n 1. de león a hablar quechua ítulo 2 líneas 3 líneas
Lucía Carolina Miguélez. Premio extraordinario, quiere enseñar español a los extranjeros Lor ilit amconsed exerci er sum quat augue minciduip ea feuisl et dolobor.

Extraordinaria. Y no sólo por el premio que le ha concedido la Universidad de León a la mejor de su promoción, también porque Lucía Carolina Miguélez Caballero, Lucía a secas para algunos y Carolina también a secas para otros, habla quechua. Y aymara también. Quería conocer y dar a conocer el grado de influencia que las lenguas indígenas mayoritarias de Perú y Bolivia tienen sobre el español de América. Fue su trabajo fin de grado y fin de máster. Estudió el recorrido del español en contacto con el quechua y el aymara desde la conquista hasta ahora mismo. Escuchó decenas de grabaciones reales de hablantes de toda la regional andina, determinó las estructuras lingüísticas que procedían de la interferencia de lenguas y estableció cuál era su origen. Descubrió algo más que el español andino es una de las variedades del español americano que más influencia ha recibido de las lenguas amerindias, también se encontró con que la región de los Andes no se puede explicar sin el «singular contexto sociolingüístico en el que se ha desarrollado esa variedad, que es lo que ha permitido que las lenguas quechua y aymara hayan interferido en el español que se habla de en esa zona». Cuestión que explica la supervivencia. A Lucía Carolina Miguélez siempre le interesaron los idiomas y la literatura. Estaba claro que por ahí iba su futuro académico. El español se le cruzó un poco más tarde, cuando comprendió que la carrera de Hispánicas le permitiría ahondar en su gran pasión: la lingüística. Así que está joven leonesa de 24 años, brillante y esforzada, estudio el grado en Lengua Española y su Literatura además de un máster en Lingüística y Enseñanza del español como lengua extranjera que le ha valido el premio extraordinario de la ULE y, además, saber qué es a lo que se quiere dedicar. Y, todo encadenado, eso le ha hecho plantearse la posibilidad de irse del país y asumir un doble reto, el de enseñar y el de hacerlo como profesor «en desventaja» cuando el idioma «predominante es el de los alumnos y además no es el español». Lamenta la escasa financiación para proyectos de investigación en general y de manera especial en las humanidades y, sobre todo, el «menosprecio» y la «marginación» en la enseñanza. «Tildan los estudios de Humanidades de poco útiles para la sociedad actual pero si el fin de la educación es transmitir a las nuevas generaciones los conocimientos necesarios para que se puedan desenvolver en el mundo de la mejor manera posible, ignorar el saber que nos proporcionan las Humanidades es privar a los estudiantes de una parte importante de las herramientas necesarias para afrontar su futuro», razona Lucía Carolina Miguélez. No recuerda la media exacta de su expediente académico pero dice divertida: «No me puedo quejar». Aunque, de momento, no le haya servido para encontrar trabajo. Ella aplica sin embargo una máxima: paciencia. Como en el caso del quechua y el aymara, cuestión de supervivencia.