Diario de León

nanotecnología

Una cervecera con mucha ciencia

Mahou San Miguel trae a León unos innovadores parasoles para hostelería que reducen la contaminación del aire.

La tela de las sombrillas está impregnada de agua y dióxido de titanio, capaz de ‘cazar’ a las moléculas contaminantes.

La tela de las sombrillas está impregnada de agua y dióxido de titanio, capaz de ‘cazar’ a las moléculas contaminantes.

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pilar infiesta | león
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Como si fueran plantas, pero sin clorofila. Así son las sombrillas que ha desarrollado la cervecera Mahou San Miguel, unos parasoles que purifican el aire y que funcionan como auténticos agentes medioambientales. De hecho, son capaces de dar el alto a la contaminación tumbando a las sustancias nocivas de la atmósfera con un buen policía: el dióxido de titanio.

Todo comenzó con una idea, ayudar a la sociedad. Investigando el cómo, la empresa dio la mano a la nanotecnología, la técnica que manipula los átomos y moléculas con fines industriales o médicos. Decidió pulverizar los paragüas que ofrece a los hosteleros para sus terrazas con agua y ese compuesto de titanio, que se agarra a la tela como un micro film al ser vertido con una carga eléctrica que sirve de pegamento.

¿Puede un parasol realizar la fotosíntesis? La respuesta es sí. Al menos, las sombrillas que está repartiendo Mahou San Miguel a los hosteleros leoneses ya son capaces de limpiar el aire, gracias a un tejido que recibe los rayos solares y ‘caza’ las moléculas contaminantes con dióxido de titanio

En España ya se han instalado mil unidades en más de 200 locales hosteleros de Madrid, Granada, Málaga, Lleida, Bilbao, Pamplona y Burgos. Ahora llegan a León. Según explican, cada sombrilla genera la misma reducción de sustancias contaminantes que dos árboles y el parqué al completo conlleva un beneficio similar al de un bosque con más de 2.000.

La iniciativa responde al compromiso de la cervecera con la mejora de la calidad de vida de las personas, establecido en su Marco Estratégico en Sostenibilidad Somos 2020. Piensan que, en la actualidad, la contaminación atmosférica representa uno de los grandes retos de las ciudades, debido a su impacto negativo tanto sobre el medio ambiente como para la salud de las personas. «Con la intención de contribuir a hacer frente a esta problemática, Mahou San Miguel, compañía 100% española y líder del sector cervecero en nuestro país, ha desarrollado unos parasoles capaces de purificar el aire y reducir los niveles de sustancias nocivas como el metano o los óxidos de nitrógeno», explican.

La empresa es pionera en innovar en este ámbito y extiende, de esta forma, su compromiso con la sostenibilidad a sus clientes hosteleros. «Crear alianzas con nuestros clientes en pro del beneficio social es para nosotros un pilar fundamental y a ello dedicamos nuestros esfuerzos en materia de innovación», asegura Peio Arbeloa, director general de la unidad de negocio España de Mahou San Miguel.

La cervecera ya ha ofrecido una veintena de parasoles en León. DL.

«Con iniciativas como ésta, queremos estar cada día más cerca de nuestra meta de convertirnos en un referente activo en sostenibilidad para el sector del gran consumo», añade. Para garantizar su acción anticontaminante, Mahou San Miguel, en colaboración con su proveedor Ezpeleta, recurrió a la nanotecnología aplicada al tejido del parasol, a través de un tratamiento certificado por el instituto independiente International Photocatalyst Standards Testing Centre. Su activación requiere únicamente de la luz solar y es eficaz incluso en días nublados.

Gracias al tratamiento recibido, cada uno de estos parasoles es capaz de eliminar las emisiones nocivas de un coche diésel que recorre anualmente 20.000 kilómetros. Dicho de otro modo, el equivalente a generar la misma reducción de sustancias contaminantes que dos árboles.

Tras esta primera fase, en 2019 Mahou San Miguel extenderá el proyecto a nuevas ciudades con la entrega de otras 20.000 unidades, lo que equivale al 40% del total de sombrillas que la cervecera renueva cada año. La compañía impulsa una cadena de valor responsable, acompañando incluso a los clientes en la integración de esta materia en sus negocios, y de emprender iniciativas que favorezcan el bienestar de las personas.

La nanotecnología es la artífice de poder efectuar una pulverización electrostática sobre el tejido del parasol, antes de su confección final. Se rocía con un compuesto alimentado en un 98% con agua y en un 2% con dióxido de titanio (TiO2). Los elementos básicos son compuestos muy abundantes en la naturaleza. El secreto está, por una parte, en la avanzada tecnología mediante la cual el dióxido de titanio está encapsulado en el compuesto para quedar adherido al tejido como una ‘película’ y, por otra, en el ajuste de parámetros necesario para la pulverización electrostática.

El socio tecnológico (suministrador del compuesto) es la empresa Pureti. Su disruptiva tecnología ha sido la ganadora entre otros muchos premios internacionales del iSCAPE, al proyecto más ambicioso de la Unión Europea para descontaminar ciudades de Europa.

La idea se enmarca en el proyecto de Sostenibilidad Somos 2020. DL

El tejido de los parasoles de Mahou San Miguel necesita para poder descontaminar cuatro elementos básicos. Primero, que la tela esté impregnada con el dióxido de titanio, que es el principio activo para descontaminar, y es completamente inofensiva para el ser humano.

Segundo, luz solar. La reacción mediante la cual el dióxido de titanio captura las moléculas contaminantes que existen en el aire es una reacción fotocatalítica, por eso se activa con los rayos UVA de la luz solar. De ahí la semejanza con la fotosíntesis de las plantas. Además, igual que ocurre con los árboles, no se necesita un sol muy intenso para que comience la captura de sustancias nocivas y se limpie el aire. «Los parasoles son, por tanto, el soporte ideal, pues su orientación cuando están abiertos es muy adecuada para captar la luz. Cuanta más superficie tratada se exponga al sol, mayor es el efecto descontaminante», indica la cervecera.

De ahí la gran contribución que supone que Mahou San Miguel haya decidido optar por esta tecnología dentro de su Marco de Sostenibilidad Somos 2020, teniendo en cuenta el elevado número de parasoles que cada año instala en el mercado. El tercer requisito es la humedad contenida habitualmente en el aire, ya que constituye una de las materias primas para la reacción fotocatalítica. Y el cuarto, el flujo de aire, de forma que las moléculas contaminantes suspendidas en él puedan entrar en contacto con el tejido para que se produzca la reacción.

La presencia de los rayos UVA y la humedad ambiental favorecen que el dióxido de titanio presente en la superficie del tejido actúe como catalizador, oxidando las moléculas contaminantes y convirtiéndolas en sales completamente inertes e inocuas para el medio ambiente. Todo ello, además, sin más consumo de energía que la aportada gratuitamente por el Sol.

En el ‘ring’ del parasol, caen en el combate, sobre todo, moléculas tan contaminantes como los óxidos de nitrógeno (NOx) y los óxidos de azufre (SOx), que componen los principales agentes dañinos para la salud que viajan suspendidos en el aire. El proceso es también eficaz, mediante la misma reacción, para neutralizar mohos, bacterias y otros gérmenes.

La ciencia se puede utilizar en dos direcciones. En las primeras décadas del siglo XX el esfuerzo por comprender la energía descomunal que mantiene unidos los núcleos atómicos, se transformó en un par de bombas que zanjaron de golpe la última guerra mundial. Pero el conocimiento también se puede convertir en poder bueno, con proyectos como el de Mahou, para ‘aspirar’ la contaminación con sus parasoles y dar mayor calidad de vida a las personas.

El tejido de los parasoles necesita luz para activar su particular fotosíntesis y limpiar el aire de algunas de sus sustancias nocivas. DL

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