La última mutación de la caja tonta i
tic-tac. Michael Mcloughlin
Imaginen un smartphone de alta gama sin conexión alguna. Ni Twitter, ni Google Maps, ni Whatsapp... Se trataría de un aparato estéril, un teléfono que compilaría una buena pantalla, una cámara y un procesador potente. Poco más. Todo ello desprovisto del apellido ‘inteligente’, una manida fórmula con la que se ha bautizado a todas aquellas máquinas reinventadas gracias a internet. Este cambio, indiscutible en el caso de los móviles, aún es muy tierno en la caja ‘tonta’
En lo que a calidad de imagen se refiere, el sector sigue avanzando y su última gran conquista es el 4K, un estándar que multiplica por cuatro las bondades del Full HD. Sin embargo, a pesar de los múltiples avances, un gran número de usuarios —casi uno de cada dos, según un informe de final de 2014 firmado por IAB— no llega a conectar a la red sus ‘smartTV’, unas funcionalidades olvidadas en favor de resolución, sonido o el tamaño
El nuevo espectador demanda la multitarea. Poder zapear entre aplicaciones como se hacía entre canales sin perder nunca el contexto de lo que se están viendo.
El sector espera también que sea el curso en el que Netflix, el gigante del vídeo bajo demanda, llegue a España. Su creador, Reed Hastings, predice que en quince años la televisión desaparecerá tal y como se conoce. «Fue muy buena idea, de la misma manera que el caballo hasta que llegó el automóvil».
Para los autónomos y pequeños empresarios que facturan por horas de trabajo es muy importante conocer cuál es el tiempo exacto que dedican a realizar esa tarea. Si no, se corre el riesgo de cometer graves errores, como facturar al cliente horas de más o perder la cuenta del tiempo usado.