EL INNO DE LEÓN
Algunas Cosas del mundo Co


ROBERTO SANTOS / CEO de NARúA [@robrtsan]
Hemos tenido una semana de esas que se dice ‘movidita’. En lo últimos siete días hemos organizado un evento de generación de ideas, hemos asistido a un congreso de dos días en la comunidad valenciana y, además, alguien se interesó por mi coche en venta y lo vendí. Así que hoy soy un poco más peatón que ayer.
Si me pongo a pensar en alternativas al transporte privado en un medio urbano, nos quedamos con las clásicas, autobuses, taxis y alquiler de coches, y las innovadoras aplicaciones web para compartir vehículos que, de forma silenciosa, se están haciendo un hueco seguro en nuestras costumbres. Fue una empresa francesa quien puso tecnología a la necesidad del usuario de reducir el coste de sus desplazamientos y, así, podemos compartir las plazas libres de nuestro coche con personas ‘desconocidas’.
Por cierto, otro día hablamos de la empresa americana de transporte de personas, a la que se le ha prohibido desarrollar su actividad en España para evitar conflictos con el sector del taxi y que opera en Reino Unido sin problema alguno (según me comentó un taxista en un trayecto desde el aeropuerto Stansted a Cambridge).
La cultura del ‘Co’ hace algunos años que ha venido y mi percepción es que es para quedarse. ¿Qué es eso de la cultura del Co? Pues básicamente nace de Co-mpartir y Co-Laborar. Así encontramos proyectos Co-creados, productos Co-diseñados, espacios de Co-trabajo, préstamos Co-fundados y próximamente los inmuebles Co-Propiedad (por los que adquieres el porcentaje de la vivienda que puedas sufragar en concepto de hipoteca y el porcentaje restante lo pagas como alquiler).
Quizá si ponemos algunos datos se entienda un poco más la importancia que está adquiriendo la cultura de compartir. Las cifras que a continuación mostraré fueron tomadas en el reciente congreso de Coworking celebrado los días 25 y 26 de abril en Las Naves Valencia y en el que estuvimos aprendiendo y aportando.
En España se contabilizan 726 centros de Coworking a finales de 2014, que ubican a 10.150 personas en puestos fijos y que ‘todas’ cumplen criterios de estar dadas de alta en hacienda y seguridad social. A esto hay que añadir 5.130 personas más con puestos flexibles dentro de los centros de trabajo compartidos. Muchos de estos Co-trabajadores o Co-workers prestan servicios profesionales en proyectos de emprendimiento tecnológico, conocidos también como Start-Ups, y que, según las previsiones, darán empleo en Europa en 2018 a 5.000.000 de personas, más del triple de los empleados del sector del automóvil.
El fenómeno Co ha conseguido hacerse un hueco en nuestras ciudades a través de espacios compartidos como el Campo de la Cebada, que nace en 2011 como respuesta ciudadana ante el derribo del polideportivo de La Latina por parte del Ayuntamiento de Madrid, para que los vecinos puedan crear Huertos Urbanos y un lugar de siembra del conocimiento. No es casual que sus fundadores sean personas con un alto nivel intelectual y que posean una forma de pensamiento en el Pro-Común que formaba parte de nuestros pueblos y ciudades históricamente, y que casi llega a extinguirse ante el inexistente interés de los gestores municipales por escuchar la voz de sus habitantes. Como bien resume la frase que un conferenciante nos dejó y con la que han actuado en Barcelona: «A los dirigentes municipales no les pedimos permiso ni perdón».
Un momento especial del congreso llegó con una puesta en común sobre el Coworking en ciudades pequeñas y en el rural. Personas de poblaciones como la ciudad de Elda, en Alicante, con 53.000 personas, representada por el gestor técnico del espacio de coworking, que asistía con el ánimo de aprender como optimizar y dinamizar el centro de municipal, una psicóloga de un pueblo de Ibiza que junto con su pareja habían decidido emprender como gestores de un centro de coworking, o el concejal de juventud de Riba Roja del Ebro, pueblo de 2000 habitantes en la provincia de Tarragona, que ha decidido aprovechar un local municipal para habilitar puestos de trabajo con el fin de fijar población y que nos dejó sorprendidos al haber conseguido que seis personas utilicen de forma fija el espacio de coworking llamado Zona Líquida por su cercanía con el río Ebro.
Bravo señores, quizá no se necesite más que interés municipal, compartir mobiliario, disponer de una conexión a Internet y una fotocopiadora para uso común.
A veces me pregunto por qué no existe un espacio de coworking municipal en León o por qué en los semilleros existentes no se puede compartir el acceso a Internet o la fotocopiadora.
Otras agradezco que los pioneros en la apertura de espacios de coworking en la ciudad de León fueran dos iniciativas privadas, que han sabido entender que el autónomo del siglo XXI no necesita ‘Poseer para Ser’, pues es consciente de que el reparto equitativo de recursos se produce al compartir.
¿Qué tal si Co-cinamos, entre responsables públicos y privados, un futuro juntos basado en Co-mpartir lo que tenemos, sin crear aquello que no necesitamos o no podemos pagar?