DATOS DESDE MESOPOTAMIA
LA COMUNICACIÓN. Los datos han acompañado al ser humano desde que se idearon los primeros sistemas de contabilidad de alimentos en la antigua Mesopotamia

Recreación de Inteligencia Artificial. efe
Los sistemas de comunicación inalámbrica y las tecnologías digitales han transformado de tal forma nuestra sociedad que hoy ya nos parece casi imposible vivir sin wifi o sin smartphone. Esta digitalización acelerada de nuestro mundo ha traído muchos avances, pero también ha ido acompañada por un aumento del consumo energético y el impacto ambiental. ¿Y si dar a las redes usos distintos a los meramente comunicativos pudiese contribuir a la sostenibilidad real del mundo digital?
El proyecto Evolución del que da cuenta y usos alternativos de la conectividad como respuesta a la digitalización sostenible de la sociedad (RF-VOLUTION), financiado por el Plan estatal de I+D del Ministerio de Ciencia e Innovación y liderado por el catedrático Xavier Vilajosana, investigador del Internet Interdisciplinary Institute (IN3) de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), trata precisamente de responder a las consecuencias ambientales de la digitalización y la obsolescencia tecnológica a través de soluciones que permitan sacar el máximo partido de las redes inalámbricas.
Los datos han acompañado al ser humano desde que se idearon los primeros sistemas de contabilidad de alimentos en la antigua Mesopotamia (e incluso antes, con mucha probabilidad). Durante siglos fueron un aspecto más de las sociedades, un valor de alcance limitado a algunos sectores. Pero entonces llegó la digitalización y los transformó en su verdadera razón de ser. Nuestras sociedades conectadas generan hoy inmensos volúmenes de datos: Cisco estima que, durante 2023, internet moverá 805 zettabytes (una unidad equivalente a un billón de gigabytes).
El interés por sacar partido de esa cantidad ingente de datos, que no dejará de aumentar en los próximos años, ha disparado la necesidad de tener más capacidad de computación y de comunicación. Esto, al mismo tiempo, requiere cada vez más energía y recursos, hasta el punto de afectar de forma negativa a los equilibrios climáticos y ambientales del planeta. Se estima que en 2030 las redes y las infraestructuras de datos utilizarán un 14 % de toda la energía eléctrica consumida en el mundo, lo que, a su vez, tendrá mayor o menor impacto climático dependiendo de cómo se genere dicha energía.
Los sistemas de comunicación inalámbrica y las tecnologías digitales han transformado de tal forma nuestra sociedad que hoy ya nos parece casi imposible vivir sin wifi o sin smartphone. Esta digitalización acelerada de nuestro mundo ha traído muchos avances, pero también ha ido acompañada por un aumento del consumo energético y el impacto ambiental. ¿Y si dar a las redes usos distintos a los meramente comunicativos pudiese contribuir a la sostenibilidad real del mundo digital?
El proyecto Evolución y usos alternativos de la conectividad como respuesta a la digitalización sostenible de la sociedad (RF-VOLUTION), financiado por el Plan estatal de I+D del Ministerio de Ciencia e Innovación y liderado por el catedrático Xavier Vilajosana, investigador del Internet Interdisciplinary Institute (IN3) de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), trata precisamente de responder a las consecuencias ambientales de la digitalización y la obsolescencia tecnológica a través de soluciones que permitan sacar el máximo partido de las redes inalámbricas.
Los datos han acompañado al ser humano desde que se idearon los primeros sistemas de contabilidad de alimentos en la antigua Mesopotamia (e incluso antes, con mucha probabilidad). Durante siglos fueron un aspecto más de las sociedades.