Diario de León

DIGITAL

Las ideas también van al laboratorio

el fablab es un imán del talento, donde se puede crear todo lo que la imaginación sueñe, gracias a las nuevas tecnologías. C on la tecnología digital como ‘mantel’, en el FabLab leonés se cocinan prendas que pueden curar el cuerpo, robots que simplifican la enseñanza y hasta sillas que funcionan como el yoga para la espalda. Es una ventana al futuro, un imán de ideas, donde cada invento se comparte para que otros puedan llegar a usarlo y aprender

Publicado por
pilar infiesta | san andrés
León

Creado:

Actualizado:

Contemplar de cerca la pasión humana, la curiosidad, el brillo de las mentes, cómo las nuevas tecnologías pueden modelar ‘el barro’ para crear los recipientes del futuro, que ahora son drones, cohetes, prótesis, robots. Un simple gesto, aplaudir, puede desplegar los pétalos de un diente de león, hacerlos volar sobre la tela de un vestido. Parece magia, pero es tecnología aplicada a las prendas y desarrollada en el FabLab leonés, donde casi cualquier idea que uno sueñe, puede fabricarse dentro de un espacio diáfano, grande (400 metros cuadrados) y luminoso. Investigar textiles y bioimprimibles que pueden curar el cuerpo es una de las apuestas de este espacio, donde imaginan emplear tinta biológica en la impresora 3D para fabricar tejidos.

El peculiar laboratorio asentado en la avenida de San Ignacio de Loyola de San Andrés del Rabanedo, sirve para conectar personas y proyectos y para dar forma a las ideas aportando recursos y nuevas tecnologías. Aunque funciona desde hace siete años y en sus instalaciones han ‘nacido’ artilugios curiosos, ha dado un paso más para poner la ciencia a los pies de la evolución humana con cursos sobre bacterias que sirven para crear pieles sintéticas.

La responsable del espacio leonés, Nuria Robles, considera que la «investigación en materiales va a ser revolucionaria en los próximos años». En un futuro podremos imprimir desde nuestro hogar piezas de repuesto para el coche, una nueva manilla para el frigórifico que se estropeó o una silla más para la mesa ante la llegada de un nuevo comensal. Suena peliculero, pero en el FabLab creen que incluso se llegará a escaner el cuerpo para que, cuando falle algún órgano, los médicos puedan imprimirlo usando nuestro propio molde.

Este laboratorio de tecnología computerizada ha asesorado a los fundadores de los laboratorios tecnológicos del CEU y Makespace de Madrid, Deusto, de la Universidad Europea, el Xtrene Fablab, el de Asturias, el Nerve Centre y el Ballyshannon de Irlanda, el Gearbox Fab Lab de Kenia y el de Khaipur en Pakistán, entre otros. Otro de los gestores de este espacio, Pablo Núñez, indica que ya se ofrece a los niños la posibilidad de hacer camisetas con vinilos textiles. También enseña a manejar las impresoras 3D; a construir un microscopio usando como visor el smartphone; a utilizar las placas de arduino para programar componentes electrónicos fácilmente; a usar el ploter de corte y la cortadora láser y a grabar en vidrio. Además, fabrican lámparas Led con madera y metacrilato y marcapáginas en 3D. En sus instalaciones destaca una gran pista Nerdy Derby, donde los escolares prueban los vehículos que han elaborado ellos mismos. El FabLab (del acrónimo inglés Fabrication Laboratory o Fabulous Laboratory) es un taller de fabricación digital de uso personal. Un espacio de producción de objetos físicos a escala personal o local que agrupa máquinas controladas por ordenadores. Su particularidad reside en su gran tamaño y en su fuerte vinculación con la sociedad a la que abre sus puertas, señala.

Aunque puede ser también un espacio para desarrollar prototipos o construir productos funcionales, el principal objetivo de un FabLab es constituir un espacio para experimentar en la intersección de bits y átomos, información y materia. No fue accidental que el concepto se desarrollara hace 17 años ya en el MIT. La magia de este curioso espacio ha hecho posible que un artesano de León conociera a un arquitecto de Madrid y juntos ya estén imprimiendo cerámica a gran tamaño. También, entre sus múltiples usuarios, destaca uno que construye un robot humanoide a tamaño real, otro que programa videos para adaptar las imágenes a una pared o elemento (como se hace en el espectáculo que redibuja San Isidoro con luces); o una diseñadora de moda que ha creado un vestido que reacciona a las emociones del público (por ejemplo, se ilumina cuando se aplaude). El FabLab leonés se inauguró en 2011. Fue el segundo de los 45 que funcionan en España. En el mundo funcionan un millar. En Castilla y León es el único. Están conectados en red y pueden hablar unos con otros con un sistema de videoconferencia. Comparten el mismo conjunto de herramientas y procesos para permitir que cualquier proyecto se pueda replicar en cualquier nodo de la red. En ese sentido, el espacio leonés dispone de una fresadora de gran formato (2,5x1,2 metros) para hacer muebles y estructuras de piraguas, tablas de surf... También una cortadora láser para realizar cortes de precisión; una impresora 3D, un ploter de corte con cobre flexible para confeccionar ropa inteligente; una fresadora pequeña de precisión para ejecutar circuitos electrónicos y una bordadora digital.

Además de herramientas y máquinas, las personas esperan también tener acceso a conocimiento específico, experiencia y capacidades, lo que obliga al FabLab a estar a la última en investigación. «Podemos hacer casi cualquier cosa. Es lo que nos da potencia. A las instalaciones se acercan emprendedores que saben hacer algo y los que ven ideas de negocio. Para presentarlas necesitan un prototipo que pueden crear con nuestras máquinas», remarca Robles.

Los FabLabs no son una franquicia. No hay cuotas que pagar al MIT. Cuando el Instituto de Massachusetts puso a funcionar el primer «laboratorio fabuloso», el objetivo no era establecer una red global, sí democratizar el acceso y la formación en las tecnologías de fabricación digital que se estaban desarrollando en el Centro para Bits y Átomos. «El ingenio, el esfuerzo, la generosidad al compartir el conocimiento y colaborar con los demás y la curiosidad por aprender son nuestros valores, muy relacionados con la cultura Maker», señalan.

tracking