Diario de León

investigación. una vacuna con sello leonés

el grupo bacrespi de veterinaria, junto a universidades de canadá y brasil, encuentra la solución a una grave enfermedad en cerdos. S in hierro, la bacteria que provoca la enfermedad de Glässer a los cerdos, sucumbe. Ese descubrimiento, que salvará a miles de gorrinos, lleva sello leonés y la patente de la vacuna es fruto de la coboración del grupo Bracespi de la ULE con las universidades Calgary y Passo Fundo de Canadá y Brasil

Los directores de Bracespi, Elías Rodríguez Ferri y César Bernardo Gutiérrez, y la investigadora Sonia Martínez Martínez.

Los directores de Bracespi, Elías Rodríguez Ferri y César Bernardo Gutiérrez, y la investigadora Sonia Martínez Martínez.

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pilar infiesta | redacción
León

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Los seres humanos solemos vivir nuestras vidas tranquilas, totalmente ajenos al mundo microscópico que nos rodea. Y, cómo se suele decir, la ignorancia es felicidad, porque francamente la mayor parte del mundo microscópico es aterradora, aunque puede combatirse. En esa batalla, el grupo de investigación Bacrespi, centrado en los patógenos respiratorios de etiología bacteriana, ha obtenido una gran victoria sobre la denominada Haemophilus Parasuis, una bacteria que campa a sus anchas por el interior del organismo de los cerdos causando estragos y ‘bajas’, sobre todo, si es de la serovariedad 5. Estos investigadores, dirigidos por los profesores Elías Fernando Rodríguez Ferri y César Bernardo Gutiérrez Martín, del Departamento de Sanidad Animal de la Universidad de León, ubicado en la Facultad de Veterinaria, han dado un paso de gigante para erradicar la enfermedad de Glässer que provoca ese microorganismo. En colaboración con las universidades de Calgary (Canadá) y Passo Fundo (Brasil) han acorralado a la temida bacteria que, junto con otros microorganismos también bacterianos y víricos, forma parte del conocido desde hace más de dos décadas como Complejo Respiratorio Porcino. Esta patología es una de las principales causas de mortalidad y retraso en el crecimiento de los gorrinos de todas las edades, pero especialmente de los de cebo. La producción porcina alcanza en León cada año los 121.000 animales, de 105 kilos cada uno de media en sacrificio. Por eso salvar a decenas de puercos de los efectos de Glässer es una gran revolución y una ayuda inestimable para los ganaderos, que ya no verán mermada su producción por esa invasora que se aloja, al principio, en la cavidad nasal del puerco.

La vacuna que ha originado la patente se basa en un mutante que tiene alterada la proteína de unión a transferrina TbpB de Haemophilus Parasuis. Lo que traducido significa que el microorganismo que causa la enfermedad se expande gracias a ‘beber’ el hierro del cerdo. Para detenerla, se inocula una proteína que no permite que capte el hierro. Esa molécula en el animal pone en marcha la respuesta inmunitaria creando unos anticuerpos muy eficaces que cuando llega la enfermedad neutralizan a la bacteria, ‘la tiran a tierra y la bloquean’. «Nuestro grupo de investigación, Bacrespi, lleva trabajando desde hace más de tres décadas en agentes patógenos respiratorios del cerdo y, al menos, dos décadas dedicado en especial al estudio de H. Parasuis desde diferentes puntos de vista, como la búsqueda de antígenos capaces de inducir en el animal una respuesta protectora eficaz, segura y resolutiva», explica César Bernardo Gutiérrez. Hace seis años, con dos de sus colaboradores (los doctores. Frandoloso y Martínez Martínez), que durante su doctorado (dirigido por Rodríguez Ferri y él), habían realizado estancias formativas en la Universidad de Calgary (Canadá), bajo la dirección del profesor Schryvers, se planteó la idea de generar mutantes capaces de producir proteínas de este tipo para inducir en el cerdo una respuesta inmune capaz de bloquear su función de captación de hierro. El investigador canadiense es un pionero en el estudio de proteínas de la membrana externa relacionadas con el abastecimiento de hierro (Tbp, transferrin binding protein, de las que existen dos tipos denominados TbpA y TbpB), a las que el grupo leonés había dedicado también atención desde hace años como neutralizantes que abortaran la infección y resolvieran la enfermedad.

El grito de Eureka llegó después de numerosos intentos, pruebas y errores sobre más de 150 cerdos privados de calostro. Los investigadores de Bacrespi utilizaban animales obtenidos asépticamente en el parto a partir de reproductoras certificadas y sanas. Los mantenían aislados, sustituyendo el calostro materno por un calostro pasteurizado de bovino, en condiciones de bioseguridad extremas. La vacuna experimental logró proteger de la infección con una dosis letal del agente a todos los animales vacunados (100% de supervivencia e incluso algunos animales tampoco mostraron síntomas o lesiones dignos de mención), además de que la protección se extendió no sólo a bacterias del mismo tipo de las utilizadas para la obtención de la proteína, sino también a otros tipos (serotipos) diferentes de la misma especie (protección cruzada o heteróloga). Martínez reconoce que cualquier investigación de esta naturaleza «no es flor de un día, sino el fruto de un trabajo constante de muchos años. Podemos situar el inicio de esta investigación en las dos estancias del año 2011 en Canadá». También explica que para que H. Parasuis pueda sobrevivir y multiplicarse en el sitio de infección en el ganado porcino y finalmente desarrollar la enfermedad de Glässer tiene que acceder a diferentes micronutrientes, que toma del cerdo infectado. Uno de ellos, el hierro, es un oligoelemento del que estas bacterias solo pueden abastecerse captándolo de complejos proteicos (transferrina) existentes en el torrente circulatorio, para lo que, o bien disponen de estas proteínas de unión a la transferrina (TbpA y TbpB), o de otras alternativas menos eficaces. La vacuna rompe esos puentes y deja sin recursos a la bacteria, que pierde su capacidad de hacer daño.

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