Telecomunicaciones. León hace hueco al 5G
La provincia compagina internet de alta velocidad con una amplia zona en sombra que afecta a 26.294 leoneses. E stá puesta ya la primera piedra para el despliegue de las nuevas redes 5G mientras 26.294 leoneses no pueden usar una banda de internet que esté por encima de los 10 mg. Viven en sombra digital.

Llega la súper banda ancha móvil, el futuro-presente de la conexión a internet a través del 5G y los vecinos de 72 municipios de la provincia, 26.294 personas, siguen obligados en León a utilizar menos de 10 megas. Son las dos realidades de un mundo conectado. Una brecha digital que habla de una velocidad supersónica para acceder a datos y conexiones y que convierte el mundo en una pequeña aldea y otra realidad de una vida en sombra digital. Porque si acceso a internet de calidad hay menos futuro en los pueblos y un aislamiento tecnológico que no sólo repercute en la economía e impide la apertura de negocios e industrias sino que lastra el desarrollo de sus habitantes y, a la larga, provocará una nueva despoblación, esta vez de las nuevas generaciones que intentan asentarse en zonas no urbanas o ya lo han hecho.
El primer paso se va a dar en marzo. Será cuando se subaste el espacio en las bandas de 1,5 gigahercios, que están desocupadas, y de 3,5 gigahercios que permitirán desarrollar el 5G en el país. Las bandas de 700 Mhz y 26 Ghz tendrán que esperar hasta el año que viene o quizá a principios de 2020.
A la provincia le queda un largo camino para alcanzar esa meta. Antes, tendría que acceder al 4G. Los últimos informes muestran que hay 7.272 leoneses usan internet por encima de los 10 megas, 6.136 los veinte, 18.951 treinta, 16.797 por encima de los cuarenta y 14.990 tienen más de 50 megas. Frente a ellos, 244.458 habitantes, fundamentalmente de León y Ponferrada, superan os 60 megabites, otros 47.908 los ochenta y 66.383 tiene acceso a bandas por encima de los 90 megas, todos ellos de Astorga, La Bañeza y Valencia de Don Juan.
No sólo León, también la Comunidad es la que se encuentra más abajo en la cobertura 3,5G y la que menos cobertura tiene 4G para los teléfonos móviles.
La UE obliga a todos sus estados a concretar sus planes de despliegue este primer semestre, aunque la liberación total de las frecuencias necesarias podría demorarse dos años, hasta el 30 de junio de 2020. La banda de los 700 MHz permite coberturas geográficas muy grandes, de modo que es ideal para extender las redes 5G de forma masiva. Las frecuencias en torno a 26 GHz, por su parte, son capaces de llegar a velocidades muy altas (hasta 10 gigas por segundo) pero su cobertura está limitada por debajo de los 100 metros.
Por eso, según informa J. A. Bravo para Colpisa, en el departamento del ministro Nadal no ven prioritario su desalojo —aunque ven «complicado» llevarlo más allá de los plazos de la UE— e incluso estiman que el desarrollo comercial del 5G podría empezar en España sin ellas. Las operadoras también prefieren esperar a 2019 e incluso 2020, pero siempre que para entonces estén liberadas del todo.
La clave, según coinciden las tres grandes operadoras —Telefónica, Vodafone y Orange—, es que estén disponibles para su uso «inmediatamente» después de entregar las licencias.
«No tiene sentido económico» subastarlas si antes no se ha asegurado que están libres», sostiene Antonio Coimbra, consejero delegado de Vodafone España.
En juego hay mucho dinero. En España, según los analistas de Barclays, se estima una inversión por las operadoras de 1.535 millones de euros solo en las dos principales subastas (285 millones en la franja de 3,4 a 3,6 GHz, y otros 1.250 millones para los 700 MHz). En Alemania se esperan captar 2.000 millones y en Italia cerca de 2.500.
Además, las televisiones tendrán que volver a mudarse. Los instaladores de antenas atisban ya el negocio, e incluso probablemente mayor que en el primer dividendo desarrollado entre 2012 y 2015, aunque no solo para ellos. El motivo, apuntan los expertos, es que esta vez puede que no baste con actualizar los receptores de la señal, sino también los televisores que la emiten en cada hogar.
En 2014, la primera resintonización costó 200 millones a las arcas públicas pero el segundo dividendo digital tiene aún una factura incierta.