EL INNO DE LEÓN
El hombre rana
Dicen que hay un momento, un lugar, una carretera donde todo comienza. ¿Ya has visto la tuya?


Roberto Santos / CEO de NARúA / [@robrtsan]
Vienen días de promesas, de ataques a la línea de flotación del enemigo, de reproches, de adecentamiento de calles, parques y fuentes, de «el futuro, perdón el presente, es la tecnología y la información». Eso nos dicen.
Vivimos momentos donde hablamos de valores como quien habla de la cotización del Ibex 35: «Póngame 300 de trabajo en equipo», «enseguida, ahora le pago con 200 de Confianza».
Corremos el riesgo a diario de enfrentarnos con la desidia y la ineficiencia propias ante un sistema corrupto del que no es fácil estar a salvo, donde el ‘Yo’ pesa más que el ‘Nosotros’ y donde el dinero está al servicio de quienes lo gobiernan y manejan.
Se habla, se pide, se negocia, se ensobra, se guarda, se tiene y se desea, se protege, se presta, se teme, se esconde, se acumula, se esfuma, se sueña, se roba, se fabrica o se niega, se habla, se arroja, se quema y nos quema. También tiene una propiedad reproductora alarmante, a veces increíble, como se demuestra en el hecho de que la deuda del estado se haya duplicado en cuatro años, justo ahora que habíamos aprendido a vivir por debajo de nuestras posibilidades.
«A la pyme llega poco». «A la pyme llega mal». Son frases recurrentes y manidas.
El Hombre Rana, en su condición animal, profundiza en el conocimiento de su entorno a la espera de encontrar rutas nuevas que le lleven a su objetivo vital, ser feliz mientras procura subsistencia y acomodo para él y su prole. Así, se embarca en proyectos llenos de ilusión, donde se pondrán a prueba algunas de sus cualidades humanas:
—Estudiar el entorno y sus habitantes
—Contar hasta diez antes de tirarse
—Sumergirse con la botella siempre medio llena
—Evitar el vaho en los cristales
—Nadar contra corriente
—Planificar rumbo
—Visualizar el objetivo
—Estudiar, comunicar y vender
—Llevar las cuentas al dedillo
—Contribuir y ser responsable
El Hombre Rana sabe respirar entre factores exógenos, donde se gobiernan las mentiras, al igual que respira entre factores endógenos, donde se maquillan las verdades.
El Hombre Rana es una recreación mental del innovador, que ha de estar atento a las tendencias globales para adaptarse con naturalidad. Esto sólo puede hacerse desde un entrenamiento diario a los cambios de medio, gestionando la mirada exterior desde el interior, exponiéndose a vivir las circunstancias y guardando algo de energía para poder ser responsable socialmente, aunque las ganas a veces se diluyan ante tanto desatino político.
La tarea difícil del Hombre Rana es lo que entendemos por el ¿cómo? y, sobre todo, por el ¿cómo hacerlo cuando no llegan los recursos?
El Hombre Rana conoce bien el camino entre los dos medios y por tanto es capaz de sacar lo mejor de sí mismo para llevar adelante su propósito. No hay dificultades donde existe la creatividad.
Eso sí, tengamos bien en cuenta que un Hombre Rana no entiende de azar, su trabajo es continuo, entregado, serio y eficiente.
Es el momento destacar por tu valor y tus valores. Es momento de ser excelente. Como bien dice mi amigo Gabriel: «La excelencia es un deber moral».
La excelencia está más cerca del Ser que del Tener. Mucho más cerca de la Participación y el Amor que de la Codicia y el Odio, como nos cuenta Erich Fromm.
Dicen que hay un momento, un lugar, una carretera donde todo comienza.
¿Ya has visto la tuya?
