ª1. El Museo de las Alhajas es su joya
JULIO MANUEL CARVAJAL CAVERO. Premio Extraordinario de la ULE, es un investigador incansable y dirige un Museo en La Bañeza.

Dicen que no hay edad para aprender. Ni tampoco para dejar de tener ideas. Las dos premisas las cumple Julio Manuel Carvajal Cavero. Con 53 años, ha logrado el Premio Extraordinario Fin de Máster en Antropología Iberoamericana de la Universidad de León.
No para. De hablar, tampoco. Tiene una energía sólo comparable a las actividades que desarrolla. Ha estudiado Derecho, Antropología Iberoamericana, gestión de museos, gestión cultural, gestión turística de los recursos patrimoniales, conservación preventiva... y no sigue porque quiere centrarse en su gran pasión, que es a la vez su trabajo: el Museo de las Alhajas en la Vía de la Plata, en La Bañeza (http://www.museoalhajas.es), su joya.
Todo empezó con una colección familiar y ahora se ha convertido en un museo. Quizá nadie en la familia de Julio Manuel Carvajal Cavero se lo podría imaginar, porque todos eran médicos. Hasta que llegó él.
«El museo lleva todo mi tiempo, además procuro hacer surf, coger setas, pescar, y publicar cuantos libros de León puedo, en imprenta hay uno de la indumentaria y joyería de Salamanca, pero recién salidos hay dos artículos del jardín maragato y de la manta maragata. El del jardín se ha editado por la Asociación Cultural Ateneo Leonés, que mantiene la llama de la prestigiosa figura del sacerdote González de Lama. Unir mi nombre al de una persona que ha apoyado la cultura como lo hizo él es un honor superior a mis méritos», cuenta de un tirón.
Es el conservador del museo, pero hace un poco de todo. «Es muy amplio y faltan manos, así que todo lo que tenga relación con la museología me interesa», dice. Y añade: «Hay ideas encantadoras como maletines didácticos para hacer disfrutar a personas con mucha edad que pierden la memoria pero disfrutan del museo porque es lo que han vivido en su infancia y lo recuerdan perfectamente. Les encanta».
Invita a ir a verlo. «Merece la pena», asegura con pasión. La misma con la que habla de los artesanos. «Son tesoros vivientes que mantienen también un ecosistema social y cultural. Aunque bueno, hay quien piensa que la cultura es una pérdida de dinero y que la cultura popular pues mejor estaba muerta de hambre. Es verdad que suelen ser personas que lo dicen en privado, no en público...».
Ha investigado mucho. Sobre todo en los amuletos de la Vía de la Plata. «Se trata de intentar comprender una obra humana», apunta. De eso iba su trabajo fin de máster, premiado por la Universidad de León. Se lo agradece al director del máster, el profesor Óscar Fernández Álvarez.
Ahí, en la ULE, le gustaría profundizar en sus investigaciones. «Una buena idea será un museo pedagógico textil para la Universidad de León y darle el enfoque antropológico», propone.
No se para ni a pensar en las dificultades — «verás, no quiero ser demasiado radical, hay las zancadillas normales, tampoco hay que magnificarlo»— y asegura que no es ambicioso. «Si publican mi poemario seré feliz», dice jocoso. «Con eso y con mi tabla de surf. De momento, no necesitamos más».
Con eso y su museo. Un joya que apetece contemplar.