Diario de León

Tecnología. El batería robótico

Un instituto tecnológico de EE UU crea una extremidad biónica para un batería que perdió uno de sus brazos. U n joven músico de Atlanta a quien amputaron el antebrazo derecho debido a un accidente sigue tocando la batería gracias a una extremidad protésica, desarrollada por el Instituto Tecnológico de Georgia, que le permite seguir el ritmo y añade compases propios a los que interpreta el percusionista.

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DANIEL GALILEA | MADRID
León

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El ciberbatería no es un personaje de ciencia ficción sino una realidad, gracias al trabajo conjunto del músico Jason Barnes, que desarrolló una versión artesanal de una prótesis robótica para bateristas, y del Instituto de Tecnología de Georgia, Georgia Tech (www.gatech.edu/), que la perfeccionó y acopló en el brazo del músico, quien ya la está utilizando y disfrutando. Ambos, Barnes y Georgia Tech, son de Atlanta, la capital del estado de Georgia, (sur de Estados Unidos) y cuna de grandes personajes de la música como el magistral Ray Charles.

La prótesis que lleva Jason no sólo le he permite tocar los tambores durante un concierto, sino que además, durante sus interpretaciones, este dispositivo puede moverse de forma autónoma, añadiendo sus propios ritmos y golpear a muy alta velocidad, dotando así al músico de habilidades sobrehumanas.

Barnes había querido ser batería profesional desde que era un adolescente pero pensó que su sueño musical se había acabado cuando perdió, en 2012, la mitad inferior de su brazo derecho a consecuencia una descarga eléctrica que recibió limpiando una campana de ventilación. En lugar de darse por vencido, este joven se rehízo, primero psicológica y después físicamente, y construyó su propio dispositivo de percusión con algunas partes de un aparato ortopédico, amarrándolo a su brazo con algunas cuerdas, para poder seguir adelante con su interrumpida carrera musical.

Aunque con su prótesis casera Barnes no era capaz de tocar como antes del accidente, que condujo a la amputación de medio brazo, el joven se inscribió en el Instituto de Música y Medios de Atlanta, donde llamó la atención de su instructor Eric Sanders, quien lo presentó al investigador Gil Weinberg, de Georgia Tech.

Entre humano y robot

El equipo de Weinberg puso en marcha un proyecto para construir para Barnes un brazo robótico que le permitiera tocar la batería como cualquier otro percusionista, o incluso mejor, como se comprobó más adelante.

Gracias a su nuevo brazo robótico, llegó la segunda oportunidad de ser músico para Barnes, quien después de probar su dispositivo por primera vez recalcó: «Fue bastante impresionante. Si todo sale bien, usaré la nueva prótesis todo el tiempo».

El laboratorio de Weinberg ha construido anteriormente algunos robots musicales autónomos como el percusionista robótico ‘Haile’, capaz de entender lo que están tocando los músicos humanos e improvisar golpes de acompañamiento.

«El siguiente paso es comprobar qué ocurre cuando un músico es parte de un robot y el robot es parte de un ser humano», ha señalado este investigador en referencia a la prótesis de Barnes.

La prótesis debía ser capaz de recibir señales del cuerpo humano y, para lograrlo, el laboratorio aplicó una técnica llamada electromiografía (EMG) que recoge los impulsos eléctricos de los músculos de la parte superior del brazo. Mediante esta tecnología, al tensar sus bíceps, Barnes puede controlar un pequeño motor que modifica el nivel de presión o apretura con el que el brazo protésico aprieta los palillos del tambor, así como la velocidad con los que los mueve, dos factores decisivos para un percusionista.

Los investigadores agregaron un segundo palillo autónomo al brazo robotizado, el cual está controlado por su propio motor y utiliza un micrófono y un acelerómetro para percibir el ritmo con el que está tocando Barnes, del mismo modo que un músico de carne y hueso percibe las músicas cercanas.

Un algoritmo informático, es decir una serie de instrucciones matemáticas secuenciadas, cargado en un procesador, permite que el palillo produzca un golpe con un ritmo y una melodía complementarias, basadas en las interpretaciones de grandes músicos de jazz, como John Coltrane o Thelonious Monk.

Percusionista sobrehumano

Con esta inteligencia artificial extra, la persona y la máquina se combinan para convertir a Barnes en una especie de ‘batería sobrehumano’, señala Weinberg, quien agrega que harán falta todavía algunos ajustes para que la prótesis reciba mejor las señales generadas por el músico y que éste practique mucho para sacarle el mejor provecho a este dispositivo.

Según este experto, «Georgia Tech ha creado una prótesis robótica para tambores con motores que mueven dos varillas de madera: la primera es controlada físicamente por los movimientos del brazo del músico y unos sensores musculares electrónicos de EMG; la otra «escucha» la música que está tocando y en base a ella improvisa sus propios golpes de tambor».

«El robot se puede conectar a miembros amputados, lo que permite incrustar esta tecnología en los humanos», añade.

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