ª1. Vocación por los demás
SORAYA GONZÁLEZ RUBIO. Tiene dos premios extraordinarios. Trabaja como enfermera .

Tal vez lo aprendió en Barrio de la Puente, el pueblo donde vivía su abuela, una mujer que ejerció un poco de efermera. Del cuerpo y de las almas, porque lo mismo curaba una herida que daba comida y cobijo en su casa a quien lo necesitaba. Luego, a eso ella añadió espíritu — «me gusta ayudar a la gente, la convivencia diaria con la persona que sufre y poder ofrecerle una opción de mejoría es para mi una elección de vida»— y mucho esfuerzo: es Premio Jesús Sierra Muñiz al mejor expediente académico de grado en Enfermería y Premio Extraordinario fin de carrera de la Universidad de León.
A Soraya González Rubio le gusta estar junto al enfermo y la instrumentación quirúrgica. «Me aporta esa pizca de emoción, esa sorpresa de laborar en un área tan impredecible pero a la vez tan llena de protocolos y vivencias, esperando el ‘qué llegará’, desempeñándome en momentos críticos y resolviendo situaciones complejas en favor de la salud del que lo necesita», explica.
Lo hace cada día en Asturias, en el Área Sanitaria III de Avilés como enfermera de pediatría y haciendo guardias en centros de salud aunque, dice, «según los contratos y necesidades, voy cambiando».
Así que anda de aquí para allá.
«Hace una semana en quirófano. Hace un mes en Urología y de retén, que es trabajar cada día donde te envíe la Coordinación de Enfermería dentro del Hospital porque falta alguien o tienes que echar una mano en Consultas Externas, Reanimación, Hospital de Día Quirúrgico, llevando traslados de pacientes en ambulancia, en cualquier planta u especialidad del Hospital...», explica con orgullo. Porque es lo que ella quiere ser: enfermera.
Ha trabajado en una investigación sobre el impacto en el percentil del desayuno y la ingesta de medio litro de leche y lácteos al día en niños de 2 y 3 años y ha publicado el estudio ‘Somos lo que comemos’ en el Paranino Digital de la Fundación Index asi como dos libros, de los que es coautora: ‘Enfermería y trastornos de la conducta alimenticia’ y ‘El personal sanitario y no sanitario ante la asistencia sanitaria transfronteriza’.
Quiere trabajar en atención primaria en un pueblo y compaginarlo con el quirófano. Le gusta la colaboración con el paciente y la familia y hacer bien su trabajo, en el que a veces se ha visto sola, en una planta, por la noche, con 36 pacientes a su cargo. Por eso, reivindica el «¡no a los recortes y sí a la humanización de los cuidados!». Y tiene muy claro que su trabajo es de una gran responsabilidad. «Trabajamos con personas enfermas y es muy importante ser observadores y estar seguros de lo que hacemos, mas vale pecar de preguntar mucho que cometer un error que quizás luego no se pueda remediar, y más vale ser humildes y crecer como profesionales aprendiendo tanto de los pacientes como de los demás profesionales. Traten a las personas por su nombre y no por un número de habitación. Y ser cercana al paciente e inspirarle confianza».
«Es una profesión preciosa y muy agradecida: con sacar una simple sonrisa a alguien ya te sientes satisfecho del trabajo».