione adecuadamente cuando alguien le enseña algo nuevo. ICub ahora puede sentir el contacto físico con las personas y el medio ambiente por medio de una piel artificial que le confiere el sentido del tacto y le permite comportarse con suavidad cuando hay personas a su alrededor. Las combinaciones de estos dos modos de percepción pueden dar al robot un sentido de su presencia en el espacio, la forma en que está situado con respecto a los demás o a los objetos. También puede ayudarle a distinguir entre su propio cuerpo y todo lo demás, una distinción importante que es la base para que se sienta a sí mismo.
— ¿Hasta dónde llegará el niño-robot?
— Con los 28 prototipos que trabajamos los utilizamos, en general, para la investigación de la inteligencia artificial y la cognición, pero los científicos están desarrollando comportamientos como la visión, el control de voz, el reconocimiento de objetos o la interacción humano-máquina.
— ¿Cuál es el objetivo final?
— Buscamos generar aplicaciones de la robótica que se utilizarán en la vida diaria, por ejemplo en el hogar, la escuela o los hospitales. Más adelante podrían vigilar el medio ambiente o construir fábricas automáticas que sean más baratas y consuman menos energía.
— ¿Cuáles son las tecnologías más innovadores de este robot?
— En cuanto al hardware, es una plataforma completa que puede caminar y manipular las cosas. No hay que muchos robots así. Además el iCub es uno de los pocos robots con una piel que recubre todo la parte superior de su cuerpo. En el mejor de los otras máquinas tienen la piel artificial solamente en las manos, y la mayoría no tienen ninguna en absoluto. En cuanto a su comportamiento, nuestro objetivo es hacer que el iCub sea completamente autónomo y también sea capaz de aprender a través de la exploración ensayo-error o a través de la demostración, con un maestro humano. Marcará la diferencia en el futuro.
— ¿Recuerda alguna anécdota relacionada con el robot-niño?
— Ver al iCub reaccionar a los estímulos externos y comprobar cómo habla, ve y se mueve es una sensación muy poderosa.