Diario de León

Invertir la clase, una solución

En un mundo en permanente ebullición tecnológica, ni Lean Neeson sería capaz de mantener la atención del alumnado durante toda una mañana. Por eso, las TIC pueden salir al rescate de los docentes para ‘enganchar’ a los estudiantes, ¿o no?. El grupo de innovación de Economía Financiera ha obtenido interesantes conclusiones...

Los profesores Carmen Velasco, Laura Valdunciel, Isabel Feito y Marcos González (de la ULE), junto a José Luis Álvarez y Nicolás Sarmiento (Secundaria).

Los profesores Carmen Velasco, Laura Valdunciel, Isabel Feito y Marcos González (de la ULE), junto a José Luis Álvarez y Nicolás Sarmiento (Secundaria).

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A veces es necesario experimentar y poner el aula patas arriba. El grupo de innovación docente de la Universidad leonesa de Economía Financiera (Gidefin) ha decidido dar un giro al método tradicional de enseñanza e invertir las clases. Para ello han desterrado la fina lluvia de sabiduría que intentan verter los docentes sobre sus alumnos con las lecciones magistrales, y se han centrado en pedir a los propios estudiantes que sean ellos mismos quienes ‘beban’ la teoría por adelantado en sus casas. La flipped classroom es algo que ya se escuchó en el Harvard de los 90, pero ahora se encuentra en su momento álgido. Consiste en repartir de forma novedosa las responsabilidades del aprendizaje, que recaen más claramente en quien aprende. El estudiante es el agente más activo, no sólo en lo que toca a obligaciones, sino también a derechos. Él elige el ritmo, el momento y el modo en que realiza esa toma de conocimiento, lo que deja a los profesores con un papel de guías y asistentes que esconde un trabajo previo muy relevante, mayor dedicación y esfuerzo. Además, la gran revolución que ha introducido el grupo de innovación Gidefin es aplicar la experiencia de enseñanza-aprendizaje invertida a diferentes niveles educativos. En este caso, a más de 120 alumnos de Formación Profesional, Bachillerato, grado y máster universitario, gracias a la participación de profesores de la facultad de Económicas (Carmen González, Laura Valdunciel, Isabel Feito y Marcos González), del instituto de Educación Secundaria vallisoletano Emilio Ferrari (José Luis Álvarez) y del centro de Formación Profesional María Auxiliadora (Nicolás Sarmiento). Recurrieron a la flipped classroom, porque se amontonan los estudios que demuestran que la clase tradicional, donde el profesor explica la teoría para que los estudiantes la memoricen, no funciona. Lo cierto es que no es ninguna sorpresa. Ni Buster Keaton sería capaz de mantener a un grupo de personas pendientes de él durante meses. Si nuestro cerebro no es exigido, termina poniéndose en stand-by y todos los profesores conocen el rostro del alumnado cuando está en ese punto de ahorro de energía. La premisa es que se necesita un cambio para lograr más eficiencia en la enseñanza.

Sin embargo, los resultados del estudio de Gidefin han sido sorprendentes. «Mientras los estudiantes de Formación Profesional y Bachillerato obtuvieron mejores notas académicas con la clase invertida, los de grado y máster, no. Con ellos funcionó mejor la clase habitual con el profesor dando las explicaciones», indica la coordinadora Carmen González. Por ello interpretan que los alumnos más jóvenes poseen una mayor familiaridad con el uso de las nuevas tecnologías, hasta el punto de que les facilitan el aprendizaje. Los de mayor edad aún no, lo que requiere un mayor esfuerzo por parte de la Universidad para adaptarse a las TIC y al alumnado que en breve les llegará a las facultades.

La clase inversa funciona con una mayor implicación del profesorado, tanto en tiempo como en concentración. Es una metodología más exigente para todos los involucrados. Empezando porque el primer semestre del curso pasado los docentes tuvieron que formarse y elaborar materiales didácticos y manuales, darle vueltas al cómo llevarlo a cabo, cómo examinar y convertirse en prestidigitadores de las nuevas tecnologías. Primero explicaron a los alumnos que la metodología cambiaba y requería el uso de herramientas digitales. Después, los seis docentes elaboraron audiovisuales del bloque temático (videos, presentaciones y noticias) de cada asignatura en la plataforma Moodle. Editaron y grabaron los videos con la herramienta de captura y edición Camtasia Studio. Evaluaron mediante las aplicaciones on-line Socrative y Google Forms los resultados y las opiniones de los estudiantes. Y para motivarles, incluso les asignaron insignias digitales, con Credly.com. Cuatro de esas insignias incrementaban la nota del bloque temático un 10% .

«Lo que más nos costó fue ponernos de acuerdo entre nosotros en cómo dar la clase, porque todos lo hacíamos de forma muy diferente. Para mí es el mayor logro, haber aunado la forma de impartir la clase invertida en Secundaria y la Universidad», indica Nicolás Sarmiento. Esa conexión de las etapas educativas ayudó a bucear entre centros para conocer qué se está haciendo en materia educativa, con claro adelanto en innovación y nuevas tecnologías en las etapas más tempranas. «En el estudio no incluímos sólo Primaria, porque los alumnos no estudian Economía Financiera, que es nuestra materia, mientras en Secundaria ya sí», matiza Velasco. Por su parte, Laura Valdunciel recuerda que ella dio una semana a los estudiantes para ‘interiorizar’ en sus casas el funcionamiento de la Bolsa, que les facilitó en formato video. Podían reproducirlo cuantas veces quisieran. Para el examen necesitaban llevar sus móviles, con carga suficiente, para acceder a la plataforma Socrative y responder a un test de 10 preguntas. Comprobó que los resultados fueron peores con ese método que cuando ella explicó el tema en la clase. Igual desenlace obtuvieron sus compañeros de facultad. De ahí que, por extraño que parezca, los universitarios siguen acomodándose al ritmo de escuchar la lección en boca del profesor y, quizás, luego estudiarlo. A estos estudiantes les cuesta romper el esquema tradicional de aprendizaje y dedicarle tiempo a explorar a su antojo y fuera del aula los videos que se les facilita sobre los temas. En cambio, para los alumnos de Secundaria lo fácil es estudiar con nuevas tecnologías. «Es un trabajo de abajo a arriba que vendrá. Introducir cada vez más App y tecnología en la docencia», vaticina el profesor de FP, Nicolás Sarmiento. El otro profesor de Secundaria que participó en el estudio, José Luis Álvarez, admite que las TIC ayudan a motivar y a ganar la atención de los jóvenes, «pero, sobre todo, las tres primeras veces que lo hacen». El estudio del grupo Gidefin ya se ha presentado en el X Congreso Internacional de Evaluación Formativa y Compartida Buenas Prácticas Docentes, con gran acogida, sobre todo, por aglutinar la experiencia en varias etapas educativas.

El próximo curso que arranca tras el verano, el grupo de innovación docente proseguirá con sus nuevos métodos en las aulas, porque entienden que «nuestra función es trabajar antes de las clases para ser un guía. Lleva mucho esfuerzo a los profesores, pero es un esfuerzo rentabilizado en los años posteriores», señalan. También han apreciado que las clases magistrales deben ir reduciéndose en favor del trabajo cooperativo y de buscar que los alumnos sean activos. La clave está en traer la práctica al aula, sin olvidar que las tecnologías son las herramientas, no los objetivos que se persiguen. Y es que las tecnologías tienen a veces esa extraña capacidad de absorber todo el protagonismo…

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